Autor: Antonio Abal O.

  • Estado de situación

    Estado de situación

    En estos días aciagos de una lucha a muerte entre la ambición el poder y su inseparable sombra que es la muerte, los bolivianos y bolivianas nos encontramos envueltos en una trama que desnuda los recovecos del poder político y la acumulación de riqueza.

    Bolivia tiene una historia plagada de tragedias, grandes fortunas amasadas con el sufrimiento de hombres y mujeres que desde tiempos coloniales son el sujeto del desprecio. Los arrebatos racistas que caracterizan los discursos “civilizados” de una modernidad inconclusa, son la antesala de las tragedias que afectan duramente a ese pueblo que sostiene sobre sus espaldas a las elites que les enajenaron no solamente sus territorios sino parte de su dignidad.

    El culebrón Beller-Cerimedo ha desnudado esa querella por el poder, aquí no importa el montaje del escenario, tampoco importan los actores, sino los efectos de la obra sobre los indefensos observadores que angustiados estamos naturalizando estos acontecimientos cuidadosamente acumulados, para que por repetición sean aceptados como característica del poder. Indefensos como estamos, somos prisioneros de la angustia y el temor, materia prima para aceptar cualquier posibilidad que nos devuelva la tranquilidad en su versión de “salvadores de la patria”, nuevamente la perversa separación entre “clase política” y pueblo nos ha convertido en una especie de comarca feudal donde los nobles disfrutan de sus privilegios y al resto sólo nos queda festejar sus ocurrencias y sus confrontaciones.

    Las elites, en esta su confrontación por el poder saben que el pueblo en su veredicto electoral no volverá a repetir el “mal menor”, saben que su ciclo tiene su fatal fecha de expiración, por eso asumen medidas desesperadas para definir su hegemonía, para definir su derecho de propiedad sobre el Estado, sobre las vidas y haciendas.

    Por el otro lado existe un pueblo que no encuentra el cauce que redima sus angustias, sus temores, la llamada izquierda fue el peor ejemplo durante el gobierno de Luis Arce, y sirvió para que se pierda la legitimidad ganada en las bocaminas, en las fábricas, en las aulas universitarias y las jornadas de lucha callejera ¿cómo rearticular ese cuerpo fracturado?

    Hace pocos días atrás en Cochabamba se realizó un conversatorio justamente para encontrar respuestas a esta pregunta. Los matices de las respuestas tenían un punto en común: defender lo avanzado, que nos es otra cosa que la defensa de la Constitución, que tiene una sentencia de muerte dictada por el poder concentrado de las oligarquías agro-mineras-empresariales.

    Los escenarios violentos de ajusticiamientos, secuestros, robos asaltos, están acompañados de medidas económicas sorpresivas en forma de decretos, amparados en un Estado de excepción que no logra domesticar la furia popular. Las primeras rupturas de esta medida ya se han manifestado y es que tarde o temprano una gota hace que el agua se desborde, y esa gota se encuentra en el entramado de un triángulo amoroso (o tal vez un cuarteto) que arrastró a todo el país; las diferentes interpretaciones de este acontecimiento confunden mucho más al atribulado pueblo que deambula buscando alimento y carburantes, el gobierno ya no puede dar certeza de nada, su vocero en pocos segundos es desmentido en sus aseveraciones y sus palabras hilvanadas para explicar lo sucedido tratan de opacar la inteligencia que todavía nos permite discernir entre tanta caótica información que destila un color amarillento.

    La descomunal batalla entre un aparato mediático y los ciudadanos indefensos está logrando éxitos, ya que los temores se transforman en conductas decididas para aceptar “lo que venga” con la esperanza de ver, por fin, acabada esta desequilibrada realidad, que por otra parte fue culpa también de la decisión popular. No dejarse intimidar por el miedo y seguir caminando pese a las adversidades y tener claro que toda conquista se defiende o se la pierde, según la intensidad de la batalla, es pues la tarea cotidiana de nuestra existencia.

    Antonio Abal O.

  • TCOs en Peligro

    TCOs en Peligro

    1990, fue el año de la Reforma Agraria para los pueblos indígenas de la amazonía boliviana, en ese año, los pueblos indígenas arrancaron un decreto al gobierno de J. Paz que les garantizaba la propiedad de sus territorios, constantemente amenazados y avasallados por la expansión de la frontera agrícola del sistema latifundista y los saqueadores de madera.

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  • Gramsci para bolivianos

    Gramsci para bolivianos

    ¿Cómo entender la actual situación política de Bolivia? La elaboración teórica de Gramsci acerca de la hegemonía nos puede dar muchas luces para entender el proceso que vamos viviendo. Una pregunta inicial es: ¿Cómo se puede soportar un gobierno con todas las características abiertamente corruptas? Y una primera aproximación a este tema tiene que ver con la hegemonía, un proceso construido en la vida cotidiana, por eso mismo con apariencia de “natural”.

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  • La doble agenda del gobierno: mientras el pueblo mira el conflicto, el neoliberalismo avanza

    La doble agenda del gobierno: mientras el pueblo mira el conflicto, el neoliberalismo avanza

    Los cincuenta días de conflicto que atravesó Bolivia no fueron únicamente una crisis social ni un episodio de ingobernabilidad. Fueron la demostración de una forma de gobernar. Mientras la población permanecía atrapada entre bloqueos, escasez de combustibles, amenazas y negociaciones interminables, el gobierno de Rodrigo Paz avanzó silenciosamente en la transformación del modelo económico. La verdadera batalla no se libraba en las carreteras, sino en los decretos, los convenios internacionales y las reformas que comienzan a reorientar el Estado Plurinacional hacia un nuevo ciclo de remiendos neoliberales.

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  • La COB y su posible futuro

    La COB y su posible futuro

    Nacida en los turbulentos días de la rebelión popular de 1952 la Central Obrera Boliviana, fue denominada como un “soviet boliviano” por su carácter deliberativo y su co-gobierno de facto. El corazón que dio vida a la COB fue el sindicalismo minero nucleado en la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) las masacres y el debate ideológico en su seno le dieron su carácter combativo y su claridad en su rol revolucionario. Negar el rol histórico de lucha del proletariado minero sería un error fatal, como lo sería el negar que la COB ha sido (pese a sus dirigencias) el ajayu de un pueblo que en eterna lucha sigue caminando para construir un Estado de verdad con todos y todas y para todos y todas.

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  • La ruptura del Ayni

    La ruptura del Ayni

    En forma coloquial, y por las redes sociales, Jorge Richter motiva una reflexión para Rodrigo Paz. Es un buen retrato del momento político en Bolivia y la causa central de este conflicto. Como señala Richter es un tema sociológico referido a la confianza, a la palabra empeñada, que en culturas cuya base de comunicación es la oralidad, como son las culturas andinas, una promesa conlleva a la complementariedad entre lo pactado, es pues el ayni traducido en la práctica política.

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  • La crisis crónica del estado colonial

    La crisis crónica del estado colonial

    El estado, ese ente todopoderoso, preocupación de filósofos, economistas, sociólogos, politólogos, etc, a través de la historia, tiene sus formas camaleónicas de presentación, lo que no cambia es su estructura que le ha permitido reproducirse y constituir el “modelo” de organización de una sociedad, cuyo centro motor son las elites.

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  • De fantasmas y diálogos

    De fantasmas y diálogos

    Las últimas 24 horas, muchas organizaciones sociales, han tomado la decisión de plegarse al pedido de renuncia del presidente. La paralización (parcial) de actividades en la ciudad de La Paz y en la ciudad de El Alto, se ha radicalizado, se puede decir que los dos centros urbanos, uno sede de gobierno, se encuentran cercados completamente.

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