Etiqueta: Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM)

  • Recuperar el tiempo perdido

    Recuperar el tiempo perdido

    Un año perdido resulta en la historia de Bolivia verdaderamente catastrófico. El golpe de Estado de noviembre del 2019 no sólo significó la violación de la democracia; la instauración de un gobierno de facto permitió a los golpistas hacer y deshacer diversas iniciativas del Estado Plurinacional, en su ánimo de retorno a la vieja república neoliberal.

    Una de las afrentas que ha enfurecido al pueblo boliviano ha sido precisamente el tratamiento de la pandemia. Negociados con la salud pública equivalen, en la práctica, a negociar con la vida de inocentes ciudadanos, cuyos impuestos se fueron a los bolsillos de los ministros de turno designados por Jeaninne Añez para cometer fechorías de diversa laya. Los resultados se vieron en poco tiempo: personal médico sin los mínimos equipamientos para atender a pacientes contagiados por el Covid; contratos millonarios con hoteles de lujo que nunca nadie supo cuál era el objetivo, si es que lo hubo; falta de personal médico en muchos hospitales y centros de salud, mientras paradójica y aviesamente se descalificaba a los cientos de médicos formados en la Escuela Latinoamericana de Medicina en Cuba y Venezuela; y un largo etcétera que no vale la pena rememorar.

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  • Matasanos, médicos y héroes

    Matasanos, médicos y héroes

    Hipócrates fue un famoso medico griego que nació casi quinientos años antes de Cristo. Observador acucioso del organismo humano, es el más célebre de los médicos del mundo; no sólo por sus conocimientos en una época de escaso desarrollo de la ciencia médica, sino por su amor al prójimo procurando evitarle sufrimientos y por su respeto a la vida humana. Inspirado en ese ejemplo, en 1948 se redactó el juramento apodado “hipocrático” en una convención realizada en Ginebra, Suiza; una suerte de compromiso que es prestado por los profesionales que se gradúan en esa rama. Es cuando solemnemente repiten el texto siguiente: “En el momento de ser admitido entre los miembros de la profesión médica, me comprometo solemnemente a consagrar mi vida al servicio de la humanidad. … Tendré absoluto respeto por la vida humana”.

    En las postrimerías del gobierno de Evo Morales, el pueblo boliviano fue víctima de una de las más criminales y largas huelgas que se recuerdan en la historia moderna: a título de mejores condiciones de trabajo y otras demandas, los médicos negaron el servicio a miles de pacientes, olvidando el juramento realizado. Una millonaria campaña adornaba las vitrinas de negocios elegantes, autos último modelo y centros privados de salud, con la consigna “Yo apoyo a mi médico”. El pretexto encubría su férrea oposición a que el país contara con un Sistema Único de Salud (SUS) que pretendía aminorar las abismales diferencias en la calidad de los servicios de salud, hasta ahora basados en una estructura de seguros gremiales absurdo. Tan pronto fue derrocado Evo, desaparecieron como por ensalmo todas las preocupaciones y reclamos de los galenos, que retornaron mansos y tranquilos a sus fuentes de trabajo. Ya habían cumplido su parte en el complot made in USA para sacar del poder al irreverente indio que afirmaba que la salud es un derecho humano y no una mercancía.

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