Fue Jaime Sáenz, ese hechicero surrealista de los andes que vestido de “Aparapita” nos demostró esa realidad de la sociedad boliviana esa compleja y abigarrada sociedad que no termina de construir un Estado de verdad y una sociedad madura que reconozca la diferencia como el cimiento basal de lo que realmente somos.
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