¿Relaciones de confianza…? Ni un tantico así

Una nueva fake new o mentira falsa ha sido hecha pública, haciendo referencia a un supuesto restablecimiento de relaciones diplomáticas con el gobierno de Estados Unidos de Norteamérica. Textualmente, la mentira difundida atribuye a Marianela Prado haber sostenido que “Hemos reestablecido relaciones de confianza con EE.UU. en el marco del respeto a nuestra soberanía desde que estábamos en campaña”. No son, precisamente, buenas noticias las que nos quieren dar los devotos imperiales, tanto para Bolivia como para América Latina, en circunstancias en las que el continente es un volcán en erupción contra las políticas imperiales y sus gobiernos títere en la región.

En septiembre de 2008, el entonces presidente Evo Morales, en un acto que nos dignifica, expulsó al representante norteamericano en el país y dio por rotas las relaciones diplomáticas entre el Estado Plurinacional y el país del norte. Fue el corolario de una insolente injerencia de aquella potencia en asuntos internos de Bolivia; no sólo durante el gobierno del MAS IPSP, sino en el periodo neoliberal previo. Entre sus puntos icónicos, podrían mencionarse varios, pero bastan dos para graficar el grado de dependencia de los sucesivos gobiernos neoliberales a los caprichos del imperio. Una, jocosa por cierto, fue la conmemoración de un 4 de julio, fiesta nacional de Estados Unidos, en la que su embajadora condicionó la presencia de invitados bolivianos a que asistieran disfrazados de cowboys. Y allí estuvo don Tuto Quiroga, cumpliendo dócilmente el papel de chupamedias, pasando la vergüenza en nombre del país. Antes o después, poco importa la sucesión cronológica, un embajador yanqui de apellido latino y rasgos chicanos, dijo de manera insolente que Estados Unidos podía vivir sin Bolivia, pero a la inversa, era imposible.

Cuando se dio el rompimiento de las relaciones, infinidad de voces se hicieron eco de esa última percepción del “diplomático” norteamericano. ¿Qué pasaría con nuestras exportaciones a Estados Unidos? ¿Qué sería de nosotros, pobre paisito del tercer mundo, pretendiendo enfrentarse a la primera potencia del planeta? ¿Dónde iríamos a parar si el amo yanqui nos cortaba su generosa “ayuda” para el desarrollo? ¿Cuánto se dispararía el narcotráfico en el territorio nacional, huérfano de la valiosa colaboración de la DEA norteamericana en la cruzada contra ese “flagelo”? Y otras preocupaciones más por el estilo.

El tiempo se encargó de confirmar que fue una acertada decisión política, pues vivimos sin Estados Unidos el periodo de mayores logros y realizaciones del llamado Proceso de Cambio. Lamentablemente, dicha medida de defensa de la soberanía y del derecho a la autodeterminación de los pueblos se vería mellada y desnaturalizada por sucesivos ministros del gobierno de Evo Morales que posibilitaron el retorno sin estridencias de la DEA. Desde ese momento, se armó el andamiaje policíaco del imperio, base de la conspiración que culminó con el golpe de Estado de noviembre de 2019. Aquel noviembre todavía fresco en la memoria de los bolivianos, fue el corolario de una paulatina cooptación de los mandos policiales y militares del país, por parte de la CIA y otros organismos de inteligencia norteamericanos, disfrazados de ayuda técnica en diferentes ámbitos.

Muchos años antes, Ernesto Che Guevara, en un célebre discurso, afirmó que al imperialismo yanqui no había que darle ni un tantico así, haciendo mímica con los dedos para mostrar un pequeño espacio. Pues por ese por más diminuto resquicio, cual rata en bodega, el imperio se vale para penetrar rápidamente en todas las instituciones del Estado, para prostituir a sus funcionarios con la prebenda, la lisonja y el palo. Así ha ocurrido recurrentemente durante toda la historia de Bolivia, del continente y del mundo entero; haciendo universal la respuesta del porqué no hay golpes de Estado en Estados Unidos: porque no hay una embajada norteamericana en Washington.

Restablecer las relaciones en estas circunstancias, no es parte de la agenda urgente de las relaciones internacionales del país. Sí lo es –y de ello ha dado muestras el gobierno presidido por Luis Arce Catacora– afianzar relaciones con países del continente, cuyos gobiernos progresistas se empeñan en reconstruir alianzas para edificar la Patria Grande; de fortalecer lazos con China, Rusia  e Irán, para construir un mundo multipolar en el que se respete la libre autodeterminación de los pueblos; de centrar esfuerzos en acuerdos para emprender proyectos estratégicos como el Tren Bioceánico y el uso adecuado de nuestros recursos naturales estratégicos; de viabilizar acuerdos que generen sinergias en la lucha contra el Covid 19 y otras tareas de esa índole.

Creer que  el Tío Sam ha cambiado y es otro porque tiene una nueva administración demócrata, es de una ingenuidad peligrosa. Es pedirle al zorro que cuide las gallinas…

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