Un gobierno aparapita
Fue Jaime Sáenz, ese hechicero surrealista de los andes que vestido de “Aparapita” nos demostró esa realidad de la sociedad boliviana esa compleja y abigarrada sociedad que no termina de construir un Estado de verdad y una sociedad madura que reconozca la diferencia como el cimiento basal de lo que realmente somos.
Esa imagen del aparapita y principalmente su vestidura, ya es poco común en las calles, especialmente de la ciudad de La Paz, en palabras de Senz: “La ropa que lleva en realidad no existe. Es para quedarse perplejo. El saco ha existido como tal en tiempos pretéritos, ha ido desapareciendo poco a poco, según los remiendos han cundido para conformar un saco, el Verdadero. Los primeros remiendos han recibido algunos otros remiendos; estos a su vez han recibido todavía otros, y estos otros, todavía muchos otros más, y así, con el fluir del tiempo, ha ido en aumento el peso en relación directa con el espesor de una prenda, tanto más verdadera cuanto más pesada y gruesa.” Esta descripción nos sirve para tener una imagen exacta del actual gobierno que está repleta de parches y donde el color original se ha perdido y son los tonos grises que predominan, quedando apenas unos trozos de colores visibles, como el amarillo y el anaranjado, de triste memoria política en Bolivia; también se puede notar unos trozos de rosado color y de amargo recuerdo para los miles de mineros relocalizados.
Esa especie de coraza que describe Sáenz, es aplicable también al actual mandatario que se protege con los pedazos de lo en su momento fueron partidos políticos, que tenían una base ideológica y actuaban en consecuencia. Esta especie de “collage” que es en si misma la ropa del aparapita, le permite pasar duros inviernos, que en el caso del gobierno no cumplen esa función, los remiendos políticos, si bien todos neoliberales, no pueden obrar en consecuencia porque se encuentran entrelazados con un proyecto regional poderoso económicamente y con un pensamiento que nació en los años 50 del siglo pasado.
El gobierno aparapita, no puede dar solución a los problemas, su composición variopinta que tiene viejos trucos, prácticas difíciles de mantener en secreto (por las tecnologías que escuchan, ven y graban) fidelidades a clanes y articulaciones de poder regionales y familiares y acaso algunas ideas de programa político; todo esto en medio de una sociedad que pide respuestas y aclaraciones; una sociedad ampliada y contradictoria con el ingreso de los antiguos marginados (y todavía odiados) con mujeres y sus organizaciones empoderadas, no es pues el escenario donde pase desapercibido un gobierno aparapita.
Como señala Sáenz: “El saco ha existido como tal en tiempos pretéritos, ha ido desapareciendo poco a poco,” de la misma manera el soporte político inicial de Rodrigo Paz ha desaparecido, los datos de las últimas elecciones son inobjetables, la sorpresa electoral del binomio Paz-Lara se ha esfumado y en política la soledad es una maldición.





