La Chave nos ha dejado después de un periodo de decaimiento físico que supo administrarlo con la dignidad que siempre tuvo. Y su dignidad es lo primero que quiero resaltar de la Chave. Porque la dignidad no es un cartel que se coloca como un anuncio, son actos permanentes que hacen a una conducta humana. Y en el caso de la Chave, su dignidad era congénita, la llevaba en su sangre y seguramente en cada una de sus células. En un tiempo en que hasta la dignidad se ha mercantilizado, es justo destacar ese valor en la Chave: sin duda su primera enseñanza.
Hice memoria desde cuando la conocía. En la segunda mitad de los años 70. En la dictadura de Banzer. Tiempos en que la Iglesia vivía los sacudones del Concilio Vaticano II y la histórica reunión y manifiesto de Medellín, que dieron paso a las comunidades eclesiales de base y la iglesia de los pobres y en esa línea consolidaron la corriente de la teología de la liberación: La del Cristo histórico, la del Jesucristo libertador. Leonardo Boff, Gutierrez, Helder Cámara cobraban histórica altura
(más…)

