OEA cómplice de una invasión infame

Una nueva reunión hemisférica bajo el manto de la Organización de Estados Americanos (OEA) congregará a partir de este lunes 22 de junio a representantes de gobiernos latinoamericanos serviles a Estados Unidos. La sola presencia rutilante de Marco Rubio da cuenta del alcance y contenido del espectáculo: volverá la estridencia a querer confundir a nuestros pueblos con un innecesario “Escudo de las Américas”, un nuevo pretexto yanqui para alinear contra inventados enemigos a todo el continente bajo su política exterior. Todo ello no resulta nada nuevo; se trata del intento por enésima vez de un organismo de montar un simulacro continental impulsado por lo que, en su momento, fue definido como el ministerio de colonias de Estados Unidos.

Pero, no se trata de un show gratuito ni de una mera repetición de besamanos a cargo de diplomáticos serviles al imperio. Esta vez, que no quiere decir que sea la primera, Cuba vuelve a ser el demonio que debe ser exorcizado de la faz de la tierra. A los ya devaluados pretextos de derechos humanos, democracia y libertad a los que apela siempre el imperio y sus vasallos, ahora se suma una insólita declaración de la primera potencia militar del orbe, considerando a Cuba como una “amenaza a la seguridad nacional”. Una pequeña isla, con apenas diez millones de habitantes, devastada por un criminal bloqueo que le ha impedido hasta el mismísimo derecho a la alimentación y a la salud, es hoy considerada nada menos que como una amenaza para el imperio. Por supuesto, nadie se cree el cuento; el mundo asiste a cambios trascendentales que ponen de manifiesto, cada vez con mayor nitidez, el verdadero rostro del imperio, guerrerista y decidido a impedir toda disidencia que ponga en tela de juicio su hegemonía perjudicial para el desarrollo armónico de los pueblos y gobiernos del mundo. A ese imperialismo hay que darle, sin embargo, un pequeño crédito: efectivamente, Cuba ha sido, es y será una amenaza para quienes niegan el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Su resistencia ha inspirado las movilizaciones de todo el mundo; hoy, Irán combate en guerra asimétrica junto a sus hermanos palestinos y de Líbano, la agresión yanqui y sionista, y no cabe duda alguna que su valor y resistencia tienen mucho de inspiración en la isla del Caribe. Más de sesenta años luchando contra todo tipo de sabotajes, bloqueos, mentiras y chantajes han abonado el crecimiento de la conciencia antiimperialista en todo el mundo.

Ello explica por qué, en su desesperación, el imperialismo yanqui se propone hoy una solución militar contra el pueblo y el gobierno de Cuba, imaginando que, de esa forma, liquidará el ejemplo de la Revolución. Ello explica las exhortaciones de Marco Rubio para legitimar una acción destinada al fracaso y a la condena universal. Una invasión tendrá un costo elevadísimo de vidas; y un buen porcentaje de ellas, será de inocentes soldados gringos mandados a una guerra que, como la de Vietnam, la de Irán y de otras regiones del mundo, es solo una guerra de rapiña y de conquista. Ello explica también el show que ahora la administración Trump monta en el marco de la OEA.

Lo que el imperio intenta negar es que los pueblos del mundo y, en particular, los de América Latina, no se tragan el verso, Han sido testigos de innumerables doble raseros de un organismo creado, financiado y manejado por EE.UU. para sus propios y mezquinos intereses. Bolivia no es ajena a ello; hoy, las movilizaciones formidables que exigen la renuncia del servil Pollo Paz Pereira cuentan a cientos de miles de campesinos, trabajadores,, estudiantes, maestros y gente de clase media que conserva en la memoria la vergonzosa injerencia de ese organismo en las elecciones del 2019, cuando afirmaron de manera irresponsable que hubo irregularidades nunca probadas. Hoy, todavía recordamos que, un año más tarde, en las nuevas elecciones, el pueblo volvió a ganar en las mismas mesas y con los mismos porcentajes que fueron pretexto de la misión de la OEA para sugerir un presunto fraude. Es ese mismo organismo que, en tiempos de pandemia, miró para otro lado mientras EE.UU. recrudecía sanciones contra Cuba, en tanto que desde ella partían misiones solidarias de médicos con medicinas para aliviar las tragedias de sus pueblos hermanos. Es ese mismo organismo que nada dice contra el maltrato de sudamericanos objeto de persecución en el imperio, que ha arreciado una cacería de “hispanos” exasperando sentimientos racistas.

En definitiva, lo que buscan los mandamases del imperio, es caer sobre Cuba con la complicidad de gobiernos derechistas y fascistas. Frente a una eventual invasión, esos mismos gobiernos se habrán disparado en el pie, pues los pueblos, por encima de las fronteras y las imposiciones, saldrán a las calles, a los caminos, para defender a Cuba que, hoy por hoy, ya no pertenece sólo a su pueblo valiente y digno, sino que representa a millones y millones que devuelven con su solidaridad, lo mucho que esa pequeña isla ha dado por ellos.

¡Los gringos no pasarán!

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