Voltaire decía que “cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es incurable” porque es corrosivo, enemigo de la libertad, del progreso del conocimiento y el responsable por asesinatos, genocidios masacres, guerras, persecuciones, injusticias y violencias de todo tipo.
El fanatismo una vieja tara por demás peligrosa, que ha causado desde quema y cacería de brujas, en la inquisición, el genocidio de los indígenas, el Holocausto, el Ku Klux Klan y con las ideologías fanáticas que alimentan actos terroristas, con el nazismo, el fascismo y otros ‘ismos’ que sobreviven en nuestras sociedades. Con una visión sin matices, clasifica en “bueno” y “malo”, en “blanco” y “negro” en «renovadores» y «radicales» en «Evistas», «Choquehuanquistas» y «Arcistas», se niega a la imaginación, a los debates, a la crítica y la autocrítica, al análisis y la reflexión.
El fanático solo se escucha a sí mismo, considera estar en lo correcto y los demás, los que no están de acuerdo con él, están en su contra.
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