Inti Peredo, el ejemplo imperecedero de la Revolución

Hemos perdido una batalla, pero la guerra continúa porque los que luchamos junto al Che no aceptamos la rendición”. Inti Peredo

Certero en sus evaluaciones, el comandante Ernesto Che Guevara no se equivocaría en su lectura de la actitud revolucionaria de Inti y Coco Peredo. Inseparables hasta hoy, los dos hermanos continúan recorriendo el camino a la victoria final, aquella de la segunda y definitiva independencia de nuestros pueblos latinoamericanos. Fusil en mano, como correspondía hacerlo en el momento histórico preciso, no dudaron en enrolarse a la guerrilla convocada por el Che y participar en primera línea en todas sus acciones políticas y militares.

Más de medio siglo de su caída en combate contra fuerzas represivas en la ciudad de La Paz, Inti sigue iluminando con su propia fortaleza, a la que aludiera el Che en las montañas de Ñancaguazú. Sus ideas socialistas rebrotan con enorme vigor en este momento en el que Bolivia, nuevamente, se las juega frente al imperialismo y sus agentes cipayos, hoy revestidos de golpistas y falsos demócratas de cuello blanco. Cuando el pueblo se vuelca a las calles ni bien iniciada una campaña electoral y saluda con el puño en alto, piensa y sueña socialismo; es decir, piensa y sueña como Inti y Coco, con una sociedad sin excluidos ni ciudadanos de segunda clase. Con un Estado Plurinacional que vele por sus derechos y promueva la igualdad, no exenta de sacrificio.

Renacen con mayor vigencia sus palabras duras pero precisas, cuando se refiere a la traición y a la felonía de quienes, por intereses mezquinos, prefirieron el ostracismo de la muerte en vida, antes que el sacrificio de la lucha. Sus palabras escritas tanto en aquel libro censurado por las dictaduras que escribiera Jesús Lara, Ñancahuazú, sueños, como en su relato Mi campaña junto al Che, se transforman en severa crítica a la forma en que nuestra Revolución Democrática y Cultural fuera abortada por los mismos espíritus pusilánimes que, prendiendo el guiñador a la izquierda para narcotizar al pueblo, no vacilaron en doblar a la derecha para empujarnos al abismo de la traición y el retorno neoliberal.

Inti y Coco, inseparables, compartieron con el Che la convicción de que la nuestra no debía ser una revolución que se limitara a una mejor redistribución de la riqueza; por el contrario, la nueva sociedad que se vislumbraba en las montañas guerrilleras es aquel escenario que facilita el nacimiento del hombre y la mujer nuevos. Se trata no sólo de transformar la sociedad, sino de sepultar al ser humano deshumanizado por el capital y convertido en lobo de su propio hermano, fanatizado por el individualismo que apuesta a salvarse uno solo, sin importar a cuál de sus hermanos pisotea.

La Revolución, con mayúsculas, para ser tal, debe ser completa e integral. Así lo pregonaron estos dos guerrilleros siempre, en todos los actos de su vida militante. No extrañaría, por tanto, que salido del cerco militar que se tendió en torno al grupo de sobrevivientes de la guerrilla de 1967, Inti no se rindiera un solo minuto y dedicara todos sus esfuerzos a la reconstrucción del Ejército de Liberación Nacional (ELN), para retomar la lucha inconclusa. La promesa hecha manifiesto en Volveremos a las montañas, escrita en la clandestinidad, no fue juego de palabras; se concretaría al cabo de poco tiempo, con la segunda gesta, la de Teoponte.

Por ello, cuando los revolucionarios rememoramos a Inti en la fecha de su último combate, lo hacemos con optimismo y alegría. Sabemos que la victoria final es inevitable; que hoy más que nunca se tornan ciertas las posibilidades de transformar definitivamente nuestra sociedad y convertir a hijos e hijas del pueblo en ese ser superior que es el revolucionario, para no volver a dar marcha atrás.

Inti y Coco evocan, siempre, ese internacionalismo revolucionario que nos hace sentirnos ecuatorianos con Correa, solidarios con Cuba, resistentes con el chavismo venezolano, inmortales con nuestros héroes y mártires que levantan el puño para gritar, seguros, ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!

Allá vamos.

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