Etiqueta: Modelo neoliberal

  • La marcha por la vida

    La marcha por la vida

    El 28 de agosto de 1986 la Marcha por la Vida fue cercada por el mayor dispositivo militar-policial desde la guerra del Chaco. Tres divisiones del ejército, fuerzas policiales, apoyadas por la aviación y la naval, fueron la fuerza desplegada para cercar y desmovilizar a una multitud de más de 10.000 ciudadanos, que desde siete días atrás acumulaba su fuerza; su cansino andar difundía su pregón a toda Bolivia: Es por la vida. Los mineros no pueden morir, se clamaba en todos los confines, de la nacionalidad misma se trataba.

    Un año atrás se había dictado el DS 21060 que delineaba la nueva política económica y rescataba para sí el monopolio de la actividad política. Se suprimieron conquistas que eran a la vida del minero, la razón de su permanencia en el campamento: la pulpería como centro de abastecimiento, la educación permanente, la salud como un derecho, la estabilidad laboral como garantía de una vejez segura, también se cortaron los contratos de sobreproducción.

    Los problemas no eran nuevos: ya el mismo año, en marzo, los mineros presentaron un plan de rehabilitación de sus empresas y lograron que el gobierno de Siles Zuazo desembolsara 10 millones de dólares; las maquinarias y equipos estaban en los puertos y el cambio de política los dejarían encajonados por mucho tiempo. En agosto de 1985 se logró, en pleno estado de sitio y con la dirigencia encarcelada, el compromiso del gobierno de considerar un plan que demostrara la sostenibilidad de COMIBOL. El plan que contaba con el aval de universidades y la Pastoral Social se presentó, pero la respuesta fue un rotundo No.

    En Calamarca se volvieron a ver dos sujetos: militares y obreros, que desde 1964 se enfrentaban para conducir el Estado; desde visiones diferentes, lo señorial y lo popular, en un mismo esquema de acumulación: el capitalismo de estado. La fuerza militar había sido arrinconada después de sangrientas y delincuenciales gestiones gubernamentales y cedió el poder a los civiles agrupados en partidos políticos. La fuerza minera, defendiendo la empresa estatal, buscaba mantener su existencia social, para incidir con una visión de desarrollo, democracia y justicia social.

    El desgobierno de la dictadura había endeudado al país en un 80% del Producto Interno Bruto, sin posibilidades materiales de honrar los compromisos; se desatendieron los problemas productivos, un kilo de carne costaba más que una libra de estaño, las necesidades alimentarias no podían ser satisfechas: en medio de la especulación y la distribución de cupos, nacían los nuevos ricos. El estado de bienestar social había colapsado, era la hora de volver a viejos caminos. El liberalismo retornaba brioso en manos de quienes lo habían condenado en 1952. El llamado era trágico: “Bolivia se nos muere”, jamás se preocuparon de decir quienes lo habían llevado a ese estado de inanición. La explicación era la ineficiencia, la corrupción -el mal congénito del Estado- males que ellos practicaban en los gobiernos de los cuales fueron parte.

    La solución fue la privatización de más de 200 empresas del Estado, no sólo del gobierno central sino también de las prefecturas. Se trataba también de la capitalización de empresas estratégicas que tenían el monopolio del mercado interno, se dio la flexibilización laboral para conseguir empresas eficientes, la informalidad como forma de sobrevivencia, la uniformidad tributaria sin distinción de la explotación extractivista de un recurso natural o de servicio, la supresión de la regalía minera para bajar los costos. La economía en números macros estaba bien, había mucha exportación, exportar para vivir se decía, pero pocos ingresos para el Estado, incluso había que mendigar préstamos para pagar el sueldo de los maestros. Al no dar de comer al ciudadano común el modelo neoliberal fracasó.

    Así volvió el Estado planificador: los recursos naturales son de los bolivianos, es el capital para la industrialización, la empresa estatal es la única, contra los extractivistas, capaz de añadir valor con la fundición y la industrialización. El discurso del MAS fue más amplio que la realidad, 20 años de neoliberalismo, venerando la iniciativa privada o la oportunidad para la acumulación personal, el menoscabo a la ideología y por lo tanto de los valores fue la herencia que dio como resultado la estabilidad, solucionando los requerimientos de los sectores sociales, sin su articulación con el proyecto grande del vivir bien. La crisis que padecemos no es por el achicamiento de la economía sino por el crecimiento asimétrico del sector estatal frente al privado; hoy la economía está hegemonizada por el sector privado, mientras las obligaciones del Estado (salud, educación, seguridad) son sostenidas por las empresas estatales y el ciudadano común. Incordio que debe ser superado por la lógica económica.

    El legado de la Marcha por la Vida está en el coraje de defender lo que se cree con el ejemplo y el sacrificio; del convencimiento que esta patria la haremos nosotros, sin tutela alguna; que este propósito llama al concurso de todos sin privilegio alguno; que la democracia no es un torneo electoral, sino el ejercicio permanente del derecho a observar, sugerir y denunciar cuando se atente contra el bien común. No hay otra forma de construir comunidad; la marcha continua.

  • La doble agenda del gobierno: mientras el pueblo mira el conflicto, el neoliberalismo avanza

    La doble agenda del gobierno: mientras el pueblo mira el conflicto, el neoliberalismo avanza

    Los cincuenta días de conflicto que atravesó Bolivia no fueron únicamente una crisis social ni un episodio de ingobernabilidad. Fueron la demostración de una forma de gobernar. Mientras la población permanecía atrapada entre bloqueos, escasez de combustibles, amenazas y negociaciones interminables, el gobierno de Rodrigo Paz avanzó silenciosamente en la transformación del modelo económico. La verdadera batalla no se libraba en las carreteras, sino en los decretos, los convenios internacionales y las reformas que comienzan a reorientar el Estado Plurinacional hacia un nuevo ciclo de remiendos neoliberales.

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  • Alerta contra las acciones diversionistas del gobierno

    Alerta contra las acciones diversionistas del gobierno

    En los últimos días, ha arreciado una campaña oficial de desprestigio al Movimiento al Socialismo, a sus candidatos y a sus dirigentes. Lo que se busca es desviar la atención de la ciudadanía acerca de los verdaderos problemas que afligen al país. Una crisis pandémica carente de soluciones, con un gobierno de facto que no da pie en bola salvo para hacer negociados con la vida y la salud del pueblo; una crisis económica que día a día condena a los más pobres a sufrir hambre y miseria, mientras la gran banca y los sectores empresariales pudientes reciben ingentes recursos en nombre de la reactivación económica; despidos masivos de trabajadores y funcionarios; una educación clausurada por mezquinos cálculos electorales para desmovilizar a maestros y estudiantes; persecución y cárcel contra quienes reclaman por sus derechos, judicializando la protesta social; entre otros, son los problemas para los que el pueblo pide urgente atención.

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  • UN PROGRAMA FINANCIERO EMPRESARIAL: El supuesto “Programa Nacional de Reactivación del Empleo” – D.S. 4272

    UN PROGRAMA FINANCIERO EMPRESARIAL: El supuesto “Programa Nacional de Reactivación del Empleo” – D.S. 4272

    La contradicción fundamental en el capitalismo se da entre los dueños del capital y los trabajadores. En todo hecho productivo de mercancías, los primeros basan su conducta en la acumulación de la plusvalía generada por los trabajadores, los únicos que agregan un valor adicional al de las materias primas y de los medios de producción utilizados -que además les son ajenos-, desplegando su fuerza de trabajo a cambio del salario/sueldo que en términos cuantitativos es siempre menor al valor de dichas mercancías. El resto (el plus-valor) es apropiado por el capitalista.1

    Fue la teoría neoclásica a fines del s. XIX, precursora del neoliberalismo, que concibió categorías que adopta la teoría económica vigente junto al sentido común alienado, justificando que la masa de plusvalía expoliada a los trabajadores e invertida por el capital en su forma productiva para producir determinado tipo de mercancías, que una vez efectivamente demandadas o vendidas, resulta en una suerte de salario para el capitalista a título de beneficio o utilidad, pero multiplicado por miles o millones respecto al salario de un obrero o al ingreso de una trabajadora por cuenta propia, o al sueldo de un maestro, etc., etc.2

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  • Soluciones en la mano del Pueblo

    Soluciones en la mano del Pueblo

    El panorama nacional es tan o más desolador que el que nos muestran los medios de comunicación y las agencias de noticias con relación a la propagación del coronavirus por el mundo, con su secuela de muertes y paralización de las actividades humanas.

    Pandemia que se agrava día a día, negociados infames con la salud y la vida de la gente, parálisis económica, hambre y miseria en los hogares bolivianos, insubordinación de cúpulas de milicos, impunidad para los parientes de la presidenta y para sus grupos de paramilitares, cárcel y persecución al pueblo masista.

    Lo anterior es sólo una muestra del caos total al que nos estamos acercando vertiginosamente y que requiere, como los grandes males, grandes soluciones. ¿Dónde se encuentran ellas? En la iniciativa, la creatividad, la organización y la movilización de la gente. Multitudes que quieren ser escuchadas y no mandoneadas, pueblos que piden atención y no represión, jóvenes que demandan ser tomados en cuenta y no encarcelados.

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  • Restauración del neoliberalismo para beneficio de la agroindustria cruceña: la legalización de los transgénicos

    Restauración del neoliberalismo para beneficio de la agroindustria cruceña: la legalización de los transgénicos

    No es novedad para nadie que consolidar a la agroindustria cruceña como su principal factor de apoyo, fue para la dictadura de Banzer su primer objetivo de transformación de la estructura social y económica boliviana.

    La apertura sin control de la frontera agrícola, la superposición de nuevas haciendas sobre millones de hectáreas de tierras pertenecientes a comunidades originarias fue una realidad. El empatronamiento de millares de hermanos indígenas que trabajaban al interior de las nuevas haciendas en una suerte de esclavismo moderno, fue un hecho deplorado por organismos internacionales hasta entrado el siglo XXI.

    Desde entonces, todos los ministros relacionados con la agroindustria, fueron impuestos por la CAO y la CAINCO, que esta demás expresar el poder político que tuvieron tanto en democracias como dictaduras.

    La oligarquía agroindustrial cruceña, que además de manera inconstitucional e ilegal por estar a menos de 50 kilómetros de frontera, vendió tierras a empresas extranjeras, tenía como su primer objetivo vender el 70 u 80 de su producción industrial soyera al mercado externo, cosa que lo logró con productos como el azúcar y el algodón. Entre el 20 y 30 por ciento, estaría destinado a las industrias aceiteras y las fabricas de alimentos balanceados para animales.

    Su segundo objetivo era la legalización de producción de transgénicos para el consumo humano.

    ¿Cuales fueron sus acciones de incidencia y durante que periodos de gobierno?

    El 5 de abril del 2005, en el gobierno de Carlos Mesa luego un “dictamen técnico”(14/05) del Comité Nacional de Bioseguridad, es utilizado por el SENASAG para aprobar la resolución administrativa SENASAG 44/2005. Esta autoriza la utilización de soya transgénica resistente al glifosato (evento 40-3-2) para la elaboración de alimentos y bebidas de consumo humano. El 7 de abril del mismo año, o sea 2 días más tarde, se autoriza la producción agrícola y de semillas, procesamiento, comercialización interna y externa de la soya transgénica que había sido aprobada por el SENASAG, mediante la Resolución Multiministerial No 1, firmada por varios ministros del gabinete de Mesa.

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