Un Matkovic para presidir una empresa estratégica

Desde altas esferas de gobierno se anuncia el nombre de Zvonko Marinkovic como el próximo mandamás de una empresa pública estratégica del país. Dadas las referencias del susodicho, la polémica ha estallado y no pocos han recogido el guante para poner su granito de arena para aumentar la confusión.

Una primera reacción ha sido recordar el origen croata del aspirante y, desde cierta izquierda miope, adjudicarle agravante de ser cruceño. De esa forma simplista, se conflictúa con principios que debieran guiar el comportamiento de unos y otros en la común lucha contra todo tipo de discriminación, que tanto esfuerzo, lucha y perseverancia le costó al pueblo boliviano. Denostar a un adversario por su origen, del que sin duda poca culpa tiene, es descender al nivel de aquella derecha ultra reaccionaria y racista, que condenó a Evo Morales por indio y por carencia de títulos académicos. Eran tiempos en los que el pueblo, voto en mano, daba inicio al Proceso de Cambio; tiempos en los que otra derecha, menos malévola, le daba el beneficio de la duda y apostaba a que, desde el punto de vista social, aquella gestión podría tener algunos logros, pero que sería una catástrofe en materia económica. Porque, ¿qué podía ofrecer aquel cocalero que no podía hacer de mejor manera don Tuto, graduado en una de las mejores universidades gringas? El prejuicio fue ampliamente derrotado por una gestión que, en el plano económico y con indicadores en mano, demostró que el pueblo puede imponer un programa que, en veinte años hizo muchísimo, pero muchísimo más que el neoliberalismo en ese mismo tiempo.

Por tanto, juzgar a Zvonko por su origen y lugar de nacimiento, es hacerle el juego a la derecha, no sólo validando sus razonamientos prejuiciosos, sino por tender una cortina de humo respecto a la verdadera importancia de aquella designación. Parte de ese élite cruceña empresarial que demanda un gobierno sumiso que le facilite el saqueo de nuestras riquezas y la explotación de nuestro pueblo, el personaje es apenas una ficha que se coloca para cumplir un designio consecuente con el imaginario derechista, que supone al Estado como una empresa a la que hay que sacarle el jugo, pues su motivación ha sido, es y será el máximo beneficio con el mínimo esfuerzo, como sinónimo de competitividad. Así, empresas estratégicas como ENTEL o ENDE, que aportaron con sus ganancias a la consolidación de bonos como la Renta Dignidad, el Juancito Pinto y otros, deben ser proscritos del ideario colectivo como patrimonio nacional, para convertirse, en lo inmediato, en otra prueba de aquella falacia que dice que el Estado es mal administrador. Entonces empezarán los problemas de ineficacia y falta de rentabilidad, atribuyéndolas a los “veinte años de robadera y gastadera” con que se llenaba la boca la derecha. Para ello, tienen aceitado un aparato mediático que hará de caja de resonancia para el nuevo mandamás que, curiosamente, encontrará con rapidez y sapiencia una serie de irregularidades tan graves, que urge una reingeniería empresarial que corte de raíz el peligro. Y vendrá la solución del cielo: hay que poner en manos de especialistas y del capital internacional algo tan delicado como es una empresa estratégica. Así, el Estado se libra de otro desangramiento económico y percibe de manera beneficiosa, unas migajas que dejarán los flamantes propietarios.

Esas transnacionales vendrán con el sambenito de mejorar la tecnología, como cuando nos anunciaron que ahora sí todo el pueblo pobre y humilde de cualquier rincón del territorio nacional tendría internet de mayor velocidad y alcance, de la mano del genial de Starlink y la inspiración del presidente… aunque, claro, era el doble de caro y había que comprar aparte el aparatito para su uso. Así que, luego, nos dirán que es indispensable el alza de tarifas y la reducción de personal; amén del adiós a todo aquello que huela a gasto en perjuicio de la ganancia. Y así, de a poco, nos meterán el neoliberalismo para seguir enriqueciendo a unos cuantos, en desmedro de los intereses nacionales.

Que un Matkovic o un Quispe manejen una empresa estatal no es el problema. Lo lacerante es saber qué se quiere hacer con ella. Y si de algo ha dado pruebas fehacientes el Pollo Paz Pereira, es de su predisposición para bajarse los pantalones ante el amo yanqui, con sus empresas transnacionales por delante.

Que los árboles no nos impidan ver el bosque.

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