El ocaso del imperialismo yanqui y sus impactos en latinoamérica

Hoy por hoy, la hegemonía imperialista que aún ejerce Estados Unidos a escala planetaria está muy lejos de aquella de al menos la última década del siglo XX, cuando se “derrumbó el muro de Berlín”, había implosionado la URSS y los teóricos del capitalismo decadente proclamaban abiertamente “el fin de la historia”, es decir, la perpetuidad ahistórica de éste sistema y la imposibilidad de constituir una nueva sociedad libre de explotación del trabajo de la gran mayoría poblacional por un puñado de ricos, en pos de la acumulación ociosa de más riqueza social; depredando, además, en este afán a la naturaleza, al punto de cuestionar toda forma de vida en el planeta.

Entonces, los halcones imperiales reiniciaban sus guerras de ocupación y destrucción de naciones, y aniquilación de los pueblos, como en Libia, Irak, Afganistán, Siria y entre otras regiones, en tanto que se imponía el neoliberalismo en el mundo. Este no es sólo un modelo económico propio del llamado “consenso de Washington”; es una ideología política e institucional, una cultura, y un orden específico en todos los ámbitos y alcances de la vida societal, que busca imponer y mantener a gobiernos de derecha en los países y ámbitos de poder nacional y supranacional, dóciles y serviles al imperialismo, fascistizados o con careta democrática.

Sin embargo, en la alborada del s. XXI empieza a cuestionarse no sólo al neoliberalismo sino a todo el poder unipolar e imperialista de EEUU, al punto que hoy se enfrenta a escala mundial una crisis geoeconómica y geopolítica precisamente por la decadencia y declinación de la “pax romana”, antes pregonada por ideólogos y círculos de poder del capitalismo oligopólico y transnacional, financiero y especulativo. Al contrario, la R. P China con la economía interna más sólida y con mayor participación comercial en el planeta, y sus vínculos ya estratégicos con Rusia, otros países euroasiáticos e India, incluso proyectada geoeconómicamente en América Latina, plantea de hecho un orden bipolar en el mundo que puede abrir las puertas a un nuevo orden geopolítico multipolar.

No obstante, la multipolaridad como nuevo orden mundial aún está lejos de alcanzarse. Entre otros conflictos bélicos de mayor o menor intensidad, la guerra de EEUU y la OTAN contra Rusia a través de Ucrania, tiende a acentuar gravitantemente -por el accionar belicista “occidental”- la crisis, cuyos efectos pagan los pueblos y sectores populares de todos los países del mundo. La inestabilidad monetario-financiera es también otra de las manifestaciones de la crisis, que muestra además como el yuan chino y otras monedas reemplazan al dólar como la moneda patrón de la economía mundial, pues “la economía americana (viene) representado una proporción cada vez menor del producto mundial” y “los bancos centrales…no (mantienen) reservas en dólares de EEUU (como) lo hacían antes” (S. Arslanalp, B. Eichengreen y Ch. Simpson-Bell en IMF Blog; 2022). 

Un nuevo orden mundial multipolar resulta vital para el proceso de liberación de América Latina, hoy en medio de la crisis y declinación de la hegemonía imperialista, pero sólo constituyéndonos como región en un polo no limitantemente progresista sino francamente revolucionario y anticapitalista. Dos hechos recientes demuestran cómo el imperialismo pretende seguir imponiendo su poder hegemónico -incluso militarmente- en nuestra región, con la complicidad de gobiernos sipayos y fascistas. El primero es el autogolpe de Guillermo Lasso en el Ecuador y el segundo, la autorización “legal” para que ingresen al Perú tropas yanquis ya a partir de este mes de junio.

Es que, aún expoliado y debilitado, el imperialismo acentuará su presencia y control en/de América Latina como región que siempre ha considerado su “patio trasero”, fuente para saquear los recursos naturales, acumular capital expoliando a nuestros pueblos y acrecentar su “prosperidad y riqueza”. Todo esto que hizo EEUU, ahora en crisis, con América Latina y precisamente por ello, hace que le sea urgente volver a asegurarse el control político de su “patio trasero”; y efectivamente lo intenta de una manera descarada, abierta y bélica. Evidencias sobran: están las propias declaraciones de la comandante del Comando Sur de las FFAA estadounidenses.

A ello se suma la guerra mediática; los juicios manipulados (conocidos como “law fare”) como fue en los casos de Lula en Brasil y de Cristina Fernández en Argentina que, al menos, busca inhabilitarla políticamente; la corrupción como es el caso del banco Fassil que enriqueció a la lumpenburguesía e incluso financio a grupos de choque fascistas, la imposición de gobiernos sustentados en corrientes abiertamente neofascistas o el caso de Paraguay donde se impuso un “líder” desconocido, pero con el viejo partido Colorado del dictador Stroessner. Todo esto forma parte de las guerras de cuarta y quinta generación que instrumenta el imperialismo contra los pueblos del planeta.

En Ecuador “un empresario presidente, que apenas llegaba a menos de 10% de popularidad, que recibió en febrero (pasado) una verdadera paliza electoral en un referéndum donde ninguna de sus preguntas tuvo respaldo y con un juicio político que presagiaba el final de su mandato…no quiere morir solo, (y cierra) la Asamblea Nacional que iba a definir su destitución” (CRP-MC; mayo 2023). De esta forma se detiene a las fuerzas políticas al menos progresistas, da oxígeno a la oligarquía y se perpetua lo colonial como lo neoliberal. No olvidemos que el ex presidente Correa cerro la base militar gringa de Manta durante su mandato.

Finalmente, en el Perú el gobierno golpista de D. Boluarte -un pobre personaje traidora del voto que la encumbro junto al Presidente Castillo-, y del Gral. en retiro Otálora -personaje ligado al fujimorismo-, coludidos para defender los intereses del capital transnacional, a la oligarquía colonial-republicana-neoliberal, violar los derechos humanos de las poblaciones indígena-campesinas de la sierra y saquear los recursos naturales, autorizó el ingreso y despliegue por todo su territorio a entre 750 a mil soldados yanquis armados y altamente especializados para la guerra antipopular interna y contra los gobiernos progresistas de nuestra región. 

Esa tropa se agrega a la ya presente en las bases que el imperialismo tiene montadas en el Perú, y es parte de todo el aparato de guerra del Comando Sur estadounidense que prácticamente tiene cercada a América Latina, guerrea y bloquea a Cuba, Venezuela, Nicaragua y podrá guerrear en/desde Perú. A su vez, esas bases y aparato militar son parte de “las 867 bases de EEUU, fuera de su territorio” (La Jornada, México, junio-2023), sumados a su fuerza naval y submarina atómica que navega por los 7 mares del mundo y fuerza aéreo-espacial. Esto no debe pasar desapercibido en las fuerzas progresistas y revolucionarias de nuestro Estado Plurinacional de Bolivia, ni para la estabilidad del Gobierno boliviano; es decir, no debemos olvidar las declaraciones de una funcionaria norteamericana de hace pocas semanas, en las que declara de manera abierta y soez, el verdadero interés norteamericano en Bolivia: sus reservas de litio. 

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