Autor: Coco Manto

Cuando todo era niebla y la luz ensayaba su claridad chipaya en la pampa indecisa, Huari, el dios del terror mineral subterráneo en la cerrada sombra, adormeció al indio uru en las idolatrías del sapo y del lagarto, la víbora y la hormiga, y le cambió el carácter a huraño oscurecido.

Un día de febrero se abrió el cielo cortado por un largo arcoíris y del azul intenso surgió una ñusta altiva, orlada su belleza por una inmensa luz, espada y coraje, rotundo resplandor, en nombre de Intiwara para salvar al uru y reponerle el alma de pueblo agricultor.

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