¡Estás muy equivocado en tu crítica a la izquierda! Me dijo una muy querida compañera, en una reunión donde casualmente nos encontramos luego de mucho tiempo. En mi descargo puedo decir que sostengo cada una de mis opiniones respecto a la izquierda boliviana, una izquierda anclada en su exclusivo posicionamiento de la lucha de clases ignorando las recomendaciones del propio C. Marx, que señalaba que cada proceso revolucionario debe comprender su propio contexto histórico social, recomendación contenida en la carta a Vera Zasúlich, y sus reflexiones acerca del caso Irlandés y la India.
El contexto de la citada reunión fue un análisis de la situación política del país y en particular del movimiento campesino y el MAS; y aquí es donde se inscribe la autocrítica, ya que soy militante de la izquierda boliviana desde hace más de medio siglo y cercano al movimiento campesino desde hace unos 45 años. He sido testigo del surgimiento del katarismo, del indianismo y he tenido mis controversias con militantes de ambas tendencias, controversias y no oposición, porque si algo tiene de aporte político tanto el indianismo como el katarismo es la visibilización del colonialismo como definitorio de la estructura social en Bolivia.
El Instrumento Político es producto de estos aportes teóricos (Indianismo y Katarismo) frente a una hegemonía del marxismo como propuesta revolucionaria; ignorar estos aportes es confirmar que la colonialidad está presente en el pensamiento de la izquierda boliviana. Aceptando parte de la autocrítica, la compañera me dijo: “no puedes generalizar” y está claro que, desde mi punto de vista, no existe en el país una izquierda que haya tomado en cuenta que el desarrollo económico social de lo que hoy es Bolivia difiere de los estudios clásico de Marx, respecto al desarrollo del capitalismo en su descripción de las etapas del desarrollo de la historia “universal”.
La tal “historia universal” es la historia de los vencedores coloniales y eurocéntricos, que ha logrado anular nuestra propia historia y aquí surge el Instrumento Político como una diferente propuesta de “hacer política” enraizada en la identidad cultural, este es el origen de lo que fue el Instrumento Político. Esta particularidad fue la base para teorizar acerca del Suma Q’amaña, (con múltiples interpretaciones) y que (mal) traducida al castellano fue el “Vivir Bien”, primera definición política del contenido del proceso de cambio. Esta propuesta teórica/práctica (vigente en comunidades y ayllus) fue paulatinamente “arrinconada” en la gestión de gobierno, pese a que logró imponer su definitivo sello en la Asamblea Constituyente, sólo por citar un ejemplo: “economía comunitaria, democracia comunitaria y justicia comunitaria” son los ejes fundamentales del Suma Q’amaña, pero relativizados en su aplicación.
Es importante citar a personajes como Diego Ramírez (como rostro visible de un grande conjunto de revolucionarios), dirigente de la CSUTCB que supo combinar su militancia marxista con la identidad cultural (sin ignorar a las compañeras que militaban en las “Bartolinas”), por supuesto no fue un actor solitario sino que formaba parte del Movimiento de Bases Campesinas (MCB) que opuso dura batalla ideológica al Katarismo en el seno de la CSUTCB, mucho antes de la emergencia de los “Ayllus Rojos” expresión sindical del EGTK de Felipe Quispe, y que en colectivo como MCB fueron los impulsores de la creación del Instrumento Político.
Las nuevas generaciones incorporadas a la militancia política conocen poco de la lenta acumulación de fuerza política para concretar el Instrumento Político en el panorama polarizado de izquierda y derecha en el país; se trataba de una diferente manera de entender el país y la política; entonces la descolonización se convirtió en propuesta política revolucionaria, que lamentablemente se diluyó en la práctica gubernamental de los 14 años.
La crítica y autocrítica son los instrumentos mejores de una praxis revolucionaria, para no caer en el dogmatismo que mantiene un statu quo muy conveniente a la derecha colonial en Bolivia. Los “Indios Rebeldes” tienen siglos de lucha y han sabido mantener su rebeldía ancestral; contrariamente la izquierda boliviana, con una muy corta historia de lucha, ha cometido muchos errores, comenzando en julio del 1946, pasando por diciembre del 1966 en un campamento del oriente del país. Son hechos históricos no fábulas “anticomunistas”, una verdadera izquierda radical como indica un movimiento joven de Cochabamba, sólo es posible con un “marxismo radical” es decir comprender la teoría revolucionaria desde la concreta realidad que nos rodea.
Antonio Abal O.

