Etiqueta: Unidad de la izquierda

  • ¿Qué nos queda por transformar?

    ¿Qué nos queda por transformar?

    Hay una palabra que prácticamente ha desaparecido del lenguaje político: emancipación. No es casual. Cuando una izquierda deja de preguntarse de qué debemos emanciparnos, termina reduciendo la política a administrar el Estado, repartir cuotas de poder, defender conquistas parciales y sobrevivir a la siguiente elección. Y cuando la derecha llega diciendo que todo eso debe ser demolido, consigue presentarse como la única fuerza capaz de producir un cambio. Ahí está una de las grandes tragedias de nuestro tiempo: la izquierda dejó de imaginar la transformación y la derecha comenzó a apropiarse del lenguaje del cambio.

    Pero este no es solamente un problema electoral. Es un problema histórico. Bolivia atraviesa hoy una disputa alrededor del ajuste, los combustibles, el endeudamiento, la soberanía y el papel del Estado. El gobierno de Rodrigo Paz eliminó el subsidio al diésel argumentando que debía enfrentar la escasez y corregir las distorsiones del sistema. Pero la discusión no puede agotarse en saber si una medida fiscal es técnicamente conveniente. La pregunta política es otra: ¿qué sociedad queremos construir y quién decide el rumbo de esa transformación?

    Y la tendencia generalizada es resignarse. Esperar que alguien nos diga qué hacer, aceptar que no hay alternativa, asumir que las cosas son demasiado complejas para que podamos transformarlas. La resignación también es una forma de dominación.

    Miremos alrededor. Argentina ha convertido el ajuste, la reducción del Estado y la apertura al capital en el eje de una transformación que Javier Milei presenta como ruptura con décadas anteriores. No se trata solamente de discutir si sus políticas son correctas o equivocadas. Se trata de entender por qué un discurso que promete romper con lo existente consigue canalizar una parte importante del malestar social.

    Brasil ofrece una paradoja que la izquierda latinoamericana haría mal en mirar solamente como una batalla electoral. Lula no llega a esta segunda vuelta después de un fracaso económico absoluto; llega después de haber mejorado indicadores sociales importantes y, sin embargo, sin haber conseguido convertir esas mejoras en una expectativa mayoritaria de transformación.

    Ahí aparece la contradicción que debería preocuparnos. La izquierda puede gobernar, mejorar determinados indicadores y aun así no resolver la pregunta fundamental que se hace una sociedad: “¿mi vida está cambiando realmente y hacia dónde?” Cuando esa pregunta queda sin respuesta, la derecha ocupa el vacío. No necesita demostrar que su proyecto resolverá los problemas; le basta con presentarse como ruptura frente a aquello que una parte de la población identifica con estancamiento, frustración o cansancio.

    Por eso resulta insuficiente interpretar el resultado brasileño como un simple “giro a la derecha”. Hay sectores que no necesariamente están abrazando una doctrina neoliberal o una ideología bolsonarista; están expresando, por distintas vías, una demanda de cambio.

    Esta es la contradicción que debería interpelar a la izquierda: cuando la izquierda se convierte en la administradora responsable de lo posible, la derecha puede presentarse como la única fuerza capaz de romper los límites de lo existente. La paradoja es brutal: quien históricamente nació para transformar termina defendiendo la estabilidad de lo que logró administrar, mientras quien defiende otro orden social consigue apropiarse del lenguaje de la ruptura.

    Y aquí Brasil conversa directamente con Bolivia. El problema no es que las sociedades hayan dejado de querer transformaciones. El problema puede ser que la izquierda haya dejado de ofrecer una idea contemporánea de emancipación. Si no somos capaces de decir qué relaciones económicas, sociales, culturales y políticas queremos superar, qué poder queremos democratizar y qué sociedad queremos construir, la palabra “cambio” queda disponible para cualquiera.

    La cuestión, entonces, no es cómo conseguir que la población vuelva a votar por la izquierda. Es mucho más incómoda: ¿cómo hacemos para que la izquierda vuelva a ser capaz de imaginar y construir aquello que todavía no existe?

    Una sociedad no abandona necesariamente a la izquierda porque se haya vuelto de derecha. Muchas veces se distancia porque no encuentra en la izquierda una explicación convincente de su frustración ni una imagen concreta de futuro. Si emancipación significa liberarse de las relaciones que producen dependencia, desigualdad, explotación y subordinación, entonces gobernar no puede ser el punto final. Gobernar debería ser apenas una herramienta.

    La izquierda necesita recuperar algo más difícil que una consigna: la capacidad de pensar una sociedad distinta. Eso significa volver a discutir propiedad, trabajo, riqueza, territorio, conocimiento, tecnología, democracia, soberanía y poder. Significa preguntarse qué estructuras deben transformarse y cuáles simplemente hemos administrado.

    Quizá allí esté la verdadera rebelión que nuestra época reclama: la ruptura intelectual con la resignación. No aceptar que el mundo es inmodificable. No conformarnos con escoger quién administra mejor lo existente. Volver a preguntarnos qué debemos transformar, para qué y en beneficio de quién.

    Porque rebelarse contra la idea de que no existe alternativa también es volver a pensar la emancipación.

  • Sin unidad popular, el Estado Plurinacional quedará en manos de sus sepultureros

    Sin unidad popular, el Estado Plurinacional quedará en manos de sus sepultureros

    El conversatorio «¿Fin de ciclo?», organizado por Nuestra Palabra para debatir la unidad del bloque popular y de los pueblos indígena originario campesinos, no fue un ejercicio de nostalgia ni una reunión para lamentar las derrotas recientes. Fue el espacio para una constatación urgente: el Estado Plurinacional está amenazado, pero su ciclo histórico no ha terminado. Lo que se agotó fue una forma de conducir el proceso; lo que sigue pendiente es la transformación profunda del Estado colonial.

    Las intervenciones de Adolfo Mendoza Leigue, Cintya Vargas, Antonio Abal, Horacio Villegas, Andrés Huanca Rodrigues y Jonás Rojas Guzmán coincidieron en un punto esencial: la derecha ha recuperado el gobierno para devolver el país a las élites económicas, el agronegocio, las transnacionales y los intereses de Estados Unidos. Mientras el pueblo soporta la escasez de combustibles, la falta de divisas y el deterioro de sus condiciones de vida, los nuevos dueños del poder preparan la entrega del litio, los hidrocarburos, la minería, las tierras raras y los territorios.

    El proyecto liberal se presenta como salvación, pero funciona como un caballo de Troya. Necesita convencer al país de que la Constitución y el Estado Plurinacional son responsables de la crisis. Así opera la doctrina del shock: profundizar el miedo y la incertidumbre para que la población acepte la entrega de los recursos naturales, la concentración de tierras y la pérdida de derechos.

    Sin embargo, la defensa del Estado Plurinacional no puede reducirse a proteger lo construido ni a idealizar los gobiernos anteriores. Las intervenciones también colocaron sobre la mesa las contradicciones del proceso: la economía comunitaria quedó relegada; la justicia indígena no recibió los recursos necesarios; algunos sectores empresariales capturaron organizaciones sociales; la minería aurífera avanzó sin control, y la izquierda perdió capacidad para interpelar la vida cotidiana de trabajadores, jóvenes y pequeños productores.

    La Constitución de 2009 continúa siendo el mandato del sujeto constituyente y la principal trinchera frente a la restauración oligárquica. Pero defenderla exige volver a discutir el programa: tierra y territorio, agua, litio, gas, minería, medioambiente, mercados de carbono, financiamiento climático y redistribución de la riqueza.

    La unidad tampoco puede construirse sustituyendo la voz de nadie. Debe nacer en las comunidades, sindicatos, organizaciones de mujeres, pueblos indígenas, barrios y espacios juveniles. Requiere escuchar la experiencia de las generaciones anteriores y las aspiraciones de quienes hoy buscan un horizonte propio.

    No basta con declararse anticapitalista y antiimperialista. Hace falta convertir esas definiciones en propuestas concretas y en una nueva conducción colectiva. La derecha ya está unida para saquear. El bloque popular debe unirse para recuperar el gobierno, reconstruir el Estado Plurinacional y devolverle al pueblo la capacidad de decidir su destino.

  • El programa ya está escrito

    El programa ya está escrito

    Colectivos, organizaciones sociales, partidos de izquierda, intelectuales y militantes coinciden cada vez más en una preocupación: necesitamos un programa político capaz de enfrentar la restauración neoliberal y ofrecer nuevamente un horizonte al movimiento popular. La preocupación es legítima. Pero quizás estamos buscando demasiado lejos algo que, en buena medida, ya construimos.

    Ese programa está en la Constitución Política del Estado.

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  • La sonrisa del desmantelamiento

    La sonrisa del desmantelamiento

    ¿Qué hacer cuando la derecha viene a desmantelar, con sonrisas diplomáticas, las conquistas del Estado Plurinacional?

    No han pasado ni 24 horas desde la elección de Rodrigo Paz como presidente de Bolivia, con el voto decisivo del evismo, y ya se despliega el guion previsible: el anuncio del “fortalecimiento” de las relaciones con Estados Unidos, la llamada de felicitación de María Corina Machado —una operadora directa del proyecto de injerencia imperial— y la celebración de los medios que siempre aplauden el sometimiento. Todo estaba escrito. El guion avanza con la frialdad de una estrategia planificada.

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  • ¿No lloramos a los mismos muertos? Bolivia exige unidad a los frentes hermanos

    ¿No lloramos a los mismos muertos? Bolivia exige unidad a los frentes hermanos

    Durante décadas caminamos juntos. Resistimos dictaduras, marchamos bajo gas y bala, enterramos a nuestros muertos con el puño en alto. ¿Acaso no lloramos juntos? ¿No salimos codo a codo a defender la vida, la dignidad, la tierra?

    ¿No estuvimos juntos exigiendo justicia por las masacres en Senkata y Sacaba? ¿No marchamos por Palestina, levantando la wiphala junto a la bandera palestina? ¿No gritamos juntos «¡Che vive!» cada 8 de octubre, y rendimos homenaje a Marcelo Quiroga Santa Cruz cada 17 de julio?

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  • Gobierno convoca a los partidos de izquierda a conformar un bloque nacional-popular rumbo a las elecciones

    Gobierno convoca a los partidos de izquierda a conformar un bloque nacional-popular rumbo a las elecciones

    La Paz, 17 de julio de 2025 (Venceremos.info).– En una fecha de alto contenido simbólico para las fuerzas progresistas del país, el presidente anunció este miércoles la decisión del Gobierno Nacional de convocar formalmente a todos los partidos políticos de izquierda a una reunión para avanzar en la conformación de un bloque nacional-popular de cara a las elecciones generales de 2025.

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