¿𝗧𝗶𝗿𝗮𝗻í𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗺𝗲𝗿𝗰𝗮𝗱𝗼 𝗼 𝗘𝘀𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗳𝘂𝗲𝗿𝘁𝗲?
La situación económica en Bolivia es una tormenta que no da tregua al pueblo. El dólar sube sin techo, la inflación golpea a los más vulnerables, la inseguridad retorna con violencia desmedida, y como si fuera poco, el gobierno celebra como “gran éxito” un préstamo de 1.900 millones de dólares del FMI. Lo presentan como buena noticia, cuando en realidad amenaza con ahogar aún más a las familias.
Un préstamo en sí no es el problema. Lo grave es que no existen señales claras que esos recursos se destinen a fortalecer las empresas productivas estratégicas nacionales, aquellas que podrían reactivar el sistema productivo. Todo indica que el crédito terminará alimentando un aparato burocrático pesado y engrosando los bolsillos de agroindustriales y banqueros, mientras a los trabajadores se les reparten migajas disfrazadas de “empleo”.
En cuestión de meses, ese dinero habrá desaparecido y el país quedará nuevamente endeudado y sometido a condicionamientos externos. Surge entonces la pregunta inevitable: ¿qué tipo de país queremos construir?
¿Un país sometido a la tiranía del mercado, donde el capital privado dicta las reglas, reparte limosnas bajo el nombre de “trabajo” y disciplina a los trabajadores en la miseria, romantizando historias de superación para mantener viva la ilusión de escapar algún día de la pobreza?
¿O un país con un Estado fuerte, como el que palpamos durante 14 años, que veló por el bienestar colectivo, alimentó la dignidad y demostró que con organización popular era posible avanzar hacia el Vivir Bien?
Son dos visiones de país. Una, la del mercado despiadado, nunca alcanzada por los pueblos, pero vendida como ideal en Hollywood. La otra, la del Estado robusto, la vivimos en carne propia: collas, cambas, chapacos y pueblos originarios diseñando un modelo económico propio y gestionando nuestros recursos con soberanía.
Hoy, sin embargo, la alternativa que se impone parece la del fracaso. Esa deuda no moverá la maquinaria hidrocarburífera, no modernizará la matriz energética, ni invertirá en la tecnología soberana que requiere nuestra industria del litio.
Más que nunca, Bolivia necesita volver a creer en su fuerza profesional, en su sabiduría ancestral, en sus conocimientos y en el desarrollo de su ciencia. Todo ello exige claridad política y una visión de país basada en la autodeterminación y la soberanía, con reducción de la pobreza, con crecimiento sostenido, con carreteras, más escuelas, distribución de tierras, con riego, con vivienda social, con eliminación del analfabetismo,y con más dignidad. Seguir enumerando lo que Bolivia vivió en 14 años , es hacer bullying a la derecha y no es intención ponerlos en ridículo.
Esta es 𝗡𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮 𝗣𝗮𝗹𝗮𝗯𝗿𝗮





