El imperialismo yanqui devela en cada acción que realiza, su verdadera esencia: atrás quedan las palabras huecas de democracia y libertad, para dar paso a la acción violenta para imponer sus designios. La invasión militar a Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, forman parte de la piratería colonial que se creía desterrada desde el siglo pasado. En el plano comercial, el imperialismo deja de lado su cháchara sobre la mano invisible del mercado para convertirse en el más enconado proteccionista para impedir el ascenso de China. En lo político, se guarda en el bolsillo trasero todo acuerdo internacional que proclama la no intervención en asuntos internos de otros Estados para afirmar que gobernará Venezuela por su cuenta, hasta que estén dadas las condiciones para una transición a un gobierno que no sólo le sea fiel, sino útil. En lo militar, no tiene escrúpulo alguno de invadir un país soberano, dando una bofetada a la ONU y burlándose de todo principio de convivencia pacífica. Pero la respuesta del mundo multipolar que despierta tampoco deja dudas sobre el desenlace de estos actos piratas: las grandes potencias nucleares han advertido que no tolerarán otra intervención de ese tipo y los países del acuerdo BRICS han consensuado políticas para no depender más de la hegemonía yanqui en declive. Lo que aparentó ser una victoria militar sobre un pueblo digno y rebelde es, en realidad, el principio del fin de la hegemonía norteamericana; todos sus actos son típicos pataleos del ahogado y su margen de maniobra se reduce cada día que pasa.
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A ochenta años de la gloria, ¡volveremos a vencer!
El 9 de mayo de 2025 conmemoramos el 80 aniversario de la victoria histórica de la Unión Soviética sobre el nazismo, la expresión más aberrante y perversa del capitalismo. En 1945, el glorioso Ejército Rojo, con un sacrificio sin parangón, doblegó a la maquinaria de muerte de Hitler, forzando su rendición incondicional y poniendo fin a la Segunda Guerra Mundial. Este triunfo no fue solo una victoria militar, sino la salvación de la humanidad frente al abismo del fascismo, que con sus campos de exterminio, millones de víctimas y ciudades arrasadas, representó la cúspide del horror.
La Unión Soviética, con la sangre de más de 20 millones de sus hijos e hijas, encarnó la resistencia heroica que cambió el curso de la historia. Sus soldados, trabajadores y campesinos, en un acto supremo de amor patrio, detuvieron y aniquilaron al monstruo nazi, mientras los aliados occidentales, encabezados por Estados Unidos, aguardaban oportunistas para reclamar un triunfo que no les pertenecía. La democracia que pregonaban no era más que una máscara para perpetuar el imperialismo, que pronto se repartiría el mundo, relegando a nuestra América Latina a la condición de «patio trasero» para saquear sus recursos y sojuzgar a sus pueblos.
Tras la guerra, la humanidad soñó con una era de paz, convivencia armónica y respeto a la autodeterminación. Sin embargo, el imperialismo, lejos de ceder, intensificó su dominio. En los años 60, Cuba, faro de rebeldía, enfrentó un bloqueo inhumano y la imposición de dictaduras serviles a Washington. Hoy, la Revolución Bolivariana en Venezuela, el FSLN en Nicaragua y las victorias populares en las urnas son baluartes contra las nuevas formas de fascismo, colonialismo e imperialismo que amenazan nuestra Abya Yala. En un mundo donde la hegemonía yanqui se tambalea, el imperio redobla su agresión, desatando guerras híbridas y manipulando elecciones para aplastar toda resistencia.
Bolivia, codiciada por sus riquezas naturales, no escapa a esta ofensiva. La guerra híbrida ha fragmentado al campo popular, buscando reinstaurar un pasado de exclusión y neoliberalismo. Frente a esto, nuestros pueblos deben unirse con mayor fuerza, derrotando a la derecha reaccionaria en las calles y las urnas, defendiendo nuestros recursos, la Madre Tierra y las conquistas de años de lucha. Nuestra resistencia debe entrelazarse con la de los pueblos y gobiernos antiimperialistas, anticoloniales, antipatriarcales y antifascistas del mundo, fortaleciendo la solidaridad contra la agresión yanqui y promoviendo proyectos de integración soberana.
El legado de la Unión Soviética nos enseña que la victoria es posible cuando los pueblos se alzan con determinación. En este 80 aniversario, renovamos nuestro compromiso con la lucha por un mundo libre de opresión, donde la justicia y la solidaridad prevalezcan.
¡Arriba los pueblos del mundo!
¡Abajo el imperialismo yanqui!
¡Viva la solidaridad de la Patria Grande!
INTERNACIONAL ANTIFASCISTA CAPITULO BOLIVIA
Bolivia, 9 de mayo de 2025
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Declaración Antifascista de Caracas por un Mundo Nuevo
Hoy 1100 delegados de 76 países, celebramos en Caracas el Encuentro Mundial del Equipo Promotor de la Internacional Antifascista, con el propósito de sentar las bases sólidas que permita crear una poderosa estructura orgánica mundial que derrote y de extinción definitiva al Fascismo, Neofascismo, Sionismo y expresiones similares.
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