Etiqueta: Grupos de poder

  • Microfísica del poder

    Microfísica del poder

    La Constitución Política del Estado (CPE) señala: “Artículo 26. Todas las ciudadanas y los ciudadanos tienen derecho a participar libremente en la formación, ejercicio y control del poder político, directamente o por medio de sus representantes, y de manera individual o colectiva. La participación será equitativa y en igualdad de condiciones entre hombres y mujeres. El derecho a la participación comprende: 1. La organización con fines de participación política, conforme a la Constitución y a la ley.” Hasta aquí una expresión clara del “espíritu democrático de la ley”, pero cuando se señala que será de “conformidad a la ley” entra en juego el rol de los que elaboran la “ley” por supuesto de acuerdo a sus intereses. Esa es la “trampa democrática”, de la democracia representativa.

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  • El opio del pueblo

    El opio del pueblo

    Muchos nos formamos ideológicamente bajo el código del “ateísmo”, los marxistas “somos materialistas y ateos” y se recurría a las palabras de Marx escritas en 1844, en la Crítica a la introducción a la filosofía del derecho de Hegel, convertidas en una frase célebre: “la religión es el opio de pueblo”. Partíamos por la autoafirmación del ateísmo como revolucionaria y su utilización instrumentalizada por las sociedades conservadoras para descalificar hasta hoy a los comunistas como enemigos de Dios.

    Hegel escribió que “la religión y el fundamento del Estado son una y la misma cosa; son idénticas en y para sí”. La concepción hegeliana ubica a la religión como parte constitutiva del Estado, es decir del poder. En la obra mencionada, Marx expresa: “la religión hace al hombre… este Estado, esta Sociedad produce la religión… la religión es la interpretación general de este mundo, su resumen enciclopédico, su lógica en forma popular, su completa satisfacción espiritualista, su exaltación, su sanción moral, su solemne complemento, su consuelo y justificación universal”. Nótese que Hegel y Marx hablan de religión no solo como espiritualidad, sino también como institucionalidad; el primero considera que es parte del Estado y el segundo critica a la esencia hegeliana del Estado, y dice: “La guerra contra la religión es, entonces, directamente, la lucha contra aquel mundo, cuyo aroma moral es la religión”, “la miseria religiosa es, al mismo tiempo, la expresión de la miseria real y la protesta contra ella. La religión es el sollozo de la criatura oprimida, es el significado real del mundo sin corazón, así como es el espíritu de una época privada de espíritu. Es el opio del pueblo”.

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