
Durante siglos el Imperio Otomano dominó lo que conocemos como Medio Oriente. A su declive y derrota, dos potencias europeas se repartieron el Oriente Próximo, donde se ubica Palestina, mediante el Tratado Sykes-Picot entre Gran Bretaña y Francia en 1916. Se repetía así la estrategia de repartición del África en 1884 entre varios países europeos que se consideraban superiores al resto de la humanidad, imponiendo viejas prácticas colonialistas.
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