En 1800 Alejandro Volta, químico italiano, desarrolló la primera pila eléctrica o pila de Volta, un avance significativo en el conocimiento para almacenar energía en forma química y obtener energía eléctrica. Otros 100 años más tuvieron que pasar para la invención de las llamadas baterías secundarias, es decir las recargables, con ciclos de recarga. Otros 90 años de investigaciones y desarrollo siguieron para la disponibilidad comercial de baterías en base a litio. En todo este tiempo la electroquímica contribuyó a encontrar al más ligero de los metales, el litio (número atómico 3), en su forma iónica (Li+) que permite el almacenamiento químico más eficiente en volumen y reutilización de energía conocido actualmente por la humanidad.

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