No bastan las leyes

En Bolivia desde el nacimiento del Estado Plurinacional se han aprobado varias leyes que favorecen a las mujeres. Desde la misma Constitución Política del Estado con 21 artículos y otras específicas como: la Ley Integral 348 para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia, la  Ley 243 Contra el Acoso y la Violencia Política hacia las Mujeres , la Ley 264 Integral contra la Trata y Tráfico de Personas, la Ley  045 Contra el Racismo y toda forma de discriminación, la Ley 341 de Control Social y Participación Ciudadana; la Ley 026 de Régimen Electoral, sin embargo no cesa la violencia contra ellas en todos los ámbitos y, es la violencia familiar que ha cobrado hasta el 26 de abril 38 feminicidios en todos los departamentos de Bolivia, excepto Tarija donde el primer caso se presenta el 3 de mayo.

Cabe hacer notar que existen muchas entidades tanto estatales como privadas (ONG) que entre sus postulados están defender los derechos de las mujeres, sin embargo, en lugar de disminuir, la violencia se incrementa.

¿ POR QUÉ?

La violencia en general se puede enfocar desde tres ámbitos: el estructural, el cultural y el directo. Vayamos por partes

La violencia estructural es la que reprime nuestros derechos, nos provoca limitaciones culturales, se expresa en la pobreza, en la falta de vivienda, en los déficits alimentarios, en una atención de salud mediocre, no hay desarrollo de las personas como tales y se mantiene el status quo de desigualdad en la sociedad.

Ahí juega un papel importante el Estado, quien debe garantizar las condiciones estructurales para el desarrollo integral de las personas, por tanto la violencia estructural es la forma más brutal de expresión en nuestra sociedad.

Veamos ahora la violencia cultural, es sutil mas no por ello buena. Son todos los imaginarios sociales como el machismo, el racismo, entre otros que van educando a las personas a lo largo de su existencia, formando los estereotipos sociales a través de la educación tanto formal (escuela, colegio, universidad) como informal (familia, medios de comunicación, canciones, concursos de belleza) lo cual ha llevado a la humanidad a invisibilizar a las mujeres y cosificarlas, iniciando con un lenguaje que expresa el inconsciente del comportamiento ya que lo que no se nombra no existe, de ahí viene la insistencia actual de distinguir lo femenino (mujer) de lo masculino (hombre) en nuestro idioma.

Ahora bien, la confluencia de la violencia estructural con la violencia cultura, van a originar la violencia directa, que es a la que nos tienen acostumbrad@s los medios de comunicación comerciales, mostrando en los noticieros, los periódicos, con su criterio enfermizo la violencia tangible (mujeres degolladas, acuchilladas, violadas, etc….) pues esto les produce réditos económicos interesantes tanto a las instituciones como a los medios de comunicación.

En este entendido, quienes estén realmente interesados (as)en erradicar la violencia tanto hacia las personas más vulnerables como la violencia en general, tienen que luchar a la par por ir cambiando las condiciones que hacen del Estado un ente represor por uno que provea a sus habitantes las condiciones de crecimiento y desarrollo óptimas (vivienda, salud, trabajo) que pasa por un cambio profundo de la estructura y de la superestructura, un tipo diferente de sociedad ; por eso se debe empezar por luchar para abolir el capitalismo consumidor y destructor.

Es necesario cambiar toda la educación que nos inculca competitividad en lugar de  complementariedad. No basta la corresponsabilidad y coparticipación en las labores hogareñas si no se destruye el ideario de superioridad del hombre en relación a la mujer. SÓLO ASÍ PODREMOS HABLAR DE UNA VIDA SIN VIOLENCIA.

Cochabamba, 29 de mayo del 2021

Chiri Huayrita

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