Categoría: Artículos

La semana pasada recordamos los 50 años del golpe de Estado que llevó al entonces coronel Hugo Banzer al poder e inauguró la más larga dictadura en la historia boliviana contemporánea. Fue el tiempo donde los derechos humanos centraron la atención por parte de instituciones y la sociedad civil.

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La Iglesia católica ese poder nacido en las catacumbas y la creencia profunda de la fe en la redención de los pobres, de los marginados, fue reemplazado por una burocracia que a lo largo de su vida se ocupó de perfeccionar esta máquina que ya tiene más de dos mil años de vida y que ha servido para dominar conciencias y acumular poder y riqueza.

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Ese 21 de agosto de 1971, en el golpe de estado de Hugo Banzer, que cumple 50 años y lo traemos hoy a la memoria, se asemeja al noviembre de 2019 porque nos retrata los 21 días que el pueblo resistió a esa embestida cruel de los que asaltaron al poder en complicidad de militares, civiles, policías y la misma Iglesia Católica.

Pero a diferencia de ese episodio trágico de 1971, hubo una mujer como Domitila Barrios de Chungara que desafío no a la metralla, sino al miedo, una mujer de inmenso coraje que superando el miedo de sus compañeros mineros, supo asumir una conducta que derrotó a la dictadura banzerista.

La ruptura del miedo ha servido para que plebeyos destronen a las noblezas europeas, la ruptura del miedo ha servido para que en Bolivia se recupere la democracia, arrebatada por las dictaduras. Estamos claros que una actitud individual no es la que mueve la historia, pero es la “chispa que enciende la pradera”, decía alguien por ahí.

Las investigaciones realizadas por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, que trabajó para la CIDH, nos reveló que el ex ministro de Defensa, Luis Fernando López, había dicho “En noviembre de 2019, en la peor época de la democracia, las Fuerzas Armadas no dispararon ni un cartucho; ningún fallecido fue a causa de la Policía o las Fuerzas Armadas”.

Lo mismo había dicho el exministro de Gobierno, Arturo Murillo, quien incluso culpó de las muertes a los propios manifestantes, que, en su criterio, se dispararon entre sí. Todas esas falsas narrativas cayeron en saco roto.

Las investigaciones del Grupo de Expertos, concluyó que en esa ocasión hubo graves violaciones a los DD.HH. con el saldo lamentable, que el gobierno de facto se negó en ese tiempo. Hubo intervención policial-militar que hubiera tenido un triste desenlace, ¿por qué la presidenta de facto firmó el decreto que liberaba de acciones penales a los militares?

En esos conflictos, con dura resistencia, se terminó con una ley sancionada en la Asamblea Legislativa y luego promulgada por Áñez. Sin embargo, la exmandataria, que nunca se había reunido con los movimientos en conflicto, se atribuyó la solución de la crisis y para colmo dijo ser ella quien trabajó por una “segunda pacificación”!!

Y para poner el sarcasmo a lo que relatamos es lo que pone a afirmar el exministro Murillo cuando afirma que esa resolución de la crisis tampoco fue con un solo tiro. ¿Vamos a creernos los relatos?

La lucha del pueblo ya no es simplemente por recuperar la democracia, sino por recuperar el Estado que fue vaciado y desmantelado como protector de la población. Todos los derechos han sido anulados y el derecho a la vida ha sido reemplazado por la obligación de la muerte.

Bolivia, tras las revelaciones del Informe del GIEI, entra en una dura tarea de construir un futuro frente al temor, la incertidumbre y un futuro hipotecado por un clan cleptocrático que se adueñó del gobierno durante 11 meses tras un golpe sangriento y masacres.

¿Será que como Domitila podamos derrotar el miedo que no solo nos mató a bala sino que nos atemoriza cuando los portavoces de la derecha boliviana (dirigentes cívicos, aliados políticos, militares, Iglesia Católica y medios de comunicación afines a esos) nos anuncian la muerte todos los días a nuestra patria?

La cultura de la vida es paciente, pero tiene un límite, el momento que vivimos requiere mucha serenidad para vislumbrar un futuro que despeje la niebla que no permite ver con claridad el peligro que se cierne sobre las conquistas democráticas, y la supervivencia del mismo Estado. Vencimos al miedo, un desafío que lo asumimos y eso ya es mucho.

*Luis Camilo Romero, es comunicador boliviano para América Latina y el Caribe

Las fundaciones son creaciones de centros poblados, en lugares supuestamente desiertos. La materialización del hecho colonial se visibiliza con las fundaciones.

Cochabamba, el caluroso valle de Kanata, se constituyó en un punto de los mitimaes andinos, una especie de estrategia de ocupación territorial de los pisos ecológicos practicados en la planificación espacial andina. Kanata estaba pues ya fundada y organizada antes de la llegada de Jerónimo de Osorio.

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Las semanas pasadas el país, los medios y la sociedad en general miró sorprendida una serie de reacciones de los actores del golpe de estado de 2019, sus preocupaciones expresadas porque no consiguieron imponer su narrativa y oficiosa del fraude en el imaginario colectivo.

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En ocasión del 95 cumpleaños de nuestro Comandante en Jefe, el próximo 13 de agosto, comparto con ustedes mis recuerdos de algunas de las veces que tuve la posibilidad de estar con él. La primera fue a finales de 1965, desde entonces sentí su compañía y presencia en cada una de las tareas que he cumplido, y al hacer como él dijo aquel día, que cada sueño se convierta en realidad, venciendo los obstáculos y transformando las derrotas en victorias. En tres ocasiones anteriores lo tuve muy cerca, al finalizar la campaña de alfabetización, en un curso de Artillería y en la Plaza Cadena de la Universidad de La Habana. 

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La segunda guerra mundial al imponer un nuevo orden mundial, bifurca la realidad del campo político: por un lado la democracia liberal y por el otro el socialismo marxista. Nuestro país, debido a su dependencia de EEUU y con una severa advertencia como fue el colgamiento de Gualberto Villarroel, asume la democracia liberal como sistema político.

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