Etiqueta: Soberania económica

  • El camino inconstitucional del FMI

    El camino inconstitucional del FMI

    El gobierno de Rodrigo Paz nos conduce por la senda permanente de la ilegalidad e inconstitucionalidad, con acuerdos como el crédito de 1.900 millones de dólares con el FMI. Este pacto no es un simple préstamo: es la pérdida de soberanía y la subordinación a recetas externas que ya demostraron ser nefastas para nuestros pueblos.

    Se nos propone olvidar la memoria histórica, borrar el significado del ajuste estructural que vivimos en décadas pasadas y repetir la desgracia que hoy atraviesan Argentina y gran parte de América Latina bajo el yugo del Fondo. Reaparece en el discurso político el viejo servilismo, disfrazado de modernidad, apertura de mercados e inversión extranjera, hipotecando el futuro del país.

    El crédito del FMI implica abandonar el modelo económico que permitió a las mayorías nacionales acercarse al Vivir Bien, para reemplazarlo por un camino de miseria y sumisión. La desesperación del gobierno de Paz por aprobar este préstamo busca sostener a un poder que va a la deriva. Su aprobación significaría violentar lo estipulado por la Constitución Política del Estado, pero para Paz y sus socios ese atropello es apenas un “daño colateral”.

    La Constitución boliviana se convierte en un estorbo para las élites, porque limita sus fechorías y frena la dinámica neoliberal que necesitan para chupar la sangre del Estado. Por eso, personajes como Quiroga, Doria Medina, Reyes Villa y los agroindustriales del oriente -representados por el Comité Cívico, la CAO y la CAINCO- están urgidos de concretar cambios radicales en la Carta Magna. No necesitan ampliar el estado de excepción: les basta con la violencia estatal y con una cirugía extrema de la Constitución, redactada a su medida, para que el Estado deje de ser un obstáculo a sus negocios.

    Los recursos naturales, la salud, la educación y el pueblo boliviano nunca han sido su prioridad. Los recursos son para sus negocios personales, la salud es un mercado a explotar, la educación solo para sus hijos, y el pueblo es apenas un electorado que hay que embobar para ganar elecciones.

    Por eso, el pueblo debe recuperar la memoria que perdió en 2025, cuando votó anestesiado y adoctrinado en una elección cooptada. Lo que sucede hoy, con la intención de aprobar un crédito inconstitucional, es parte de una estrategia supranacional. El Escudo de las Américas, plan digitado desde Washington, exige llevar a Bolivia a épocas cavernarias para favorecer los intereses imperiales de Estados Unidos. Bolivia es apenas una pieza en proceso de sometimiento; el siguiente paso es Brasil, el gigante sudamericano que aún resiste y dónde ya hay «Cerimedos» confabulando.

    Bolivia debe entender que no hay casualidades: hay piezas moldeadas para configurar un tablero internacional que alimenta el apetito y la gula de Trump y sus aliados.

    Por todo esto, resistir al crédito del FMI no es un capricho ideológico, sino una necesidad histórica para preservar nuestra soberanía y dignidad. Bolivia no requiere cadenas disfrazadas de préstamos: requiere confianza en su propio pueblo, en sus profesionales, en su ciencia y en sus recursos naturales. Las alternativas existen: fortalecer el ahorro interno, potenciar la banca pública, impulsar acuerdos de cooperación con países aliados sin condicionamientos, y sobre todo, invertir en sectores estratégicos como energía, litio, agroindustria soberana y tecnología nacional.

    El verdadero crédito que necesitamos es el que se construye con el esfuerzo colectivo y la organización popular, sin amarres ni dependencia, con la certeza de que el futuro de Bolivia debe ser decidido en Bolivia y no en los escritorios del Fondo.

    Esta es Nuestra Palabra.

    • Sábado 19 de Septiembre – 10:00 Horas – Conduce Malamen
    • Radio Cepra: Chuquisaca FM 95.8, La Paz FM 89.2, Cochabamba FM 100.9, comunicación desde los pueblos.

  • BOLIVIA no está en Venta: Crisis Económica, la sombra de la Injerencia y Soberanía.

    BOLIVIA no está en Venta: Crisis Económica, la sombra de la Injerencia y Soberanía.

    Cerimedo fue asesor de comunicación de Paz, aunque el Gobierno sostiene que no era funcionario público. Actualmente enfrenta investigaciones en Bolivia por violencia doméstica, manejo discrecional de fondos del Estado y una tercera investigación por presuntos vínculos con el narcotráfico. Al mismo tiempo, la administración atraviesa graves dificultades económicas; el Congreso censuró al ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, quien fue posteriormente removido.

    Bolivia vive una de las etapas más delicadas de su historia reciente. La crisis económica golpea el bolsillo de las familias, aumenta la incertidumbre, escasean combustibles y divisas, crece la pobreza y, peor aún, se extiende la preocupación por el futuro. Sin embargo, desde el Gobierno se desvaloriza a quienes osan cuestionar las declaraciones oficiales.

    En este contexto, el Gobierno de Rodrigo Paz tiene la obligación de ofrecer respuestas claras, transparentes y soberanas. Pero, en lugar de certezas, aparecen cada vez más preguntas: ¿Quiénes toman realmente las decisiones del Estado? ¿Quiénes tienen acceso al poder? ¿Qué intereses económicos están detrás de determinadas políticas? ¿Qué papel desempeñan operadores extranjeros vinculados a la política regional? Y, sobre todo, ¿estamos ante decisiones soberanas del Gobierno boliviano o ante una creciente influencia de intereses externos?

    Existen dudas sobre Cerimedo. Actuó con una política de injerencia externa. Sería necesario exigir una investigación para determinar de dónde proviene esa injerencia y si forma parte de un nuevo Plan Cóndor mediático para dominar y decidir en nuestro país.

    La presencia de Fernando Cerimedo en el entorno presidencial merece una investigación seria y transparente. Este caso no puede reducirse a un problema personal. El propio Gobierno confirmó que asesoró a Rodrigo Paz en comunicación, aunque negó que tuviera un cargo formal en la administración pública. No obstante, diversos reportes periodísticos han señalado una influencia considerable de Cerimedo en el entorno presidencial.

    Actualmente, Cerimedo está detenido preventivamente y enfrenta investigaciones en Bolivia por violencia doméstica y otros delitos más graves, como el enriquecimiento ilícito. La Fiscalía anunció una tercera investigación por presuntos vínculos con el narcotráfico.

    Pero existe una cuestión política que no puede ignorarse: ¿cómo pudo una persona extranjera, vinculada anteriormente a la política argentina y a sectores de la derecha regional, adquirir tanta cercanía con el entorno del poder boliviano?

    Esta pregunta no es xenófoba ni partidista. Es una pregunta democrática. Cualquier gobierno tiene derecho a recibir asesoramiento extranjero, pero cuando esos asesores tienen acceso privilegiado al poder, participan en estrategias políticas y mantienen vínculos con actores de otros países, la sociedad tiene derecho a saber quién los financia, qué intereses representan, cuál es su verdadera influencia y cuáles son sus ganancias. En cualquier caso, la injerencia extranjera debe investigarse.

    Por ello, el debate debe plantearse en términos de soberanía, transparencia e independencia nacional: ¿Existen gobiernos extranjeros interviniendo en decisiones bolivianas? ¿Existen empresas extranjeras que financian operadores políticos? ¿Existen consultores foráneos con influencia sobre decisiones económicas? ¿Existen contratos o negocios vinculados a esos operadores? ¿Qué relación existe entre las decisiones gubernamentales y determinados intereses empresariales? ¿Quiénes se benefician de las políticas sobre combustibles, minería, oro, litio, hidrocarburos y empresas públicas? ¿Qué compromisos está adquiriendo Bolivia con organismos financieros internacionales?

    Estas preguntas deben responderse públicamente.

    La soberanía nacional no significa únicamente defender las fronteras territoriales. También significa tener capacidad para decidir qué hacemos con nuestros recursos naturales, qué modelo económico queremos construir, cómo administramos nuestras empresas públicas, cómo protegemos el patrimonio nacional, qué condiciones ponemos a los capitales extranjeros y, fundamentalmente, cómo protegemos a nuestra gente.

    La salida de la crisis no puede consistir simplemente en reducir el Estado, disminuir la inversión pública, eliminar políticas sociales, entregar empresas estratégicas o recurrir al endeudamiento externo sin una estrategia productiva nacional.

    Bolivia necesita estabilizar su economía, pero también necesita producir, industrializar, generar empleo y proteger a las familias. Bolivia no puede salir de una crisis económica entregando su capacidad de decisión.

    La experiencia histórica de América Latina demuestra que las crisis económicas pueden convertirse en oportunidades para imponer agendas que, bajo el discurso de la modernización, terminan debilitando al Estado, privatizando bienes públicos, reduciendo derechos sociales y entregando sectores estratégicos a intereses privados.

    Por eso debemos mirar con especial atención las políticas económicas que impulsa el gobierno de Rodrigo Paz.

    No se trata de culpar de la gravedad de la crisis a los gobiernos anteriores. Se trata de preguntarnos ahora quién paga el costo de la crisis y quién obtiene beneficios de las soluciones, si es que las hay. La pregunta fundamental no es únicamente cuánto dinero puede conseguir Bolivia, sino: ¿para qué se va a endeudar, quién administrará esos recursos y quién pagará la deuda?

    No queremos dependencia de ningún imperio: ni del norte, ni del capital transnacional, ni de organismos financieros, ni de gobiernos extranjeros.

    Queremos una Bolivia soberana. La defensa del Estado Plurinacional también es económica.

    La Constitución Política del Estado no concibe a Bolivia únicamente como un mercado. Reconoce un Estado Plurinacional, con recursos naturales estratégicos y con responsabilidades sociales y económicas. Por eso, defender el Estado Plurinacional significa defender: el litio, el gas, los minerales, el agua, los bosques, la biodiversidad, las empresas estratégicas, la seguridad alimentaria y el patrimonio público.

    Pero también significa defender la democracia, la transparencia y el derecho de la ciudadanía a saber quién toma las decisiones.

    Cochabamba, agosto de 2026

    Por María Isabel Caero

  • ¿Tiranía del mercado o Estado fuerte?

    ¿Tiranía del mercado o Estado fuerte?

    La situación económica en Bolivia es una tormenta que no da tregua al pueblo. El dólar sube sin techo, la inflación golpea a los más vulnerables, la inseguridad retorna con violencia desmedida, y como si fuera poco, el gobierno celebra como “gran éxito” un préstamo de 1.900 millones de dólares del FMI. Lo presentan como buena noticia, cuando en realidad amenaza con ahogar aún más a las familias.

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  • La indexación al dólar: el nuevo grillete neoliberal contra la soberanía económica de Bolivia

    La indexación al dólar: el nuevo grillete neoliberal contra la soberanía económica de Bolivia

    La indexación de la economía boliviana al dólar no constituye una medida técnica para enfrentar la escasez de combustibles ni una respuesta coyuntural a la crisis económica. Es un paso más en la consolidación de un modelo neoliberal que traslada el peso de la crisis internacional sobre las espaldas del pueblo, renuncia a la soberanía económica conquistada por el Estado Plurinacional y fortalece a los grupos económicos que han convertido la importación, la especulación y la intermediación en un negocio multimillonario.

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