Categoría: Artículos

  • ¡El rumbo a seguir!

    ¡El rumbo a seguir!

    Cuando estamos a punto de cumplir el primer año del gobierno más incapaz del siglo XXI, resulta no solamente prudente, sino imprescindible, preguntarnos cuál es el rumbo que debe seguir el movimiento popular boliviano. En medio de una crisis económica que golpea los hogares, deteriora las condiciones de vida y profundiza las incertidumbres, la ausencia de un liderazgo claramente identificado no puede convertirse en ausencia de pensamiento, de propuestas ni de horizonte político.

    Es tiempo de volver la mirada hacia la Constitución Política del Estado, no para contemplarla como un conjunto de normas que establecen los límites de nuestra convivencia, sino para asumirla como un desafío histórico, como el punto de partida de un proyecto nacional capaz de impulsar a Bolivia hacia un futuro de soberanía, justicia social y dignidad colectiva.

    Pero retomar el camino constitucional exige también un ejercicio de memoria y autocrítica. Reconocer en qué momento comenzaron a abandonarse las líneas estratégicas que inspiraron las grandes transformaciones nacionales, identificar las contradicciones que no supimos superar y recuperar aquello que quedó pendiente. Porque defender las conquistas del Proceso de Cambio no significa justificar sus errores, ni mucho menos renunciar a la posibilidad de profundizar sus transformaciones.

    La justicia, la salud, la educación y la cultura deben recuperar su condición de pilares fundamentales de la construcción del Estado Plurinacional. No pueden continuar subordinadas a las urgencias administrativas ni a los cálculos circunstanciales del poder. La justicia debe dejar de ser un privilegio; la salud, una incertidumbre; la educación, una promesa inconclusa; y la cultura, una expresión secundaria de la gestión pública. Todas ellas constituyen derechos, pero también instrumentos esenciales para la descolonización, la igualdad y la afirmación de nuestra identidad nacional.

    La industrialización de los recursos naturales debe volver al centro de la agenda nacional, pero con la determinación que exigen los desafíos del siglo XXI. No basta con proclamar la soberanía sobre nuestras riquezas mientras sus mayores beneficios continúen escapando de nuestras fronteras. Es necesario transformar nuestras materias primas, fortalecer las empresas públicas, recuperar el protagonismo productivo del Estado y construir una economía capaz de generar riqueza, trabajo y bienestar para el pueblo boliviano. Todo ello con solidez jurídica, visión política y sensibilidad social.

    Tampoco puede quedar al margen la cuestión de la tierra, su distribución y su función social. La persistencia de estructuras de concentración económica y territorial nos recuerda que la transformación del Estado no se agota en su definición constitucional, sino que debe expresarse en cambios reales en las relaciones de poder, en la producción y en la distribución de la riqueza.

    Retomar el Vivir Bien y la armonía con la Madre Tierra exige algo más que repetir consignas. Supone convertir estos principios en conciencia colectiva, en conducta política y en políticas públicas consecuentes. No podemos invocar la defensa de la naturaleza mientras toleramos su depredación, ni proclamar el respeto a los pueblos indígenas mientras sus territorios y sus derechos quedan subordinados a intereses económicos. El Vivir Bien debe recuperar su dimensión ética y convertirse en una de las mayores contribuciones que Bolivia pueda ofrecer al pensamiento universal.

    Pero ningún proyecto nacional popular podrá reconstruirse únicamente desde los escritorios, las estructuras partidarias o la expectativa de que aparezca un nuevo conductor. Su fuerza debe nacer nuevamente de los trabajadores del campo y las ciudades, de los pueblos indígena originario campesinos, de las mujeres, de la juventud y de las organizaciones sociales, recuperando la participación democrática, la conciencia política y la capacidad de construir un destino común.

    Bolivia no necesita solamente encontrar un nuevo liderazgo. Necesita, ante todo, recuperar un proyecto histórico que le dé sentido. Un proyecto que no reniegue de las conquistas alcanzadas, que tenga el valor de reconocer sus propias equivocaciones y que no confunda la defensa del pasado con la renuncia a construir el futuro.

    Quizás el gran desafío de nuestro tiempo no sea preguntarnos únicamente quién debe conducir el movimiento popular, sino hacia dónde queremos conducir Bolivia, con qué proyecto de país y bajo qué principios irrenunciables.

    Sobre estas interrogantes, y sobre las tareas pendientes de nuestra transformación nacional, abrimos hoy la reflexión y el debate.

    Esta es, Nuestra Palabra

    Este sábado 31 de octubre analizamos este tema junto a Cintya Vargas de Nuestra Palabra Cochabamba e Iván Castellón y Javier Terán. Desde las 10:00 por la señal de Radio Cepra.

    Conduce MALAMEN.

  • Empresas estatales

    Empresas estatales

    Se habla con convicción e insistencia de liquidar las empresas estatales, por innecesarias, deficitarias o inviables, pero no basta para un diagnóstico solamente ver la situación actual, sino analizar el contexto de su nacimiento, el proceso de su construcción y los resultados. La fórmula no es nueva: en la época del 21060, se cerraron más de 200 empresas, las que nunca volvieron a ser las mismas, contrayéndose la economía nacional.

    En el periodo 2006-2019, la creación de empresas estatales se debió no a un plan preconcebido, sino a las urgencias del momento, entre éstas están las presiones sociales, regionales o las de emergencia.

    Así la creación de la empresa SENATEX fue producto de la quiebra de AMETEX/EMATEX, cuyos propietarios eran la familia Iberkleid, que gracias a la liberación aduanera de Estados Unidos pudo erigir una empresa exitosa, llegando a tener 2.000 trabajadores. Sin embargo, la supresión de la ATPDEA la dejó sin mercado y a pesar de sus esfuerzos quebró; la desocupación y la enorme infraestructura paralizada crearon un problema social que obligó al Estado a asumir su conducción, con resultados magros; el mercado sigue contraído, la competencia es amplia: telas chinas y ropa usada; la empresa trabaja prestando servicios.

    La creación de Boliviana de Aviación (BoA) fue fruto de la quiebra del LAB, empresa capitalizada y luego de AEROSUR, un emprendimiento privado, que prácticamente nos dejó sin transporte aéreo. Frente a apoyar al capital privado -perdonando la enorme deuda tributaria- se prefirió crear una empresa estatal; sus resultados son cuestionables, pero salvó la emergencia y no se la puede liquidar, sin tomar previsiones para el futuro, más aún cuando el transporte aéreo se ha vuelto masivo. El capital se mueve por sus intereses y no los de la gente; nuestra debilidad es la contracción de la economía donde la población prefiere un servicio más económico.

    Las emergencias dieron paso a la intervención del Estado en el caso del agua y de la luz de La Paz. Se le dio capacidad de servicio a EPSAS S.A. con las represas de Hampaturi II, Chacaltaya y Alpaquita para La Paz, que garantizan el servicio para hasta diez años; sin embargo, existen problemas estructurales: de propiedad y la administración eficiente. Se construyó la termoeléctrica en El Alto para garantizar el servicio de luz.

    Hay también empresas creadas al calor de las demandas regionales, entre ellas está el ingenio de azúcar de San Buenaventura, demandado desde la década del 70 del siglo pasado, cuando se inició la marcha al norte en La Paz; su problema no es la tecnología sino la ausencia de productores de caña de azúcar, una práctica desconocida en La Paz. Hoy se da la migración de empresarios de otros departamentos y la siembra por la misma EASBA, el sueño no puede quedar en eso. Lo propio ocurre con la represa de Misicuni, vieja aspiración de Cochabamba que se concretó; sin embargo, falta la hidroeléctrica y que los municipios asuman su participación, con la red de distribución.

    Hay proyectos estratégicos como el del litio y el Mutún, que han esperado mucho tiempo: si su objetivo es superar el extractivismo y avanzar hacia la industrialización, su concreción sólo se podría dar en un gobierno estatista. En el caso del litio después de mucha experimentación se aprobó el proyecto con el financiamiento del Estado, su producción de carbonato de litio era para encarar la fabricación de baterías, más allá de que esta cadena implicaba más de 40 proyectos colaterales para el suministro de insumos. Cuando el golpe del 2019, se pretendió anular los contratos de construcción de las plantas y se paralizó el proyecto; ante la imposibilidad de romper los contratos, se dio continuidad y se entregaron las plantas, en conformidad; sin embargo, la parte boliviana no cumplió su parte: la construcción de las piscinas y la captación de agua. Es decir que es un proyecto inconcluso, no se le puede pedir eficiencia, sin embargo, se mantuvo al personal sin hacer nada y se nivelaron los salarios a los de YPFB.

    En el caso del Mutún, es casi lo mismo, el 2019 se pretendió romper el contrato, se paralizaron los desembolsos para la compra de equipos con proveedores, los que iniciaron juicios ante los perjuicios ocasionados; el resultado es que el proyecto no se concluyó, aunque se hizo una entrega provisional, hoy anuncian una nueva renegociación, ojalá se concrete.

    Hasta hace poco se ponderaba la eficiencia de la fábrica de vidrios en Zudáñez, se anunció la firma de un contrato millonario con Coca-Cola; hoy se nos informa que está paralizada. En la misma situación se encuentran la fábrica de cemento de Oruro -que ya funcionaba- y la de Potosí que está en construcción; esta última es producto del paro cívico de los 18 días.

    Si bien se puede decir que ha habido improvisación, es el periodo neoliberal que nos ha privado de los talentos humanos para el desarrollo; que se impusieron las presiones locales, que hay ineficiencia, corrupción, puede ser; estas observaciones cuestionan la capacidad y la falta de planificación -cuando se cierra este ministerio- y se santifica al mercado.

  • Brasil: algo más que un balotaje

    Brasil: algo más que un balotaje

    Lula durante su último mandato cometió muchos errores, entre ellos mirar mas al otro lado del océano que a Latinoamérica. Pero ese no es el punto. Estamos a pocas horas para que en Brasil se escoja entre un Lula errático y un Bolsonaro cipayo, alfil del imperialismo y peligroso peón del sionismo y los intereses multinacionales.

    Solo un ingenuo puede pensar que la contienda electoral es una batalla entre dos candidatos igualados, cuando los ejemplos del último año nos demuestran que con el caso de Bolivia y las amarradas elecciones, la elección de Fujimori en Perú y la asunción al poder en Colombia de Abelardo de La Espriella son resultado de elecciones idóneas, cuando el mundo entero ya sabe que Estados Unidos as través de “terroristas desinformantes” como Cerimedo fraguaron los resultados de todos estos procesos y Brasil no es la excepción. Antes fueron las elecciones de Kast, Noboa y Milei, todos perversos personajes que juegan las cartas de Trump, y el siguiente pasó es arremeter contra Claudia Sheinbaum.

    Pero Brasil no es cualquier ficha, estamos hablando de la economía mas fuerte de la región, y poder controlar ese país a través de un lacayo como Bolsonaro es al mismo tiempo clavar un puñal en el mismo corazón de los Brics y por tanto, eliminar un socio clave de Rusia y China y por tanto en esta batalla global por la supremacía de la geopolítica mundial, es un golpe de timón muy representativo.

    Con la derrota de Lula, también se elimina el último vestigio de una generación de gobernantes que elevaron la voz ante occidente y que en su momento hablaron de tú a tú con Estados Unidos y Europa, estamos hablando de la generación encabezada por Hugo Chavez, Evo Morales, Rafael Correa, Nestor Kirschner y el propio Lula da Silva y que tenían como mentores a Fidel y Raúl Castro. Unos fueron eliminados, otros exiliados o encerrados al aire libre y por último Lula que ya fue encarcelado y ahora ultrajado en primera vuelta.

    Pero este domingo no es solamente un balotaje para saber si Lula logró mantener ese electorado que lo llevó a Brasilia hace cuatro años, no, ahora Lula, el domingo se enfrenta a la derecha brasilera, a los sectores más conservadores de Brasil, a todo el aparato de inteligencia y espionaje sionista, a las iglesias evangelistas subvencionadas por la CIA y a todo un ejército de redes sociales que lo atacan permanentemente, orquestadas por Musk y con operadores desechables como Cerimedo y sus granjas de Bots.

    Podrá Lula revertir ese panorama adverso o sucumbirá ante una batalla a todas vistas desigual. Que la ingenuidad nos demuestre que estamos equivocados.

    Esta es, Nuestra Palabra.

    Este sábado 24 de octubre a las 10:00 por Radio Cepra , estaremos junto a Jonas Rojas Guzmán y desde México con Alfredo Rada para ver las posibilidades de Lula de derrotar a toda la extrema derecha y el sionismo reunido.

    Síguenos en nuestras Redes Sociales en Facebook Nuestra Palabra Cochabamba y por Youtube en Radio Cepra. Conduce MALAMEN.

  • La Fuerza de la Rebelión

    La Fuerza de la Rebelión

    La crítica, desde fuera, a los acontecimientos y dinámicas dentro del movimiento popular, ligado a una organización política en crisis, debe tomar en cuenta el origen de una sociedad, compleja y para usar una trillada categoría: “abigarrada”. No es una casualidad que los acontecimientos políticos en Bolivia se repitan constantemente y no se correspondan con la afirmación de Marx que primero son tragedias y luego adquieren su carácter de comedia; en el caso boliviano todas las repeticiones han sido y son tragedias.

    Repetir, machaconamente que “el voto nulo es el responsable de la llegada al gobierno de Rodrigo Paz” es aceptar que la “democracia” parlamentaria es la solución a los problemas estructurales de Bolivia, es también una opinión que confirma la pérdida de un horizonte verazmente revolucionario en Bolivia. Tener parlamentarios supuestamente de “izquierda” no son garantía de cambio en una sociedad, son simplemente instrumentos de reproducción de un sistema que en si mismo no representa al pueblo ¿Por qué no cambió el parlamento, en sus procedimientos y atribuciones, cuando existía una mayoría, que sí podía hacerlo? Un ejemplo de verdadero cambio es que desaparezca la Cámara de senadores y que los Diputados sean todos uninominales y sus electores con derecho a veto. Reclamar representación parlamentaria en un sistema democrático, que no responde al pueblo y con artilugios que tuercen la lógica de representación y poder, son justamente los instrumentos que permiten golpes de Estado como el chileno de 1973 o el caso boliviano del 2019.

    Los protagonistas de la historia, como bien sabemos, han sido y son los pueblos en tanto pueblo, no los héroes solitarios con halo divino. La búsqueda de “un liderazgo” es el pivote en el que giran las individualidades buscando ese lugar y por supuesto obstruyendo la posibilidad de una unidad cierta y sostenible. El maremágnum de “potenciales candidatos” no líderes, que circulan en redes sociales, por la misma cultura individual inducida de estos modernos medios, no son producto de recorridos históricos que forman y producen los liderazgos, ejemplos sobran.

    Estamos en tiempos de desafíos al poco humanismo que todavía pervive en este mundo en guerra mediática constante y con guerras de agresión que son la evidencia de la deshumanización como en Palestina. La peligrosa espiral que puede terminar en una guerra nuclear nos obliga a dejar los acomplejados rencores locales para abrir y analizar el panorama en el que nos encontramos.

    En un país con una complejidad cultural, es natural que también se presente una diversa postura ideológica, en respeto a esa diversidad no se puede imponer una ideología como la “única y verdadera” que es una de las razones para que no exista unidad, especialmente en la izquierda boliviana, este aspecto -la única verdad- es un rasgo del pensamiento fascista, que por supuesto tiene sus antepasados como la escolástica, que nos llegó para “extirpar las idolatrías” es decir acabar con otras cosmovisiones, cosa que no pudieron y se encuentran vigentes hasta hoy. La derecha puede tener sus diferencias que incluso aparentan antagonismos irreconciliables, pero a la hora de defender sus intereses todos se unen, como vemos el actual parlamento. Tienen muy claro el objetivo de mantener un statu quo, de una sociedad jerarquizada y con privilegios; en cambio las experiencias de gobiernos de izquierda en Bolivia se ha debatido desde siempre la disyuntiva de: Reforma o Revolución, y siempre se ha optado por la reforma, incluida la intención de tener una Constitución que garantice el proceso revolucionario que finalmente fue “reformada” con los poderes fácticos, en lugar de dar al traste con ellos.

    La debilidad actual del movimiento popular en su composición variopinta se encuentra en esa vieja disputa de cambio estatal frente a una mera administración del gobierno. Existen varios momentos en nuestra historia que nos grafican esta situación, tal vez la más dramática es la relación de Zarate Willka y J.M. Pando, un compromiso de entregar las tierras usurpadas a sus legítimos dueños, termina con el asesinato de Willka. Es esta relación que necesita su definitiva ruptura y la forma no es otra que una acción revolucionaria.

  • Una insurrección sin conducción es el camino a la derrota

    Una insurrección sin conducción es el camino a la derrota

    La movilización popular puede poner en jaque a un gobierno, pero no basta con salir a las calles para construir una alternativa de poder. La experiencia boliviana lo demuestra: sin conducción política, objetivos compartidos y una estrategia capaz de convertir el descontento en fuerza organizada, la resistencia corre el riesgo de desgastarse mientras sus adversarios consolidan posiciones. Mientras la Central Obrera Boliviana (COB) se declara en emergencia sin definir sus próximos pasos, en Santa Cruz avanzan proyectos institucionales y de control territorial impulsados por sectores conservadores. La diferencia no es menor: unos reaccionan ante la coyuntura; otros trabajan para modificar las condiciones en las que se librará la próxima disputa política.

    El movimiento popular todavía no ha hecho el balance que necesita. Los 53 días de movilización constituyeron una resistencia activa, pero no lograron traducirse en una dirección capaz de articular las demandas sectoriales con un horizonte político común. La eliminación de la subvención al diésel mediante el DS 5716, que elevó su precio de 9,80 a 17,95 bolivianos por litro, se suma al encarecimiento de los servicios básicos y las tarifas eléctricas. El malestar social tiene causas concretas. Sin embargo, la indignación no sustituye a la organización, ni la convocatoria a la insurrección reemplaza la construcción de una plataforma de lucha.

    Hay errores que seguimos arrastrando. El voto nulo, las decisiones tomadas sin cálculo político y el respaldo indirecto a candidaturas que terminaron favoreciendo a Rodrigo Paz dejaron consecuencias que todavía no hemos discutido seriamente. También fue un error convertir la renuncia presidencial en consigna sin evaluar la correlación de fuerzas ni construir una salida política compartida. Un gobierno que controla el aparato estatal, dispone de recursos coercitivos y tiene capacidad de instalar su relato en los medios puede aprovechar esas debilidades. La judicialización de la protesta y las órdenes de aprehensión contra dirigentes sindicales son parte de ese escenario. Llamar dictadura a cualquier forma de represión no basta: necesitamos explicar qué características tiene el poder que enfrentamos y cómo organizar una resistencia capaz de disputarle la iniciativa.

    Mientras tanto, Santa Cruz avanza con una agenda propia. La creación de la Defensoría de las Cruceñas y los Cruceños, la proyectada Guardia Departamental y la propuesta de subordinar los comandos policiales a los gobernadores expresan una disputa que va más allá de la administración autonómica. Recuperan aspiraciones históricas de los sectores conservadores de la Media Luna y buscan ampliar su capacidad de intervención territorial. Frente a esa iniciativa, la fragmentación popular y las disputas por el liderazgo constituyen una desventaja estratégica.

    La lección de la Guerra del Agua de Cochabamba, en el año 2000, sigue vigente. Nadie necesitó proclamar la insurrección como punto de partida: la lucha se articuló alrededor de una reivindicación concreta, comprensible y compartida. La defensa del agua frente a su mercantilización permitió que la movilización creciera hasta convertirse en una fuerza capaz de derrotar una política y cuestionar al poder que la sostenía. La insurrección fue el resultado de la organización, no un sustituto de ella.

    Hoy, la unidad tampoco puede confundirse con la subordinación a un dirigente, una corriente o una organización. La marcha evista hacia La Paz, inicialmente planteada contra el DS 5716 y luego postergada sin fecha, evidencia las dificultades para articular una respuesta común. La fórmula de la unidad detrás de un liderazgo preestablecido termina expulsando a quienes no aceptan esa conducción. La unidad popular exige democracia interna, congresos representativos y capacidad de construir acuerdos, incluso entre sectores que discrepan políticamente.

    En la tradición andino-amazónica, el consenso supone ceder para construir algo común. No podemos exigir al adversario que retroceda mientras nosotros nos negamos a resolver nuestras diferencias. Si el Gobierno apuesta por prolongar las medidas excepcionales y convertir cada conflicto en una oportunidad para reforzar su posición, la respuesta popular necesita organización, análisis y planificación. La resistencia pasiva puede evitar provocaciones que favorezcan la represión; la resistencia activa requiere objetivos, dirección y un plan para sostener la movilización.

    No se trata de renunciar a la lucha, sino de impedir que el sacrificio de quienes salen a las calles termine favoreciendo a sus adversarios. Una insurrección popular sin liderazgo colectivo, sin plataforma política y sin estrategia para sostener sus conquistas no es el camino a la victoria: es el camino a la derrota. Antes de convocar nuevamente al pueblo, hagamos el balance, reconstruyamos la unidad desde abajo y preparemos una lucha que no se limite a resistir, sino que sea capaz de transformar la correlación de fuerzas.

  • ¿Qué haces frente a la dictadura?

    ¿Qué haces frente a la dictadura?

    La crisis del país pone contra las cuerdas a la gran mayoría de los bolivianos. La crisis parece no tener fin, pues los históricos referentes de las grandes mayorías parecen no encontrar respuestas para conducir a la oposición de la forma en que el pueblo está esperando.

    Parece que la única forma que se encuentra es resistir, pero la población viene resistiendo el golpe de Estado, la pandemia, el descalabro económico de Arce y ahora mientras sigue resistiendo contempla sin liderazgos visibles ni determinantes como Paz y sus bandidos destruyen el Estado Plurinacional y se preparan para liquidar en ofertas el país a Trump y los sionistas.

    Cochabamba, el núcleo articulador histórico de los cambios trascendentales , parece que no logra convocar a los movimientos populares para reorganizar una resistencia activa y propositiva. La Paz parece paralizada e intimidada por la beligerante política de la dictadura de Paz. Santa Cruz está embriagada por los cantos de sirena de libre mercado y privatización. Sucre y Chuquisaca tibiamente alzan la voz pero nadie les escucha. Oruro ya piensa en su convites y se prepara para su carnaval. Potosí solo quiere aeropuerto y que el Litio lo gestionen ellos. Tarija aún no se enteró que se que el bolsín es flexible. Pando y Beni hacen eco del Comité Cívico cruceño.

    Entonces, el movimiento popular está huérfano de quienes lancen ideas que incomoden y que empiecen a dar línea que ayude a resistir pero que al mismo tiempo desafíen el clima de excepción y conduzcan a acciones que hagan ebullición y rompan el statu quo.

    Hoy, más que cálculo político se requieren voces que quiebren la hegemonía mediática y den esperanza a un pueblo que resiste en la añoranza de tiempos en los que la soberanía y la dignidad se traducían en solvencia económica y autodeterminación.

    Esta, es Nuestra Palabra.

    ************************************************

    Este sábado 17 de octubre a las 10:00 por Radio Cepra, abordaremos este tema y la actualidad junto a Willy Cabezas , Aquilardo Caricari y Rolando Prudencio.

    Conduce Malamen.

  • ¿Reservas o descartes?

    ¿Reservas o descartes?

    Corre en los pasillos de la Asamblea Legislativa Plurinacional un proyecto de ley por el cual se pretende monetizar los llamados desmontes, colas y relaves, elementos que son patrimonio de COMIBOL, institución estatal a la que por mandato constitucional se dio derechos mineros para su explotación, industrialización y comercialización.

    Estos descartes provienen de la explotación minera desde la época de la colonia, son materiales formados con los desechos de la minería que la tecnología de entonces no permitía recuperar el 100% de los materiales valiosos contenidos en el mineral, además de contener elementos envolventes (tierra, etc.), nada interesantes. La explotación se orientaba a los yacimientos que tenían elementos casi puros, como el rosicler y la alpaquita en el caso de la plata, a las vetas con más del 30% de ley en el caso del estaño; su concentración era por procesos gravimétricos, prácticamente sólo una limpieza. Si bien la explotación era sobre vetas, para ser explotadas se requería de socavones y galerías para el desplazamiento del minero, generando una carga que debía ser sacada al exterior mina, para continuar el avance hasta llegar a la veta. La misma veta estaba encajonada en material estéril, acompañante hasta el proceso de concentración; el descarte es lo que se llama desmontes, según el tamaño del grano, pueden ser arenas o colas.

    Así por años se fueron acumulando enormes cerros: en Siglo XX el desmonte contiene 90 millones de toneladas, es granza de una pulgada de espesor, en Catavi las arenas son de 20 millones de toneladas. En la práctica productiva, los trabajadores los consideraban reservas, es decir factibles de ser procesadas con una mejor tecnología o ser tratadas nuevamente, como en el caso de Huanuni, donde enormes dunas de arena desaparecieron al ser retratadas en Machacamarca. Hasta hace poco estos yacimientos eran considerados pasivos ambientales cuando contenían azufre, su exposición al aire libre por la lluvia o el viento provoca aguas ácidas y polución, así muchos desmontes fueron encapsulados, como en San José, Telamayu, Tatasi, a un alto costo económico.

    En el costo de producción, la extracción mina es el ítem más costoso. Si tomamos en cuenta que la recuperación del mineral en promedio es del orden del 50% del mineral principal, el otro 50% está en estos yacimientos. Por otro lado, en general los yacimientos son polimetálicos; en la práctica la explotación es de uno sólo, por la determinación del precio del mercado, así estos yacimientos contienen otros elementos tradicionales con alto contenido de estaño, plata, zinc, plomo, cobre, bismuto, wólfram. Además, están los metales raros como el titanio, indio, cadmio, galio, cobalto, que con pocos contenidos tienen un alto valor.

    Es esta riqueza que se quiere monetizar, para ser claros: vender; al capital extranjero les interesa extraer el mineral y no su industrialización. Los yacimientos son del pueblo boliviano, el Estado le ha dado a COMIBOL el derecho del usufructo para crear valor, para el beneficio de la nación; de ninguna manera puede enajenarse: “El derecho minero en toda la cadena productiva así como los contratos mineros tiene que cumplir una función económica social ejercida directamente por los titulares.” (CPE, Art. 370, III). Lo máximo que se puede hacer es una asociación con una participación mayoritaria suya. Tal vez sea esta la razón por la que el proyecto de ley encarga esta tarea a una unidad del Ministerio de Minería, cuando por norma este despacho está prohibido de hacer acciones operativas, aunque sea vender.

    Si el Asambleísta realmente se preocupa por los descartes, que investigue qué pasa con los desmontes de Paca, que explota directamente una empresa china, sin tener Contrato de Asociación, los desmontes de Portugalete, Mesa de Plata y  Asientos, que desaparecen sin explicación alguna, o escuche la alarma de los pobladores de Atocha por el traslado, sin rumbo conocido, de los desmontes de Telamayu, ni que decir de la explotación, en plena ciudad, del patio de las oficinas de COMIBOL en Oruro, al pie del Santuario del Socavón. Para qué tendremos tanta riqueza, si no sabemos cuidarla y disfrutarla.

  • Y todavía no pueden matarte…

    Y todavía no pueden matarte…

    Este 8 de octubre se ha conmemorado el 59 aniversario del Día del Guerrillero Heroico. En 1967, en esa fecha, los serviles militares bolivianos al servicio de Estados Unidos anunciaban la muerte del celebérrimo comandante Ernesto Che Guevara, mientras fraguaban cómo asesinarlo y, luego, cómo hacerlo desaparecer para siempre. Al día siguiente de aquel año, un subordinado fue comisionado para cometer el crimen contra un prisionero indefenso y herido. El matarife de turno tuvo que darse valor con una buena dosis de alcohol. Luego, el cadáver del guerrillero fue llevado a Vallegrande y exhibido como trofeo de guerra. El efecto fue exactamente contrario al deseado por los asesinos: un Che con los ojos abiertos quedaba en las retinas del mundo, recordando su hombría y consecuencia con los ideales que en vida sustentó.

    Desaparecidos sus restos, la leyenda creció. El tiempo avivó el sentimiento popular no sólo del continente, sino de la humanidad entera. Desde entonces, su figura, su pensamiento, su acción, sirven de ejemplo a pueblos en lucha. Se le puede distinguir en las protestas palestinas que el sionismo intenta acabar a sangre y fuego, en las muchedumbres que en Irán festejan a diario las bofetadas que le propinan a Trump, en aquellas guerrillas épicas de Vietnam que terminaron por obsequiar al imperio otra vergonzosa derrota, con huida incluida… y así, sucesivamente, en las diversas luchas que en nuestro continente tienen al Che Guevara como estandarte y guía.

    Frente a esa realidad, el imperio reacciona iracundo. Intentó ahogar en sangre y con desapariciones forzadas a la terquedad de la historia, instrumentando un Plan Cóndor con decenas de miles de víctimas en el Cono Sur, haciendo de la tortura una ciencia en la que instruía a sus “defensores de la democracia” y de los valores occidentales y cristianos. El fracaso del intento es evidente. Así que ahora, “Escudo de las Américas” de por medio, se ha propuesto borrar por las buenas y por las malas todo vestigio del Che, de Fidel, de los símbolos de nuestros pueblos indígenas y originarios. Pollo Paz Pereira, presto siempre a bajarse los pantalones cada vez que se lo pide Marco Rubio, ha instruido la pronta eliminación de la Whipala y otros símbolos patrios, asumidos de manera democrática por los pueblos del Estado Plurinacional en una histórica Asamblea Constituyente. A la par, una iniciativa parlamentaria intenta, por la vía de una ley, desterrar para siempre la efigie, la memoria, el pensamiento y todo aquello que recuerde al Che, prohibiendo el uso de su nombre para designar espacios públicos. En algún cuartel, ante soldados cuya disciplina los obliga a oir en posición de firmes, un oficial da una perorata lamentable. Apela al carácter de “extranjero” para desacreditar al insigne guerrillero, ignorando que, en esa lógica, habría que desterrar la imagen de nuestros Libertadores Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, nacidos en Venezuela. Desde hace décadas, la sabiduría popular calificó a estos rastreros de uniforme con el rótulo de gorilas.

    Pero, en el otro extremo, la historia es siempre fidedigna. No en vano, herido en combate, el Che fue llevado en hombros de un minero, Simeón Cuba Sanabria (Willy), bien boliviano, a despecho de sus detractores; como tampoco es casual que unas mujeres de pueblo enfrentaran en la escuelita de La Higuera a la soldadesca para entregar un plato de sopa de maní a un hombre valiente.

    En contraste, el rosario de genuflexiones de Paz Pereira al amo yanqui, no resuelve ninguno de los graves problemas que agobian al país y que castigan al pueblo trabajador. Explotación, saqueo de los recursos naturales en cualquier parte del mundo, opresión e injusticia. Esas y no otras, son las razones por las cuales, el Che y su ideario seguirán reproduciéndose en el espíritu, el corazón y la mente de los pobres, de los desposeídos, de los postergados.

    Los Cerimedo de turno podrán, momentáneamente, ofuscar y confundir a los pueblos; pero más temprano que tarde, la luz diáfana del Che y de sus heroicos compañeros termina siempre abriéndose paso entre la niebla, mostrándonos en el cada vez más cercano horizonte, la alborada de la vida, el día del amor y la hermandad.