Autor: José Pimentel Castillo

  • Empresas estatales

    Empresas estatales

    Se habla con convicción e insistencia de liquidar las empresas estatales, por innecesarias, deficitarias o inviables, pero no basta para un diagnóstico solamente ver la situación actual, sino analizar el contexto de su nacimiento, el proceso de su construcción y los resultados. La fórmula no es nueva: en la época del 21060, se cerraron más de 200 empresas, las que nunca volvieron a ser las mismas, contrayéndose la economía nacional.

    En el periodo 2006-2019, la creación de empresas estatales se debió no a un plan preconcebido, sino a las urgencias del momento, entre éstas están las presiones sociales, regionales o las de emergencia.

    Así la creación de la empresa SENATEX fue producto de la quiebra de AMETEX/EMATEX, cuyos propietarios eran la familia Iberkleid, que gracias a la liberación aduanera de Estados Unidos pudo erigir una empresa exitosa, llegando a tener 2.000 trabajadores. Sin embargo, la supresión de la ATPDEA la dejó sin mercado y a pesar de sus esfuerzos quebró; la desocupación y la enorme infraestructura paralizada crearon un problema social que obligó al Estado a asumir su conducción, con resultados magros; el mercado sigue contraído, la competencia es amplia: telas chinas y ropa usada; la empresa trabaja prestando servicios.

    La creación de Boliviana de Aviación (BoA) fue fruto de la quiebra del LAB, empresa capitalizada y luego de AEROSUR, un emprendimiento privado, que prácticamente nos dejó sin transporte aéreo. Frente a apoyar al capital privado -perdonando la enorme deuda tributaria- se prefirió crear una empresa estatal; sus resultados son cuestionables, pero salvó la emergencia y no se la puede liquidar, sin tomar previsiones para el futuro, más aún cuando el transporte aéreo se ha vuelto masivo. El capital se mueve por sus intereses y no los de la gente; nuestra debilidad es la contracción de la economía donde la población prefiere un servicio más económico.

    Las emergencias dieron paso a la intervención del Estado en el caso del agua y de la luz de La Paz. Se le dio capacidad de servicio a EPSAS S.A. con las represas de Hampaturi II, Chacaltaya y Alpaquita para La Paz, que garantizan el servicio para hasta diez años; sin embargo, existen problemas estructurales: de propiedad y la administración eficiente. Se construyó la termoeléctrica en El Alto para garantizar el servicio de luz.

    Hay también empresas creadas al calor de las demandas regionales, entre ellas está el ingenio de azúcar de San Buenaventura, demandado desde la década del 70 del siglo pasado, cuando se inició la marcha al norte en La Paz; su problema no es la tecnología sino la ausencia de productores de caña de azúcar, una práctica desconocida en La Paz. Hoy se da la migración de empresarios de otros departamentos y la siembra por la misma EASBA, el sueño no puede quedar en eso. Lo propio ocurre con la represa de Misicuni, vieja aspiración de Cochabamba que se concretó; sin embargo, falta la hidroeléctrica y que los municipios asuman su participación, con la red de distribución.

    Hay proyectos estratégicos como el del litio y el Mutún, que han esperado mucho tiempo: si su objetivo es superar el extractivismo y avanzar hacia la industrialización, su concreción sólo se podría dar en un gobierno estatista. En el caso del litio después de mucha experimentación se aprobó el proyecto con el financiamiento del Estado, su producción de carbonato de litio era para encarar la fabricación de baterías, más allá de que esta cadena implicaba más de 40 proyectos colaterales para el suministro de insumos. Cuando el golpe del 2019, se pretendió anular los contratos de construcción de las plantas y se paralizó el proyecto; ante la imposibilidad de romper los contratos, se dio continuidad y se entregaron las plantas, en conformidad; sin embargo, la parte boliviana no cumplió su parte: la construcción de las piscinas y la captación de agua. Es decir que es un proyecto inconcluso, no se le puede pedir eficiencia, sin embargo, se mantuvo al personal sin hacer nada y se nivelaron los salarios a los de YPFB.

    En el caso del Mutún, es casi lo mismo, el 2019 se pretendió romper el contrato, se paralizaron los desembolsos para la compra de equipos con proveedores, los que iniciaron juicios ante los perjuicios ocasionados; el resultado es que el proyecto no se concluyó, aunque se hizo una entrega provisional, hoy anuncian una nueva renegociación, ojalá se concrete.

    Hasta hace poco se ponderaba la eficiencia de la fábrica de vidrios en Zudáñez, se anunció la firma de un contrato millonario con Coca-Cola; hoy se nos informa que está paralizada. En la misma situación se encuentran la fábrica de cemento de Oruro -que ya funcionaba- y la de Potosí que está en construcción; esta última es producto del paro cívico de los 18 días.

    Si bien se puede decir que ha habido improvisación, es el periodo neoliberal que nos ha privado de los talentos humanos para el desarrollo; que se impusieron las presiones locales, que hay ineficiencia, corrupción, puede ser; estas observaciones cuestionan la capacidad y la falta de planificación -cuando se cierra este ministerio- y se santifica al mercado.

  • ¿Reservas o descartes?

    ¿Reservas o descartes?

    Corre en los pasillos de la Asamblea Legislativa Plurinacional un proyecto de ley por el cual se pretende monetizar los llamados desmontes, colas y relaves, elementos que son patrimonio de COMIBOL, institución estatal a la que por mandato constitucional se dio derechos mineros para su explotación, industrialización y comercialización.

    Estos descartes provienen de la explotación minera desde la época de la colonia, son materiales formados con los desechos de la minería que la tecnología de entonces no permitía recuperar el 100% de los materiales valiosos contenidos en el mineral, además de contener elementos envolventes (tierra, etc.), nada interesantes. La explotación se orientaba a los yacimientos que tenían elementos casi puros, como el rosicler y la alpaquita en el caso de la plata, a las vetas con más del 30% de ley en el caso del estaño; su concentración era por procesos gravimétricos, prácticamente sólo una limpieza. Si bien la explotación era sobre vetas, para ser explotadas se requería de socavones y galerías para el desplazamiento del minero, generando una carga que debía ser sacada al exterior mina, para continuar el avance hasta llegar a la veta. La misma veta estaba encajonada en material estéril, acompañante hasta el proceso de concentración; el descarte es lo que se llama desmontes, según el tamaño del grano, pueden ser arenas o colas.

    Así por años se fueron acumulando enormes cerros: en Siglo XX el desmonte contiene 90 millones de toneladas, es granza de una pulgada de espesor, en Catavi las arenas son de 20 millones de toneladas. En la práctica productiva, los trabajadores los consideraban reservas, es decir factibles de ser procesadas con una mejor tecnología o ser tratadas nuevamente, como en el caso de Huanuni, donde enormes dunas de arena desaparecieron al ser retratadas en Machacamarca. Hasta hace poco estos yacimientos eran considerados pasivos ambientales cuando contenían azufre, su exposición al aire libre por la lluvia o el viento provoca aguas ácidas y polución, así muchos desmontes fueron encapsulados, como en San José, Telamayu, Tatasi, a un alto costo económico.

    En el costo de producción, la extracción mina es el ítem más costoso. Si tomamos en cuenta que la recuperación del mineral en promedio es del orden del 50% del mineral principal, el otro 50% está en estos yacimientos. Por otro lado, en general los yacimientos son polimetálicos; en la práctica la explotación es de uno sólo, por la determinación del precio del mercado, así estos yacimientos contienen otros elementos tradicionales con alto contenido de estaño, plata, zinc, plomo, cobre, bismuto, wólfram. Además, están los metales raros como el titanio, indio, cadmio, galio, cobalto, que con pocos contenidos tienen un alto valor.

    Es esta riqueza que se quiere monetizar, para ser claros: vender; al capital extranjero les interesa extraer el mineral y no su industrialización. Los yacimientos son del pueblo boliviano, el Estado le ha dado a COMIBOL el derecho del usufructo para crear valor, para el beneficio de la nación; de ninguna manera puede enajenarse: “El derecho minero en toda la cadena productiva así como los contratos mineros tiene que cumplir una función económica social ejercida directamente por los titulares.” (CPE, Art. 370, III). Lo máximo que se puede hacer es una asociación con una participación mayoritaria suya. Tal vez sea esta la razón por la que el proyecto de ley encarga esta tarea a una unidad del Ministerio de Minería, cuando por norma este despacho está prohibido de hacer acciones operativas, aunque sea vender.

    Si el Asambleísta realmente se preocupa por los descartes, que investigue qué pasa con los desmontes de Paca, que explota directamente una empresa china, sin tener Contrato de Asociación, los desmontes de Portugalete, Mesa de Plata y  Asientos, que desaparecen sin explicación alguna, o escuche la alarma de los pobladores de Atocha por el traslado, sin rumbo conocido, de los desmontes de Telamayu, ni que decir de la explotación, en plena ciudad, del patio de las oficinas de COMIBOL en Oruro, al pie del Santuario del Socavón. Para qué tendremos tanta riqueza, si no sabemos cuidarla y disfrutarla.

  • Joint venture

    Joint venture

    El nombre del título es el que se utilizó para la explotación, por parte del capital internacional, de los yacimientos de COMIBOL, fuera de los contratos de alquiler. Implica un aporte por cada parte, el país ponía el yacimiento y la empresa, el capital. El tema vuelve a la agenda cuando se anuncia la ampliación del Contrato de Asociación entre COMIBOL y la transnacional Illapa, cuyos propietarios son la canadiense Santa Cruz Silver Mining Ltd. con intereses actuales en las minas de Bolívar y Porco.

    En 1993 se firmó el contrato de Joint Venture entre COMIBOL y COMSUR, empresa de Gonzalo Sánchez de Lozada. Este contrato establecía una participación de las utilidades entre COMIBOL y la contratista del 50%; sin embargo, esta aparente igualdad era distorsionada por otras cláusulas: COMSUR recuperaba su inversión, recibía una gratificación del 10% de las utilidades por la administración, y a la conclusión del contrato se quedaba con el 50% de los activos; COMIBOL no tenía ningún papel fiscalizador y los resultados era avalados por una auditoría externa contratada por COMSUR. Las observaciones eran: si el socio capitalista recuperaba su inversión, dejaba de ser socio y no había razón para que tenga participación en las utilidades; la empresa cubría los gastos de administración, sin que haya razón para premiarlo; a la liquidación del contrato era evidente que no tenía participación porque había recuperado sus aportes. Así el miti-miti era un sofisma.

    La crisis política del 2003 hizo que Sánchez de Lozada vendiera su empresa a la Glencore, quien cambió el nombre por Sinchi Wayra. El 2007, producto de la nueva política de Estado, se buscó una transacción sobre los contratos que tenía COMSUR con COMIBOL: riesgo compartido en Bolívar y arrendamiento en Colquiri y Porco. La negociación se imponía por razones políticas, aunque el marco normativo era todavía totalmente adverso a la empresa estatal; la ley de minería aprobada en la gestión de Sánchez de Lozada en 1997, vigente todavía, era completamente favorable al sector privado; sin embargo, la promulgación de la Constitución del Estado Plurinacional el 2009, preveía la obligación de migrar a Contratos de Asociación. Antes de que se promulgara la Ley de Minería el 2014, se firmó el Contrato de Asociación para la explotación de las minas de Bolívar y Porco con la empresa Illapa, a nombre de Sinchi Wayra; el 2012 se había anulado el contrato de alquiler por Colquiri.

    El nuevo contrato establecía una participación de las utilidades de 55% para COMIBOL y 45% para Illapa. El socio se comprometía a invertir 723.840.000 bolivianos, la inversión no se devolvía, los activos en su integridad serían transferidos a COMIBOL. Esta podía controlar y supervisar en cualquier etapa del proceso productivo el cumplimiento del contrato, ya que no había pago por administración; una ley posterior dio mayoría a COMIBOL en el directorio del contrato. Un parámetro para medir el cumplimiento del contrato es que, al finalizarse, en el caso de Bolívar, debía estar produciendo 2.000 TM/día. Por lo cual, antes de hablar de prolongar el contrato se debe hacer una evaluación para establecer su cumplimiento a cabalidad. El contrato fue aprobado en la Asamblea Legislativa Plurinacional por la Ley N° 386 del 3 de julio de 2013, cumpliendo la exigencia cuando se trata de enajenar recursos naturales.

    Por otro lado, al analizar los resultados de la operación se establece que un 48% del costo de operación se lo realizó en el exterior, la validez de esta afirmación es dudosa; este monto determina que las utilidades mermen sustancialmente, llegando apenas al 12% del valor bruto de venta. COMIBOL debería buscar reducir este costo a fin de aumentar sus utilidades, lo que significa que la inversión se debe realizar con la refinación de los concentrados de zinc-plata y plomo-plata en el país, como ocurre actualmente en la fundición de estaño en Vinto, cuyo costo no llega al 5% del valor bruto de venta.

    Otro beneficio de la refinación en el país es la recuperación de metales que, a pesar de la objetividad de su existencia, no recibimos nada. Así en los concentrados de Bolívar se tiene contenidos de indio 660 g/t, galio 597 g/t, estaño 2%; por su parte, los de Porco contienen indio 382 g/t, galio 115 g/t y estaño 2%; cantidades aparentemente pequeñas, pero, dado el volumen (casi 60.000 toneladas al año de concentrados de zinc) y los altos precios de estos minerales secundarios, pueden ser un ingreso importante para ambos socios.

    Salir de nuestra situación de exportador primario es un anhelo nacional. En la gestión pasada se ilusionó a los departamentos de Oruro y Potosí con la instalación de megaproyectos de refinerías de zinc, incluso el municipio de Porco destinó un terreno para tal fin. Hoy la inversión prometida, 180 millones de dólares, es más que suficiente para refinar los concentrados de Bolívar y Porco: así valdría renovar el contrato, dando otro sentido al Joint Venture: ser socios y no patrones.

  • El saqueo despiadado

    El saqueo despiadado

    La noticia viene con las acusaciones mutuas de dos empresas en pugna por la compra de los concentrados de zinc de la Empresa Minera Colquiri. La práctica del mercado libre nos muestra las más encarnizadas batallas para controlarlo, hasta imponer el monopolio, y ser dueño único del mercado llamado libre. Hoy se trata de una velada acusación de corrupción. El hecho nos permite explicar el saqueo a que estamos sometidos cuando de exportar concentrados de mineral se trata.

    El principal rubro de exportación de minerales en volumen en Bolivia son los concentrados de zinc, 1.200.000 toneladas aproximadamente (500.000 toneladas de zinc). El 2025, su valor de exportación llegó a 1.428.896.137 dólares; sin embargo, el ingreso a la contabilidad de las empresas sólo es por un tercio de este valor.

    Para esta afirmación tomamos el caso de Colquiri, donde el año 2021 se tuvo un valor de mercado de 38.157.338 dólares y un ingreso neto de 11.926.280 dólares. Esta enorme diferencia se debe a los gastos de refinación en el exterior, cuya legalidad depende de la pugna en la licitación, donde se fija el precio de venta. Una vez adjudicado no hay porque pedir explicaciones. Con este mecanismo Trafigura ha sido la empresa que, año tras año, fue adjudicándose los concentrados de zinc de Colquiri.

    El modelo se extiende a toda la minería nacional, sea cual fuere el mineral en concentrados. Empresas como San Cristóbal, Sinchi Wayra, Illapa y San Vicente tienen la misma estructura del costo. La estructura es: gastos en el exterior 43%, costos mina 22%, impuestos 19%, utilidades en Bolivia 16%. El pago del Impuesto a las Utilidades (25% de la utilidad) se calcula sobre este 16% del valor del metal. Cuanto mayor sea el costo, menor será la participación del Estado. De ahí nace el clamor de la instalación de las refinerías de zinc en el país.

    Sin embargo, hay otro elemento más importante, la expropiación de los metales acompañantes al zinc. Se sabe de su existencia por un análisis técnico, pero no son tomados en cuenta como ingreso, porque se dice que no son comerciables. Sin embargo, países como Corea del Sur aparecen como países productores de indio, sin tener minas; son derivados de los concentrados de Bolivia que alimentan sus refinerías, donde se extrae el indio y se aprovecha todos estos elementos.

    ¿A que nos estamos refiriendo? Los concentrados de zinc de Colquiri contienen también otros elementos, estos son: zinc 47%, azufre 33% y hierro 16%. Luego, están otros diez elementos, pero para el análisis sólo tomaremos en cuenta cinco, en porcentajes: la plata (0,012), el estaño (2,00), el cobre (0,80), el indio (0,05), el galio (0,03). Con una producción anual de 17.000 TM, y tomando como sus precios respectivos los siguientes (a la fecha): de plata, $us 64 onza, estaño, $us 54.000 TM, cobre $us 14.223 TM, indio $us 790 kg, galio $us 250 kg, da como resultado: plata $us 4.60 millones, estaño $us 19,9 millones, indio $us 12,08 millones, galio $us 1,4 millones, cobre $us 1,93 millones, haciendo en total de estos cinco elementos en un año de $us 39.91 millones. Este monto se va al extranjero sin recibir nada a cambio.

    Por todo lo anotado, el pedido de fundición e industrialización no es un capricho, sino la defensa de la soberanía de los recursos naturales. Se pide que vengan inversionistas: qué vengan condicionados a este punto fundamental y no nos contentemos con el 5% de las regalías y el 4% de utilidades, como ahora.

  • La marcha por la vida

    La marcha por la vida

    El 28 de agosto de 1986 la Marcha por la Vida fue cercada por el mayor dispositivo militar-policial desde la guerra del Chaco. Tres divisiones del ejército, fuerzas policiales, apoyadas por la aviación y la naval, fueron la fuerza desplegada para cercar y desmovilizar a una multitud de más de 10.000 ciudadanos, que desde siete días atrás acumulaba su fuerza; su cansino andar difundía su pregón a toda Bolivia: Es por la vida. Los mineros no pueden morir, se clamaba en todos los confines, de la nacionalidad misma se trataba.

    Un año atrás se había dictado el DS 21060 que delineaba la nueva política económica y rescataba para sí el monopolio de la actividad política. Se suprimieron conquistas que eran a la vida del minero, la razón de su permanencia en el campamento: la pulpería como centro de abastecimiento, la educación permanente, la salud como un derecho, la estabilidad laboral como garantía de una vejez segura, también se cortaron los contratos de sobreproducción.

    Los problemas no eran nuevos: ya el mismo año, en marzo, los mineros presentaron un plan de rehabilitación de sus empresas y lograron que el gobierno de Siles Zuazo desembolsara 10 millones de dólares; las maquinarias y equipos estaban en los puertos y el cambio de política los dejarían encajonados por mucho tiempo. En agosto de 1985 se logró, en pleno estado de sitio y con la dirigencia encarcelada, el compromiso del gobierno de considerar un plan que demostrara la sostenibilidad de COMIBOL. El plan que contaba con el aval de universidades y la Pastoral Social se presentó, pero la respuesta fue un rotundo No.

    En Calamarca se volvieron a ver dos sujetos: militares y obreros, que desde 1964 se enfrentaban para conducir el Estado; desde visiones diferentes, lo señorial y lo popular, en un mismo esquema de acumulación: el capitalismo de estado. La fuerza militar había sido arrinconada después de sangrientas y delincuenciales gestiones gubernamentales y cedió el poder a los civiles agrupados en partidos políticos. La fuerza minera, defendiendo la empresa estatal, buscaba mantener su existencia social, para incidir con una visión de desarrollo, democracia y justicia social.

    El desgobierno de la dictadura había endeudado al país en un 80% del Producto Interno Bruto, sin posibilidades materiales de honrar los compromisos; se desatendieron los problemas productivos, un kilo de carne costaba más que una libra de estaño, las necesidades alimentarias no podían ser satisfechas: en medio de la especulación y la distribución de cupos, nacían los nuevos ricos. El estado de bienestar social había colapsado, era la hora de volver a viejos caminos. El liberalismo retornaba brioso en manos de quienes lo habían condenado en 1952. El llamado era trágico: “Bolivia se nos muere”, jamás se preocuparon de decir quienes lo habían llevado a ese estado de inanición. La explicación era la ineficiencia, la corrupción -el mal congénito del Estado- males que ellos practicaban en los gobiernos de los cuales fueron parte.

    La solución fue la privatización de más de 200 empresas del Estado, no sólo del gobierno central sino también de las prefecturas. Se trataba también de la capitalización de empresas estratégicas que tenían el monopolio del mercado interno, se dio la flexibilización laboral para conseguir empresas eficientes, la informalidad como forma de sobrevivencia, la uniformidad tributaria sin distinción de la explotación extractivista de un recurso natural o de servicio, la supresión de la regalía minera para bajar los costos. La economía en números macros estaba bien, había mucha exportación, exportar para vivir se decía, pero pocos ingresos para el Estado, incluso había que mendigar préstamos para pagar el sueldo de los maestros. Al no dar de comer al ciudadano común el modelo neoliberal fracasó.

    Así volvió el Estado planificador: los recursos naturales son de los bolivianos, es el capital para la industrialización, la empresa estatal es la única, contra los extractivistas, capaz de añadir valor con la fundición y la industrialización. El discurso del MAS fue más amplio que la realidad, 20 años de neoliberalismo, venerando la iniciativa privada o la oportunidad para la acumulación personal, el menoscabo a la ideología y por lo tanto de los valores fue la herencia que dio como resultado la estabilidad, solucionando los requerimientos de los sectores sociales, sin su articulación con el proyecto grande del vivir bien. La crisis que padecemos no es por el achicamiento de la economía sino por el crecimiento asimétrico del sector estatal frente al privado; hoy la economía está hegemonizada por el sector privado, mientras las obligaciones del Estado (salud, educación, seguridad) son sostenidas por las empresas estatales y el ciudadano común. Incordio que debe ser superado por la lógica económica.

    El legado de la Marcha por la Vida está en el coraje de defender lo que se cree con el ejemplo y el sacrificio; del convencimiento que esta patria la haremos nosotros, sin tutela alguna; que este propósito llama al concurso de todos sin privilegio alguno; que la democracia no es un torneo electoral, sino el ejercicio permanente del derecho a observar, sugerir y denunciar cuando se atente contra el bien común. No hay otra forma de construir comunidad; la marcha continua.

  • Buenas intenciones

    Buenas intenciones

    La Cumbre Minera concluyó en encuentros del Ministerio con actores sectoriales, cada uno por separado. La información dada a conocer al respecto no es completa, al contrario, es difusa y contradictoria. Se menciona la participación de los actores productivos: estatal, privados y cooperativistas. No se conoce, sin embargo, la posición y los planteamientos de la Corporación Minera de Bolivia, de la Corporación de las Fuerzas Armadas, ni de la Corporación de Seguro Social Militar, que son entes estatales con derechos mineros. Si bien se informa que hubo reuniones con el sector privado, la minería mediana y chica, no se especifica qué plantearon, ni cuáles son sus diferencias.

    El sector cooperativista sí participó, pero dividido. La Federación Nacional de Cooperativas Mineras de Bolivia (FENCOMIN) exigió del gobierno el cumplimiento de un acuerdo del mes de mayo que le reconocía como único representante del sector, oponiéndose a la participación del otro sector y abandonando la Cumbre. Los que sí participaron fueron el sector aurífero, con dos federaciones y una confederación nacional. Se informó que también se escuchó a exautoridades, profesionales, pero tampoco se conoce sus aportes. Al final de la ronda hubo una reunión con la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), quienes, además de dejar por escrito su posición, exigieron una plenaria de todos los sectores, para -por lo menos- acordar una ruta de trabajo.

    Los ausentes son otros actores que, sin participar en la producción, tienen en ella marcados intereses: los pueblos indígenas que reclaman el respeto a su territorio y lo defienden contra la depredación y la contaminación de la minería ilegal; los municipios a los cuales se les despoja de un recurso natural no renovable, que tienen expectativas sobre la compensación y la manera como la actividad minera les afecta; las autoridades departamentales que se benefician de la explotación minera, pero no logran empalmar esta actividad en un polo de desarrollo departamental; la sociedad civil que ve cómo la minería crea enormes fortunas y paralelamente bolsones de pobreza, cómo impávidamente se sacrifica a centenares de trabajadores en la labor extractiva, cómo los millones de dólares que produce la explotación minera no satisfacen a nuestras necesidades de medicinas, ni carburantes, y los planificadores que deben decirnos el rol del sector, enmarcados en un plan de desarrollo nacional.

    La verdad es que a todos nos debiera interesar la minería; un total de exportaciones $us 4.452 millones, a pesar de la caída de su volumen en un 12%, en el primer semestre del 2026, prevé superar los $us 10.000 millones al final de la gestión, superando el total de exportaciones de la gestión pasada. Sin embargo, cuál será el impacto de este crecimiento en la economía nacional: de eso se trata cuando de política minera se habla.

    Lo que se trató de hacer en la Cumbre Minera era el enjuiciamiento de la Ley 535 y de los preceptos constitucionales que le inspiraron. La visión de control del Estado sobre los derechos de uso de los recursos mineros, a través de la suscripción de contratos mineros, era el mecanismo básico introducido para fiscalizar y desarrollar la cadena de valor, incorporando la fundición y la industrialización.

    El índice de su fracaso son las 5000 concesiones que no se adecuaron, con otras 5000 solicitudes que están pendientes de aprobación. No fue posible aplicar la norma -establecida en la Constitución- cuando actores y burócratas venales la boicotean, añorando dar concesiones mineras sin importarles que éstas sean trabajadas o entraban al área de la especulación. La no concreción del contrato minero dio paso a una minería informal y en muchos casos ilegal, informal porque, si bien las cooperativas tienen un derecho preconstituido, no lo adecúan o no acatan todas las normas, como la presentación de balances contables; e ilegales, porque simplemente hacen a un lado la ley y actúan sin control en el desarrollo de la actividad minera.

    La situación es crítica: es necesario resolverla en un acuerdo de todos los actores. Con todo, esta intención debe partir del respeto a la ley como un imperativo, eludir las normas no traerá sino la impunidad como consecuencia. Los sindicatos mineros, con tino, han señalado su oposición a toda modificación a la Ley que viole los principios consagrados en la Constitución y valoran el esfuerzo realizado por plasmar la ley de minería actual en casi cuatro años de concertación de los tres actores mineros, que significó, además, el cambio de tres ministros.

    El tamaño de los intereses que están en juego es de la dimensión de las cifras precedentes, pero hay un sentimiento mayor: que esta riqueza es de todos los bolivianos y debe ser controlada por ellos, para lograr el desarrollo del país.

  • Balance comercial

    Balance comercial

    ¡Albricias! La balanza comercial de Bolivia durante los últimos seis meses es positiva, se exportaron productos por un valor de $us 6.407,5 millones y se importaron otros por $us 4.738,5 millones, con un saldo positivo de $us 1.669 millones. Tomando en cuenta este indicador ¿cuál es el comportamiento de la economía?

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  • Cumbre minera

    Cumbre minera

    El próximo 22 de julio se dará inicio a una cumbre minera. Su realización es compromiso del ministro del área ante una serie de reclamos puntuales sobre temas específicos: regalías del litio y estabilidad del Cerro Rico por parte del Comité Cívico de Potosí; liberación de áreas y alianza con privados, por las cooperativas mineras; exigencia de seguridad industrial y eliminación del trabajo infantil por parte del Defensor del Pueblo; restructuración de COMIBOL, defensa de sus áreas exclusivas y contra el avasallamiento de minas, pedido de los mineros asalariados; exigencia de la consulta previa e informada de parte de los pueblos originarios; reclamos sobre la preservación del medio ambiente por municipios y comunidades campesinas.

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