El inocultable escándalo de corrupción que ha derivado en la renuncia del ministro de Medio Ambiente y Aguas ha puesto, una vez más, en evidencia el modus operandi del porcentaje que se cobra a las empresas por la adjudicación de obras públicas, para beneficio personal. El arrepentimiento, fingido o no, de una estrecha colaboradora de la ex autoridad y las confesiones públicas que hace, han resultado vitales para transformar las sospechas e indicios en pruebas contundentes. Se repite la historia de la denuncia de los ítems fantasma de la alcaldía cruceña, protagonizado también por una dama despechada, en un ilícito que aún se guarda nuevas revelaciones y sentencias.
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