Etiqueta: Colonialismo

  • La Servidumbre y el Placer

    La Servidumbre y el Placer

    Ignacio Ramonet, en su texto: “Las masas manipuladas” (Propagandas silenciosas, Editora Política, La Habana, 2002) realiza una cita de Aldous Huxley que señala: «un estado totalitario, verdaderamente eficiente sería aquel donde el todopoderoso comité ejecutivo de los jefes políticos y sus ejércitos de directores gozarían de plena autoridad sobre una población de esclavos a la que no habría que forzar, pues disfrutarían su servidumbre.

    Inculcarles ese sentimiento sería la tarea asignada en los estados totalitarios de hoy, a los ministerios de propaganda, a los jefes de redacción y a los maestros de escuelas». De esta cita que, según Ramonet es de los años 40; nos interesa destacar la frase “disfrutarían su servidumbre”, porque justamente es lo que se ha logrado en Bolivia en los más de 400 años de colonización. Existe un sector de la población boliviana que “disfruta su servidumbre”, en este caso servidumbre al modelo de explotación capitalista, que supone una servidumbre a la moda, al consumismo y a su concepción de mundo.

    El sistema colonial se edificó sobre una sociedad jerarquizada, los indios y negros en la base, los criollos en el medio y en la cúspide los europeos, la necesidad de una sumisión completa obligó a incorporar las funciones de mayordomo, capataz, o reconocer autoridades originarias para mediar en el sistema de sumisión, poco a poco estos intermediarios asumieron el rol de “autoridad” como espejo del patrón europeo, primero, y después del criollo republicano.

    La descendencia del estamento criollo, poseedor de la mentalidad colonial expresada en el sistema de haciendas, los obrajes y las minas, se mantuvo como una constante en la sociedad boliviana definiendo la sociedad estamentaria, que pese a las reformas de 1952 no han desaparecido en Bolivia. El proyecto de una “burguesía nacional” consolidó una sociedad con claras diferencias entre los enclaves urbanos de habla castellana y el resto de la población generalizada con el adjetivo de campesino, pretendiendo superar el adjetivo “indio” de contenido peyorativo.

    Los esfuerzos por superar la discriminación, por parte de los migrantes rurales hacia las ciudades, tuvo como resultado un proceso de asimilación de las pautas de comportamiento de las “personas de bien” por parte de los migrantes rurales y los “nuevos” ciudadanos a partir de las reformas de 1952. Este proceso de asimilación, al ser una copia de los sectores dominantes también significó una modificación de las conductas y comportamiento respecto a la aceptación del proceso modernizador implementada por el MNR en sus largos años de gobierno de su primera época.

    La economía capitalista con atisbos de modernidad, se aceleró con la “marcha hacia el oriente” lugar donde la migración europea encontró un nicho de realización hasta constituir la elite dirigente económica/política y claramente diferenciada del resto del país, esta elite dirigente logro influir ya en el siglo XXI a otros centros urbanos que en conjunto se denominó “la media luna” con una clara propuesta separatista. Y es desde aquí donde podemos aplicar la afirmación de Huxley respecto al disfrute de la servidumbre por parte de la sociedad de estas regiones y el conjunto del país, en el que el caso más emblemático de esta situación es la ciudad de Santa Cruz donde la gran mayoría de sus habitantes, que no pueden ser considerados parte de la elite agroindustrial, salen en la defensa de estas elites cuando peligran sus privilegios o se asumen medidas para frenar las ambiciones de una expansión de un “modelo” depredador del medio ambiente y cuyo crecimiento siempre estuvo ligado a los favores del Estado.

    El disfrute de la servidumbre se manifiesta en los grupos de choque defensores de las elites, en las agresiones racistas y en la repetición de usos de la elite como son los concursos de las “mises” y sus “frater”, en los dirigentes que se prestan para apoyar a los representantes del poder, en las “selfis” junto a “personalidades”, etc.

    El denominado “progreso” cuya imagen es la sociedad norteamericana, ha calado como discurso en gran parte de la población boliviana anulando cualquier posibilidad de análisis de la condición y posición de la población que no puede asumir una postura crítica y que se encuentra subsumido al “todopoderoso comité ejecutivo de los jefes políticos y sus ejércitos de directores” que tienen plena autoridad sobre una población a la que durante más de medio siglo se ha condicionado para lograr que pueda disfrutar de esta relación de servidumbre.

  • Gramsci para bolivianos

    Gramsci para bolivianos

    ¿Cómo entender la actual situación política de Bolivia? La elaboración teórica de Gramsci acerca de la hegemonía nos puede dar muchas luces para entender el proceso que vamos viviendo. Una pregunta inicial es: ¿Cómo se puede soportar un gobierno con todas las características abiertamente corruptas? Y una primera aproximación a este tema tiene que ver con la hegemonía, un proceso construido en la vida cotidiana, por eso mismo con apariencia de “natural”.

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  • ¿que pasa en Bolivia?

    ¿que pasa en Bolivia?

    Esta es una pregunta muy reiterada por muchos colegas del exterior, y la verdad es muy difícil explicar las raíces históricas de lo que hoy ocurre en Bolivia.

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  • De estatuas, bustos y otros símbolos

    De estatuas, bustos y otros símbolos

    La conmemoración del 9 de abril, aniversario de la Revolución de 1952, no solo trajo consigo actos recordatorios, sino también la restitución del busto del expresidente Víctor Paz Estenssoro, retirado del antiguo Palacio Legislativo en 2010. Un diputado allegado al MNR soltó una frase cuando menos forzada: «La historia no se borra y los legados no se olvidan. Hoy restituimos la placa y el busto de un líder que marcó al país».

    Los sacrificios o quijotadas por la patria tienen una larga historia en Bolivia. Están los héroes de verdad y los impostores, esos que en cada golpe proclamaban su “sacrificio” por la patria, tan parecido a lo que repite cónsonamente el actual presidente Rodrigo Paz. También existen héroes y heroínas anónimos del pueblo, aquellos que trabajan silenciosamente para superar el hambre, la pobreza, la explotación, los vejámenes y el sometimiento.

    Conviene aclarar que los bustos son referentes simbólicos, pero su significado depende en gran medida del contexto histórico y político. Por un lado, cumplen una función clásica: homenajear a figuras históricas que tuvieron un impacto profundo en el país. Para muchos, es innegable que el líder social más importante de Bolivia en el siglo XX fue Víctor Paz Estenssoro, cuyas ideas marcaron cerca de medio siglo de gobierno.

    Sin embargo, en Bolivia estos referentes no son neutrales. Algunas figuras generan orgullo y reconocimiento; otras pueden ser controversiales, según la ideología o la experiencia de la población. En el caso de Evo Morales, por ejemplo, su imagen fue vista como un símbolo de inclusión indígena, de lucha anticolonial y antimperialista.

    No obstante, no faltaron aquellos resabios del neoliberalismo colonial que se expresaron en los que pidieron sacar el busto de Evo Morales, sin justificativos claros, más bien como una manifestación de expresiones racistas, coloniales, repitiendo viejos esquemas maniqueos por falta de argumentos sólidos.

    La presencia de presidentes en monumentos (bustos, estatuas, avenidas, etc.) no es casual: responde a factores históricos, políticos y simbólicos. No todos los presidentes reciben ese tipo de homenaje; suele decirse que se erigen bustos a quienes murieron, a quienes ya no están, que demostraron características muy específicas en su trayectoria, ahí los tenemos a Simón Bolívar, líderes que simbolizan las luchas por la independencia de una nación o presidentes asociados a grandes reformas como Benito Juárez en México, el Mariscal Andrés de Santa Cruz y Calahumana.

    Sin embargo, también existen quienes apostaron por convicciones verdaderas. Tal es el caso de Fidel Castro, quien antes de fallecer dio la orden expresa, mediante decreto, de que ningún monumento, estatua, busto o incluso piedra llevara su nombre después de su partida.

    Llegar a este punto nos invita a una reflexión necesaria sobre el culto a la personalidad, aquello que nos advertía David Choquehuanca, excanciller y exvicepresidente, quien señaló que el culto a la personalidad no es más que la exaltación excesiva de un líder por encima del colectivo.

    En su visión -inspirada en los principios del Vivir Bien-, el problema del culto a la personalidad debilita la participación colectiva, genera dependencia hacia un líder y puede derivar en autoritarismo o decisiones poco democráticas.

    El culto a la personalidad puede instalar una de las peores tiranías jamás conocidas, si no se vence el divisionismo y se sortean las rutas por donde transitan las fuerzas tiránicas y destructivas, o no se transciende el miedo por incapacidad de autogobernarse o por creer en las personalidades superiores.

    En la política boliviana actual, esta reflexión señala un problema muy concreto: la tendencia a que los proyectos políticos dependan de líderes fuertes, en lugar de construirse sobre estructuras colectivas. La propuesta de Choquehuanca es cambiar esa lógica hacia un modelo más comunitario, aunque en la práctica esto choca con una realidad política que todavía gira fuertemente en torno a figuras individuales.

    Pero la reflexión lleva también a reiniciar procesos de descolonización, para revisar en individuos su propia vida colonizada y su acontecimiento descolonizador. Es pues un desafió de práctica de vida, no de teorías etéreas a la que nos acostumbró la academia colonial. Descolonizar es romper los viejos moldes que deformaron la conciencia de apoyar a nuestros líderes, nuestras raíces, de nuestros símbolos y códigos.

    Luis Camilo Romero, comunicador boliviano para América Latina y el Caribe

  • Buenos días su majestad

    Buenos días su majestad

    Cuando Marx en las primeras líneas de El 18 Brumario de Luis Bonaparte, completa la ironía de la historia que Hegel no terminó de formular: todos los grandes hechos y personajes históricos acontecen, por así decirlo, dos veces. La primera vez como tragedia; la segunda, como una miserable farsa, si bien se refería al Golpe de Luis Bonaparte después de la frustrada segunda república, hoy nos ayuda a entender la realidad grotesca que vivimos y que nos deja perplejos. Lo que Bolivia vivió este jueves 12 de marzo no es otra cosa que la puesta en escena cabal de esa farsa. Además de rendir pleitesía al símbolo heredero del saqueo, genocidio y despojo durante siglos, el gobierno de Rodrigo Paz obligó a quienes algún momento fueron símbolos de liberación frente al colonialismo, a interpretar el rol de lacayos.

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  • Los hijos de Pizarro y Almagro en el palacio

    Los hijos de Pizarro y Almagro en el palacio

    Dos hechos recientes simbolizan el rumbo de una Bolivia que parece girar hacia el retorno del viejo Estado colonial, con sus amos y señores. El primero fue la presencia de Rodrigo Paz en la cumbre de los «escogidos» por Donald Trump en Estados Unidos, recogiendo los mandatos para cumplir al pie de la letra el documento «Escudo de las Américas». El segundo acontecimiento ocurrió cuando Felipe VI fue recibido con honores militares por los Colorados de Bolivia en el Palacio Quemado, con toda la familia de Paz Pereira brindando pleitesía a su majestad de la corona española.

    En pleno siglo XXI, no solo tenemos a los herederos de los saqueadores de la colonia, como los Almagro y los Pizarro; hoy tenemos también a los Paz Pereira, los Aramayo y los Lupo con su chip colonial intacto. Su actuar constituye otro insulto de esas autoridades a la historia, a la cultura y a la lucha anticolonial.

    Estamos asistiendo al retorno de los señores feudales que manejan el Estado y sus instituciones a su mejor arbitrio, olvidando que la actual Constitución nos impele a continuar con la lucha anticolonial. Esto es más grave aún cuando los nuevos amos y señores se imponen con la misma lógica de los «conquistadores». A estos nuevos escenarios nos lleva el gobierno de Paz Pereira, justo cuando creíamos que vivíamos en otra época. Hoy volvemos a ver rostros que besan la mano (y de ser posible los pies) de un monarca, cuyo padre pretendió hacer callar las voces rebeldes del Abya Yala, como sucedió con Hugo Chávez.

    Hoy volvemos a ver, una vez más, cuerpos genuflexos, arrodillados en señal de sumisión al pensamiento colonial-racista, repitiendo la historia de los «abogados doble cara» que nos señala el pasado. Si durante años hemos sufrido la imposición colonial de la lengua, hoy que las lenguas nativas se abren paso, los viejos inquisidores vuelven a decirle al mundo que no quieren hablar la «maldita» lengua del Abya Yala.

    Lo diseñado en la cumbre de Miami con los elegidos de Donald Trump es el inicio de otro Plan Cóndor. Aquella fue una operación de coordinación criminal y apoyo mutuo entre las dictaduras del Cono Sur, bajo supervisión de la CIA en los años setenta, para asesinar, espiar, vigilar, secuestrar, torturar e intercambiar ilegalmente a personas. Hoy América Latina sufre un nuevo «Plan Cóndor» para reimplantar el neoliberalismo con otro ropaje.

    Aquel Plan Cóndor fue una de las diversas operaciones que sembraron dictaduras militares para aplicar la teoría de la Seguridad Nacional de Estados Unidos, atrapando a los pueblos bajo gobiernos terroristas de Estado, presuntamente para combatir el peligro del comunismo. Participaron en aquella operación, con mayor o menor grado de involucramiento, los regímenes dictatoriales del Cono Sur que Washington había impuesto o aprobado en Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela, Ecuador, con Estados Unidos como jefe de la banda.

    El famoso acuerdo firmado en Florida se centra, fundamentalmente, en una articulación de esos países con el pretexto de luchar contra los cárteles y erradicarlos en Latinoamérica. Lo que se pretende es armar una coordinación continental férrea para desarticular al crimen organizado. Sin embargo, lo que llama poderosamente la atención es que quienes ya realizan ese trabajo contra el narcotráfico —principalmente países como México, Colombia y Perú— no fueron invitados a la mentada cumbre de Donald Trump. Tampoco estuvo Brasil, que más allá de esa agenda, también tiene compromisos con la seguridad y la garantía ciudadana.

    En consecuencia, se trata de un acuerdo orientado a articular redes, no solo para la lucha contra el narcotráfico, sino para retomar lo que se venía haciendo a fines del siglo anterior: ir a la caza de organizaciones, sus dirigencias y líderes. En este escenario, Estados Unidos transita hacia una doctrina distinta. No se trata de una formulación cerrada, sino de un conjunto de decisiones que apuntan en la misma dirección. Los acontecimientos recientes en Medio Oriente lo confirman. La acción militar coordinada entre Estados Unidos e Israel contra Irán responde a la nueva lógica de intervenir cuando se perciben amenazas directas al equilibrio estratégico y para preservar la credibilidad de la disuasión.

    Este cambio tiene implicaciones directas para Bolivia. El país deja de ser periférico. El narcotráfico, la debilidad institucional y la disputa por recursos estratégicos lo sitúan en una posición distinta. En la nueva lógica estadounidense, los países serán evaluados por tres variables: control territorial, estabilidad institucional y alineamiento estratégico.

    Sorprende escuchar a politólogos, sociólogos y periodistas obviar estas coordenadas, que están presentes en todas las manifestaciones del retorno al viejo Estado colonial y al neoliberalismo. Se inmutan ante la pobreza de su propio intelecto, otra demostración de colonialismo muy acorde con el pensamiento único de ese tiempo. Los vaivenes de la corrupción, el no saber nada de las maletas, el misterio de la gasolina «basura», el verticalismo en las imposiciones de los «operadores de palacio», son expresiones de la pervivencia de los genes de Pizarro y Almagro.

    El Estado colonial al que nos lleva este gobierno todavía se mueve en esas coordenadas, precedidas por esos habitus que no han logrado superar. La Asamblea Constituyente fue el espacio que innegablemente representó una ruptura en nuestra historia contemporánea, y en ella vimos retratadas las posturas de quienes defendían esas conductas coloniales y de quienes luchaban por su identidad y dignidad frente a imposiciones racistas.

    Luis Camilo Romero, es comunicador boliviano

  • Colonizados y amenazados

    Colonizados y amenazados

    Nelsón Condori se llama y lució el “Poncho Rojo” cuando asumió el cargo de Secretario General de la CSUTCB, en el año 2019. Fue el principal apoyo de Camacho en su aventura golpista, en el occidente del país, hoy es un activo militante de uno de los grupos de aymaras que apoyan a Tuto Quiroga.

    Los Ponchos Rojos fueron, hace mucho tiempo, los más aguerridos defensores de la identidad aymara, de la wiphala, tenían un sentido de la dignidad que conmovía, hoy divididos, como todo en el país, han buscado su vigencia personal junto a los distintos caudillos políticos, posición legítima en la política tradicional boliviana. Pero ¿Dónde quedó el orgullo aymara de la autodeterminación y la superación del pongueaje político?

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  • La colonialidad se manifiesta

    La colonialidad se manifiesta

    ¡Jueza corrupta! Ha sido el grito de guerra de todos los enemigos de los indios, que hoy tienen su icono en Evo Morales, todos los enemigos incluido un magistrado, que por su mismo cargo debería llamarse a prudente silencio. Pero el odio puede más que la razón, muchos escritos se han dedicado a describir y analizar este tema; uno de los más grandes sin duda Franzt Fanon, que describe esa relación de odio irracional que encierra el racismo y cuyo origen se encuentra en los dispositivos de su reproducción como es el sistema educativo.

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