Etiqueta: Negociados

  • BASTA DE MATONAJE CONTRA LA PRENSA

    Una vez más, la dictadura arremete en Bolivia contra la libertad de prensa y de pensamiento. La red Gigavision, medio de comunicación legalmente establecido en el país, ha hecho pública la denuncia de un sistemático y claro amedrentamiento por parte de organismos de seguridad del Estado que actúan por orden expresa del prepotente Arturo Murillo, ministro de Gobierno de la dictadura.

    El presunto delito de este medio ha sido denunciar de manera responsable y valiente los graves delitos que cometen en nombre del Estado boliviano, quienes asaltaron el poder acatando instrucciones del gobierno norteamericano. A diferencia de los golpistas que acusan de corrupción al gobierno democrático de Evo Morales, todas las publicaciones de Gigavisión han estado respaldadas por las pruebas respectivas.

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  • La libertad de reprimir

    La libertad de reprimir

    Arturo Murillo hace grandes esfuerzos por hacernos recordar a su antecesor, Luis Arce Gómez, aquel ministro militar que, en la narcodictadura de Luis García Meza, aconsejaba a los opositores andar con el testamento bajo el brazo. Casi lo logra -aclaramos, el ministro Murillo y no el otro-, por sus constantes amenazas y escarmientos a todo lo que huela a oposición. Hay que reconocerle también el mérito de ser bastante consecuente entre lo que amenaza y lo que hace, compitiendo de igual a igual con el otro personaje ya fallecido.

    «El bolas», como se lo conoce al ministro Murillo, ha estallado en cólera e indignación ante una investigación periodística realizada por el canal Gigavisión, que pone en evidencia sus grandes dotes y olfato para hacer dinero fácil. El trabajo informativo del periodista Junior Arias se basa en documentos que resultan pruebas irrefutables para el iracundo ministro, que no desentona con el resto del gabinete de Doña Jeaninne Añez a la hora de inventar sobreprecios y coimas.

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  • Echando mierda con ventilador

    Echando mierda con ventilador

    Literalmente, el escándalo por la compra de los respiradores o ventiladores hecha por la dictadura de Jeaninne Añez, Carlos Mesa y Fernando Camacho, tira excrementos por todo lado e intenta –por la vía de los grandes medios– involucrar hasta al defenestrado MAS, como culpable del delincuencial y doloso negociado que se hace con la salud del pueblo.

    El tema, políticamente manejado, encuentra a dos seudo contrincantes en posición de apronte, aunque repartiéndose sonrisas por si acaso esto termine por favorecer al candidato de los salvajes e indios. Carlos Mesa se frota las manos, cada vez que salen a luz los nombres de los ministros, viceministros, directores, cónsules y demás comedidos que, de seguro, algo mordieron con el sobreprecio desvergonzado. Finalmente, piensa, son hombres y mujeres de la otra candidata.

    El tema es serio. No han sido unos cuantos centavos, ni el famoso “10% de comisión” de las compras estatales: se trata de un sobreprecio que va más allá de la prudencia; entre tres y cuatro veces el valor real de mercado, por cada aparato, además de caro, inservible. ¿Dónde está ese dinero? ¿Se evaporó? Tal vez una respuesta audaz del muy inteligente ministro Murillo es que esa platita está en los bolsillos del Evo en Buenos Aires, ya que su aparato de inteligencia ha detectado que “Fernando Valenzuela, responsable de la Dirección Jurídica del Ministerio de Salud, fue relacionado con el MAS ya que llegó a esa cartera de Estado junto a Gabriela Montaño”; como reseña una comedida nota de prensa. En suma, todos salpicados, menos el ilustre e ilustrado candidato Carlos Mesa, pieza de recambio de la embajada norteamericana, seguramente preocupada porque su mujer de confianza le salió corneta.

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  • Crece la indignación de los bienaventurados

    Crece la indignación de los bienaventurados

    Pese a la censura impuesta a la prensa, no dejan de filtrarse a través de diferentes canales, las expresiones de protesta de la población humilde de Bolivia, en contra de los continuos desatinos de la dictadura de Jeaninne Añez, Carlos Mesa y Fernando Camacho. Esta vez, los medios masivos y los medios alternativos de comunicación no han podido ocultar, al menos, dos de las más recientes expresiones que son síntoma del cansancio nacional: los sendos bloqueos de pobladores de Quillacollo, Cochabamba y del norte de Potosí.

    El conjunto de medidas impuestas a punta de bayonetas y amenazas de castigo divino por la dictadura no ha dado remedio a ninguno de los graves problemas que cotidianamente debe enfrentar la población, en particular, aquella de condición humilde, que se caracteriza por llevar el pan al hogar con el trabajo diario en el mercado, en el taller, en la carpintería, en la movilidad de transporte público, en el pequeño solar campesino, en la tienda de barrio…

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