La “muerte cruzada”, un salvavidas constitucional para un empresario presidente, que apenas llegaba a menos de 10% de popularidad, que recibió en febrero una verdadera paliza electoral en un referéndum donde ninguna de sus preguntas tuvo respaldo, y, con un juicio político que presagiaba el final de su mandato. Guillermo Lasso, es un muerto que no quiere morir solo, por eso, busca arrastrar tras de sí a la Asamblea Nacional que iba a definir su destitución. Las elecciones serán en agosto. “Que se vayan todos”, proclaman algunos sectores políticos, y, muchos otros, con mucha razón, temen que, en tres meses, decretos mediante, aplique medidas económicas de corte neoliberal, que agrave mucho más la situación de crisis en la que se debate el pueblo ecuatoriano.
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