No hay mejor signo de la salud social de una comunidad que la manera en que trata a sus más débiles y desprotegidos. Y la sociedad ayorea ha sido y sigue siendo un ejemplo en ese sentido. De acuerdo con el antropólogo alemán Bernd Fisherman, en su vida tradicional los ayoreos tenían numerosos mecanismos que aseguraban la distribución solidaria de lo cazado, recolectado y cosechado, para que se beneficie toda la comunidad y en particular “aquellos miembros del grupo (ancianos, viudas, huérfanos, etc.) que por diversos motivos no podían ejercer ellos mismos una actividad materialmente productiva. Estos mecanismos de distribución se mantienen aún hoy vigentes en la vida no tradicional y sedentaria y son aplicados también a los productos y las ganancias provenientes de las formas de producción de la vida moderna”.
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