Etiqueta: Fascismo

  • Desmantelamiento

    Desmantelamiento

    Erradicar el comunismo, ha sido el pretexto principal, desde 1945, para que todas las administraciones de gobierno en EEUU, intervengan de encubiertas o frontalmente en todos los lugares del mundo donde existía el “peligro para la democracia”; con el tiempo el discurso fue actualizado y “comunista” fue reemplazado por “terrorista” argumento basado en una tragedia autoejecutada con el propósito de renovación argumental del discurso intervencionista.

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  • Las raíces del fascismo: una mirada desde la infancia y la psicología contemporánea

    Las raíces del fascismo: una mirada desde la infancia y la psicología contemporánea

    Las conductas fascistas no emergen de la nada ni son rasgos innatos. Se construyen en contextos sociales, políticos y psicológicos particulares, muchas veces como reacciones al miedo, la inseguridad o la pérdida de control. Comprender cómo y dónde nacen estas conductas es fundamental para prevenir su reproducción en nuevas generaciones.

    Este artículo analiza el surgimiento del fascismo desde la psicología, con especial énfasis en el adoctrinamiento infantil y su relación con la violencia en contextos escolares actuales.

    Las personas pueden desarrollar actitudes fascistas cuando se sienten amenazadas o impotentes. En tiempos de crisis económica, social o cultural, muchas buscan refugio en líderes autoritarios que prometen orden y soluciones simples. Estas actitudes se fortalecen en entornos donde la educación es autoritaria o carece de pensamiento crítico, existe una intensa necesidad de pertenencia a un grupo superior, se promueven discursos que legitiman la exclusión del ‘otro’, y los medios o líderes sociales difunden ideologías intolerantes.

    Un ejemplo histórico extremo es el adoctrinamiento de niños en la Alemania nazi. Desde sus primeras etapas formativas, fueron entrenados para glorificar al líder, odiar al diferente y no cuestionar. Este proceso impidió el desarrollo de una conciencia moral autónoma y los convirtió en herramientas de un sistema totalitario.

    En Bolivia, desde hace décadas, se observan camarillas escolares que ejercen supremacía sobre los más vulnerables, reproduciendo actitudes violentas, racistas y discriminatorias. Estos casos incluyen bullying brutal hacia niños con autismo o con rasgos y apellidos originarios. Persiste una cultura que tolera este tipo de conductas, así como el elitismo y la discriminación.

    Otro ejemplo preocupante es el de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC), cuyos miembros han mostrado actitudes que glorifican el fascismo, incluyendo saludos autoritarios y la deshumanización de campesinos afines al MAS.

    Desde la psicología actual, se entiende que el adoctrinamiento infantil puede dejar secuelas profundas. Teorías como el aprendizaje social (Bandura), el autoritarismo (Adorno) y el manejo del terror (Greenberg, Pyszczynski y Solomon) explican cómo el miedo, la exposición a modelos violentos y la rigidez educativa pueden llevar al desarrollo de conductas autoritarias, discriminatorias o violentas.

    Actualmente, muchos niños, adolescentes y jóvenes reproducen actitudes autoritarias y violentas derivadas del espacio escolar. La violencia, el bullying y el adoctrinamiento pueden tener efectos devastadores en el bienestar y desarrollo de quienes son más vulnerables a estos fenómenos. La exclusión y la falta de acceso a una educación inclusiva agravan esta situación.

    Para combatir el fascismo desde el ámbito educativo, es esencial promover la inclusión, la empatía y el pensamiento crítico. Algunas estrategias clave incluyen:

    • Educación en valores: Fomentar la tolerancia, la empatía y la inclusión.
    • Pensamiento crítico: Estimular el análisis y la reflexión en los estudiantes para que evalúen la información de forma autónoma.
    • Inclusión y diversidad: Crear entornos seguros y acogedores para todos.
    • Resolución de conflictos: Enseñar herramientas para resolver conflictos de forma pacífica y constructiva.
    • Participación estudiantil: Involucrar a los estudiantes en la toma de decisiones escolares.

    El fascismo tiene raíces profundas en la psicología humana y se alimenta de la inseguridad, el miedo y la exclusión. La educación y la inclusión son esenciales para prevenir su reproducción en nuevas generaciones.

    Es crucial que las escuelas y comunidades fomenten la aceptación de todos los niños, independientemente de su origen o condición, y que trabajen por entornos seguros y acogedores. Solo a través de la comprensión y la empatía podemos construir una sociedad más justa y equitativa para todos.

  • A 15 años del 24 de mayo y la lucha contra el racismo continua

    A 15 años del 24 de mayo y la lucha contra el racismo continua

    Han pasado 15 años desde aquel horrendo y criminal acto de racismo cometido contra campesinos en Sucre, el 24 de mayo de 2008. Sin embargo, los niveles de odio racial y discriminación siguen siendo alarmantemente altos en la sociedad boliviana.

    Teníamos la esperanza de que la población de todo el país fuera capaz de superar esas viejas taras, herencia de un “Estado aparente” que durante casi dos siglos se construyó sobre tensiones regionales y confrontaciones militares.

    Los esfuerzos por consagrar en la Constitución Política del Estado principios que permitan construir un país libre de racismo no han tenido el eco esperado. A pesar de la promulgación de la Ley Contra el Racismo y Toda Forma de Discriminación, amplios sectores de la sociedad boliviana insisten en sostener un complejo de superioridad basado en un racismo anacrónico.

    Este enfrentamiento se ha convertido en una afrenta para ciertos sectores de la clase media, que no toleran la presencia indígena en los espacios de poder que creían suyos por derecho. De ahí su ensañamiento, traducido en un odio cotidiano que se expresa sin pudor en redes sociales y en los medios de comunicación que controlan.

    En Sucre, una vez más, el rostro racista y xenófobo recorre las calles. Se agrede a los quechuas que hoy detentan poder político. Las élites racistas manipulan a hordas llenas de odio que arremeten contra la institucionalidad del Estado. Otra vez buscan sangre.

    Por eso, no sorprende que esta casta colonial —que aún se asume de “sangre azul”— sea objeto de crítica por sus actitudes xenófobas y su forma de relacionarse con autoridades del interior del país. La memoria colectiva aún guarda las imágenes de aquellas humillaciones racistas en la plaza 25 de Mayo.

    Estas actitudes nos remiten a los tiempos de la Asamblea Constituyente y a las dirigencias de esa llamada “clase media” que, como bien apuntó un humorista, no es más que una “media clase”.

    Los entretelones del poder revelan la existencia, en Sucre, Santa Cruz y otras regiones, de un entramado entre diversos factores de poder: iglesias, agroindustria, logias, sistemas educativos, autoridades de las FFAA, Policía y colegios profesionales. Esta red de poder se asemeja al sistema organizativo de la Edad Media (siglos V al XV).

    Todo esto sucede hoy, y es difundido por los modernos “juglares”: los medios de comunicación, que en Sucre, Santa Cruz y otras regiones, parecen querer imponer un modo de vida medieval al resto del país.

    Superar el racismo implica asumir el principio del reconocimiento de la diferencia. Una diferencia que no supone jerarquía, sino valoración positiva.

    La convivencia entre pueblos originarios en distintos territorios ha avanzado sin mayores conflictos. Pero cuando entran en juego intereses particulares de ciertas élites regionales, el argumento racista vuelve a ser utilizado como herramienta para proteger privilegios.

    La Bolivia del odio y la discriminación no debería seguir siendo la preocupación principal, quince años después. Pero eso no significa que debamos cruzarnos de brazos.

    ¡Que esta vez la justicia sea implacable y se ponga fin a la violencia fascista!

    *Luis Camilo Romero, es comunicador para América Latina el Caribe

  • Derrota del fascismo y del nazismo

    Derrota del fascismo y del nazismo

    El 8 de mayo se cumple 80 años del triunfo liderado por el Ejército Rojo de la Unión Soviética sobre el fascismo y el nazismo europeo estatalizado. Esta afirmación histórica y conclusiva es importante porque describe el cierre de un ciclo estatal/criminal en la Europa occidental y oriental.

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  • A 80 años de la derrota de la Alemania nazi: las nuevas caras del fascismo

    A 80 años de la derrota de la Alemania nazi: las nuevas caras del fascismo

    Europa es cuna de muchos males: allá por el siglo XV – una época marcada por el feudalismo y dinastías de reyes, con la peste y otras enfermedades diezmando a su población – en sus entrañas se engendró una bestia que dejó una huella de sangre y fuego: la invasión y colonización de nuestro continente Abya Yala, complementada con el horror de la caza y trata de esclavos africanos. El legado europeo se tradujo en saqueo, muerte y genocidio primero en América pero muy pronto se repartirían también África y vastos territorios de Asia.

    En ese mismo viejo continente, hace cien años surgió el fenómeno político y social del fascismo que es la continuidad de las prácticas autoritarias, represivas y racistas, esta vez basadas en el “anticomunismo”. Mussolini, Franco y Hitler fueron las expresiones más crudas de esta corriente que no solamente llevó a atrocidades contra el movimiento obrero y popular, sino a dos guerras mundiales.

    Aquí es necesario recordar una verdad histórica: Quien venció al fascismo y derrotó a la Alemania nazi, no fueron precisamente los norteamericanos, como intentan posesionar con la producción cinematográfica hollywoodense. Fue el valeroso Ejército Rojo de la Unión Soviética comunista, por lo que este 9 de mayo, recordamos el 80 aniversario de esta hazaña que solo fue posible gracias – sobre todo – a centenares de miles de vidas ofrendadas por la resistencia soviética para poner fin a la barbarie del nazi fascismo.

    Este 30 de abril se cumplieron también 50 años de la victoria del pueblo vietnamita sobre los Estados Unidos; después de una guerra criminal que duró casi 20 años, la dignidad y deseo de soberanía pudo más que el ejercito mejor armado y con los métodos más mortíferos contra población civil.

    ¿Pero será que el fascismo murió con la derrota militar de Hitler? ¿Será cosa del pasado?

    Pues tal como pasó tras la derrota de Mussolini y Franco, lo mismo la Alemania nazi exportó a miles de criminales de guerra que huyeron camuflados entre otros emigrantes, muchas veces bajo nuevas identidades para evitar ser enjuiciados por sus crímenes.

    Nuestro país no fue la excepción, nos llegaron individuos temerarios como Klaus Barbie Altmann, apodado el “carnicero de Lyon” por su crueldad, y que en Bolivia se codeaba con los más altos rangos militares, convirtiéndose en asesor de métodos de tortura y técnicas anticomunistas desde la época de los dictadores Barrientos, Banzer y García Meza. Si se estrenó en al Alemania nazi con la GESTAPO, luego fue aceptado gustosamente por los Estados Unidos como agente de la CIA, total, que importa el pasado criminal si demuestra ser experimentado torturador y anticomunista. Este siniestro personaje es apenas un ejemplo, pues la colonia alemana alberga entre sus filas a muchos otros criminales o sus descendientes, tal como pasa también con los croatas por ejemplo.

    Sobre todo en la década de los ‘60 y ‘70, en América latina los regímenes fascistas sostenidos o impuestos por los Estados Unidos dejaron decenas de miles de víctimas de tortura, desaparición o asesinato. La tristemente Escuela de las Américas, adiestramiento militar e ideológico de por medio, fue una verdadera fábrica de dictadores entrenados para servir a los propósitos del imperialismo norteamericano.

    En Bolivia el fascismo tomó forma a través de los diferentes golpes de estado que fueron planificados con la intervención de la CIA, posteriormente perfeccionados con el Plan Cóndor para eliminar todo vestigio de “amenaza comunista”, con la represión y eliminación sistemática del “enemigo” que implicó persecución al movimiento obrero popular y campesino, así como la toma violenta de los centros mineros, a la par encarcelamiento, masacres, exilio y asesinato selectivo de dirigentes de izquierda. La ideología de “supremacía” que alimenta al fascismo, convierte a los pueblos indígenas y sus líderes en otro blanco de sus ataques.

    En esta coyuntura electoral, la mafia judicial encabezada por el autoprorrogado TCP y el linchamiento mediático tienen tintes fascistoides, que hacen de la estigmatización un arma de deslegitimación de liderazgos. Así pasó recientemente en Ecuador, donde se sembró bronca contra el correísmo que fue víctima de una enorme campaña de desprestigio, como si fuera “el enemigo común” (cuando su “delito” fue no dar continuidad a la base militar norteamericana en Manta). De modo que terminó ganando el caos y el miedo, sellado con un proceso fraudulento a favor de Noboa y por lo tanto una victoria geopolítica del imperialismo yanqui.

    Así está pasando también en Bolivia, donde lo que está en juego en este momento, va más allá de la silla presidencial: es la continuidad del proceso de cambio y su carácter antiimperialista que representan una piedra en el zapato de la derecha nacional e internacional.

    De hecho, parte de la guerra cognitiva, que es la conquista de las mentes como campo de batalla, es una estrategia cada vez más perfeccionada donde desde la industria del cine, los medios de comunicación, las redes sociales, la música o las sectas religiosas se moldea al nuevo ciudadano adormecido, manipulado, alienado y sobre todo desarmado del potencial contestatario de la fuerza colectiva, naturalizando la violencia y todo lo funcional al sistema capitalista.

    Como resultado de esta batalla cultural y política, que prescinde de armamento militar y derramamiento de sangre, tenemos el fenómeno de presidentes de extrema derecha y de corte neo fascista como ocurrió con Bolsonaro en Brasil, ahora con Milei en Argentina o Noboa en Ecuador. En todos los casos, le sigue la aplicación de políticas sometidas a organismos internacionales e intereses foráneos, la profundización de la dominación y expansión de bases militares norteamericanas, la represión del movimiento popular, la aplicación de medidas económicas que recortan conquistas y derechos de trabajadores y pueblo en general. Este fascismo contemporáneo intenta ocultar su violencia estructural, haciéndonos cómplices de nuestra propia dominación.

    Por último, no podemos dejar de hablar de Palestina, porque el atroz genocidio que comete el estado sionista israelí es el rostro del fascismo actual, aniquilador de la vida, el planeta y lo que queda de humanidad.

    Por todo ello, saludamos a la Internacional Antifascista, en especial a la República Bolivariana de Venezuela siempre solidaria y comprometida con los movimientos populares y gobiernos anticapitalistas antiimperialistas cuya articulación urge más que nunca ante las nuevas manifestaciones del fascismo contemporáneo. Máxima alerta, organización y movilización para derrotar en unidad a la derecha nacional y continental, de lo contrario, nos espera un periodo oscuro de retorno al capitalismo salvaje.

  • El Temor Bolivariano

    El Temor Bolivariano

    En Estados Unidos, el 22 de noviembre de 1963 el presidente J. Kennedy fue asesinado, hasta hoy sólo existen especulaciones relacionadas con este magnicidio, pero también murieron activistas de los derechos civiles como Malcom X, y M. L. King, en nuestro continente personajes como Allende, Sandino, Bishop, en Africa, Kadhafi, Lumumba, y un largo etcétera, son algunos de los cientos de personas “incómodas” para las políticas de expansión imperialista.

    En nuestro continente se implementó el “Plan Cóndor” ejecutado por las dictaduras militares más sangrientas con un saldo de 80.000 asesinados y 50.000 desaparecidos.

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  • ¿Estado laico?

    ¿Estado laico?

    Luego de la aprobación de la actual Constitución Política del Estado, se publicó en 2010 un voluminoso trabajo de análisis especializado a fin de “obtener precisiones conceptuales que puedan orientar la reflexión y el debate en torno a sus propuestas”, de acuerdo a lo indicado en su presentación1. Es interesante constatar que en las más de setecientas páginas del volumen hay sólo una mención al Estado laico, en un párrafo de apenas cinco líneas, aunque se aborda en diversas contribuciones el asunto más amable del derecho a la libertad de religión y creencias espirituales. En todo caso, una forma de eludir un concepto que generaría inquietudes y molestias, y que fue denostado por sectores y agrupaciones que lo consideran hasta hoy como un ataque a las convicciones y prácticas religiosas. Todo esto en el marco histórico de una ofensiva eclesiástica de tipo conservador en el occidente del planeta, revitalizada a partir de los años ochenta del siglo XX en la Iglesia católica (planteamiento denominado “restauracionismo”) y también en grupos e iglesias evangelicales fundamentalistas, que ampliaron su presencia en medios populares latinoamericanos. Ambas plantean la importancia y necesidad de la religión como ordenadora exclusiva de la convivencia social, con un carácter pretendidamente superior en calidad a otras propuestas.

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  • ¿Es posible eliminar el fascismo en Santa Cruz?

    ¿Es posible eliminar el fascismo en Santa Cruz?

    Mucho más allá de seguir a un tipo fanático con poca o nula percepción de la realidad y que incluso ha sido cuestionado por su propio Comité Cívico y personas opositoras al Gobierno como María Galindo, lo que más preocupa sigue siendo cómo personajes como Camacho y Calvo siguen teniendo adeptos y es algo que desde hace varios años me pregunto ¿cómo presentar a la sociedad cruceña una alternativa al fascismo religioso disfrazado de regionalismo y falso crecimiento por esfuerzo propio?

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