Fueron pocos los días que duró la decisión del gobierno de Biden de retirar a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, acusación infundada que fue pretexto para endurecer las sanciones al pueblo y al gobierno revolucionario. Trump, entre sus primeras medidas, anuncia que vuelve a incorporar a Cuba y amenaza con más sanciones y acciones en contra de todos los pueblos y gobiernos de la región que osen levantarse contra la explotación y la opresión.
El imperialismo estadounidense es el enemigo principal del pueblo boliviano, y como tal ha desatado una guerra híbrida a nivel mundial, con el propósito de potenciar y resguardar su hegemonía, situación que, para algunas fuerzas de izquierda y el común de las personas, parece no existir. Esta guerra híbrida, no es de aplicación reciente en el país y tiene diversas facetas convertidas en métodos de desestabilización para acabar con el proceso político de transformaciones iniciado el año 2006; el golpe de estado de 2019 que obligó a la renuncia al c. Evo Morales es producto de sus múltiples técnicas de aplicación: guerra mediática, guerra en redes sociales, calentamiento de calle, fake news, lawfare, infiltración, traición, subversión policial militar y un largo etc.
Hoy, la guerra híbrida se está utilizando contra el gobierno del c. Luis Arce Catacora, para generar una crisis política y una situación de ingobernabilidad cuyo objetivo es acortar su mandato; para generar esta crisis, el imperialismo tuvo siempre en su agenda la utilización de ejes temáticos como la corrupción y el narcotráfico. Esta agenda temática denuncia y anuncia, la existencia de una “dictadura”, resultado del Estado Plurinacional, caracterizado como un “narco Estado” además y complementariamente un “Estado fallido”; en una campaña constante de los partidos políticos de derecha y su aparato comunicacional afectando ayer al gobierno de Evo Morales, y actualmente al gobierno de Arce Catacora.
En el cruce de ataques verbales de renovadores y radicales del MAS, oímos varias veces cada día, infinidad de acusaciones y reiterados posicionamientos como antiimperialistas, anticolonialistas, defensores de los recursos naturales y enemigos de la derecha racista y fascista. Sobre sus acusaciones no tiene la menor importancia opinar. Pero en sus posicionamientos expresan valores y actitudes, por lo que hace falta aclarar el significado de cada uno de estos criterios, que definen la ubicación política de personas y organizaciones a lo largo de varios siglos de lucha social en el mundo entero.
Hoy por hoy, la hegemonía imperialista que aún ejerce Estados Unidos a escala planetaria está muy lejos de aquella de al menos la última década del siglo XX, cuando se “derrumbó el muro de Berlín”, había implosionado la URSS y los teóricos del capitalismo decadente proclamaban abiertamente “el fin de la historia”, es decir, la perpetuidad ahistórica de éste sistema y la imposibilidad de constituir una nueva sociedad libre de explotación del trabajo de la gran mayoría poblacional por un puñado de ricos, en pos de la acumulación ociosa de más riqueza social; depredando, además, en este afán a la naturaleza, al punto de cuestionar toda forma de vida en el planeta.
La transición del orden mundial bajo el signo de la Tercera Guerra Mundial.
Vivimos una realidad mundial compleja, un período de contienda geopolítica que puede dar lugar a un nuevo orden mundial. Es la declinación del poder unipolar de Estados Unidos y sus socios de occidente. Pero, el mundo no es sólo la civilización occidental. China realiza alianzas estratégicas con países capitalistas, antes llamados “subdesarrollados”, y que tienen contradicciones con los países imperialistas. El país asiático propone la constitución de un bloque, de una alianza amplia, que abarca países de Europa y Asia, intentando establecer un nuevo orden geopolítico multipolar, siendo lo más representativo el BRIC, alianza estratégica que abarca a los países con mayor población del planeta (Brasil, Rusia, India, China y Sud Africa). Estos son los dos bloques, los actores principales, de esta contienda geopolítica.
Esta contienda geopolítica tiene su nudo estratégico en el control de Euroasia. Por tanto, la guerra Ucrania es el punto de arranque de este proyecto multipolar con características irreversibles. Pero, por las características de esta contienda geopolítica y por los pasos desesperados que da el imperialismo norteamericano para conservar su hegemonía, este proceso puede acabar en la restauración de un poder unipolar más secante o en un mundo bipolar con un centro en occidente y otro en Eurasia.
En pleno escenario de lo que continúa la guerra entre Rusia y Ucrania, tras un año de su inicio el pasado 24 de febrero, sin duda el actor principal sigue siendo el imperialismo, pero mostrándonos cada vez más que le queda poco y se resiste a perder.
Los bloques conformados por los Estados Unidos y el resto de Occidente frente a Rusia, acompañada, por naciones como China, abrieron el 24 de febrero de 2022, un nuevo capítulo de la disputa entre monopolios por el control de los mercados y por el establecimiento de zonas de injerencia política, como puede observarse en América Latina y en los territorios que ocupan las naciones que conforman la OTAN.
“Otro golpe es imposible” argumentó un querido amigo, cuando comentábamos la situación en Santa Cruz. Primero en Bolivia nada es imposible. Por otro lado, los residuos de los partidos de la derecha política han realizado su máximo esfuerzo en las dos últimas elecciones, sin lograr su objetivo de, por lo menos organizar una base territorial nacional.
Por otra parte, el “cerebro”, que es mucho adjetivo para el personaje que comenzó su cruzada con el propósito de entregar una carta, es uno de los instrumentos para desestabilizar el gobierno democrático, y que representa un proyecto político-económico-territorial concreto y sostenido.
El hegemón aletea fuerte, injerencista y con las pretensiones de siempre. Herido en su unipolaridad, que creía eterna a partir de 1989 con la caída del muro de Berlín, fue afrontado en su pretendido “patio trasero” por el comandante Hugo Chávez en los años 90 del siglo pasado. Entendió entonces que nuestra América cambió, por lo que decidió arremeter con todas sus fuerzas en contra de las decisiones de sus pueblos utilizando todas las formas de lucha.