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  • Sin unidad popular, el Estado Plurinacional quedará en manos de sus sepultureros

    Sin unidad popular, el Estado Plurinacional quedará en manos de sus sepultureros

    El conversatorio «¿Fin de ciclo?», organizado por Nuestra Palabra para debatir la unidad del bloque popular y de los pueblos indígena originario campesinos, no fue un ejercicio de nostalgia ni una reunión para lamentar las derrotas recientes. Fue el espacio para una constatación urgente: el Estado Plurinacional está amenazado, pero su ciclo histórico no ha terminado. Lo que se agotó fue una forma de conducir el proceso; lo que sigue pendiente es la transformación profunda del Estado colonial.

    Las intervenciones de Adolfo Mendoza Leigue, Cintya Vargas, Antonio Abal, Horacio Villegas, Andrés Huanca Rodrigues y Jonás Rojas Guzmán coincidieron en un punto esencial: la derecha ha recuperado el gobierno para devolver el país a las élites económicas, el agronegocio, las transnacionales y los intereses de Estados Unidos. Mientras el pueblo soporta la escasez de combustibles, la falta de divisas y el deterioro de sus condiciones de vida, los nuevos dueños del poder preparan la entrega del litio, los hidrocarburos, la minería, las tierras raras y los territorios.

    El proyecto liberal se presenta como salvación, pero funciona como un caballo de Troya. Necesita convencer al país de que la Constitución y el Estado Plurinacional son responsables de la crisis. Así opera la doctrina del shock: profundizar el miedo y la incertidumbre para que la población acepte la entrega de los recursos naturales, la concentración de tierras y la pérdida de derechos.

    Sin embargo, la defensa del Estado Plurinacional no puede reducirse a proteger lo construido ni a idealizar los gobiernos anteriores. Las intervenciones también colocaron sobre la mesa las contradicciones del proceso: la economía comunitaria quedó relegada; la justicia indígena no recibió los recursos necesarios; algunos sectores empresariales capturaron organizaciones sociales; la minería aurífera avanzó sin control, y la izquierda perdió capacidad para interpelar la vida cotidiana de trabajadores, jóvenes y pequeños productores.

    La Constitución de 2009 continúa siendo el mandato del sujeto constituyente y la principal trinchera frente a la restauración oligárquica. Pero defenderla exige volver a discutir el programa: tierra y territorio, agua, litio, gas, minería, medioambiente, mercados de carbono, financiamiento climático y redistribución de la riqueza.

    La unidad tampoco puede construirse sustituyendo la voz de nadie. Debe nacer en las comunidades, sindicatos, organizaciones de mujeres, pueblos indígenas, barrios y espacios juveniles. Requiere escuchar la experiencia de las generaciones anteriores y las aspiraciones de quienes hoy buscan un horizonte propio.

    No basta con declararse anticapitalista y antiimperialista. Hace falta convertir esas definiciones en propuestas concretas y en una nueva conducción colectiva. La derecha ya está unida para saquear. El bloque popular debe unirse para recuperar el gobierno, reconstruir el Estado Plurinacional y devolverle al pueblo la capacidad de decidir su destino.