
El 26 de julio de 1953 dos grupos de jóvenes inspirados en el ideario patriótico de José Martí atacó los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo. Lo hicieron con el objetivo de derrocar la tiranía de Fulgencio Batista, que contaba con el pleno respaldo de los Estados Unidos de Norteamérica. La diferencia abismal en armamento y logística fue determinante, y los atacantes fueron apresados, torturados, asesinados o tomados como prisioneros.
Sin embargo, lo que sucedió como derrota militar fue en realidad la chispa que iniciaría una insurrección generalizada e indetenible contra la dictadura batistiana, culminando en enero de 1959 con el triunfo definitivo de la Revolución.
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