Otra cumbre que también huele a azufre
Apelando a una declaración histórica que hiciera Hugo Chávez, en oportunidad de su presencia en la ONU, en septiembre de 2006, minutos antes de su intervención había hecho mención a la presencia en el mismo lugar de George W. Busch, donde una frase se hizo viral, Chávez anunció: “Ayer el diablo estuvo aquí, huele a azufre todavía en esta mesa donde me ha tocado hablar…”
Será ahora en Miami en el que Donald Trump, reúna a los que considera sus más leales amigos del patio trasero que su país así lo califica y desarrolle una Cumbre presidencial en los que figura el presidente improvisado de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira, bien acompañado de la casta nazifascista de esta parte del Sur como es: Javier Milei, de Argentina; Santiago Peña, de Paraguay; Nayib Bukele, de El Salvador; Daniel Noboa, de Ecuador y Tito Asfura, de Honduras.
Esos son los que para Trump son aliados clave en la región y que mantienen afinidad política e ideológica con la administración estadounidense. El encuentro busca consolidar una coordinación política, económica y geopolítica frente a la expansión de los intereses chinos. La selección de mandatarios apunta a conformar un núcleo de países dispuestos a fortalecer la cooperación con Estados Unidos. En otras palabras se seguirán bajando los pantalones al imperio y cumplirán su mandato.
Pero no es de eso que vamos a hablar sino del rol que viene asumiendo en política exterior, Bolivia, la que encabeza el canciller Fernando Aramayo, que en los últimos días nos demostró que al igual que Paz Pereira, esté zafado y haga declaraciones fuera de sí. Llama la atención que un hombre formado en la diplomacia multilateral utilice el término «viveza criolla», para referirse a la protección de la maternidad o la discapacidad y que existen “embarazos por doquier”.
Al ventilar de manera abrupta y cuestionar la documentación de servidores que se declararon tutores de personas dependientes, Aramayo no solo ataca la legalidad vigente; ataca también la dignidad humana de sus subordinados.
Estamos hablando de un canciller que, en su hoja de vida, hace gala de sus años como Asesor en Democracia y Desarrollo del PNUD, un cargo cuya esencia misma es la protección de los derechos humanos y el cumplimiento de la Agenda 2030. Allí, su misión era garantizar que los sectores más vulnerables mujeres, niños y personas con discapacidad no fueran dejados atrás.
Quedó atrás el perfil del defensor de la igualdad de género que escribía informes para las Naciones Unidas, de aquel asesor que pregonaba el desarrollo inclusivo. Es una pena que por frases como las que saca a luz, suelto de cuerpo, haya sido reemplazado por un político que, sintiéndose acorralado por los derechos laborales, opte por la estigmatización pública de las mujeres y los cuidadores.
Lo que hoy vive la Cancillería boliviana es una muestra de doble moral institucional. Por un lado, se busca proyectar al mundo una imagen de modernidad y respeto a los convenios internacionales; por el otro, se califica como un «mecanismo de supervivencia» malintencionado a la protección del embarazo y al cuidado de la discapacidad.
La verdadera «viveza» no está en el funcionario que se acoge a la ley para proteger su vida o la de sus dependientes, sino en el político que cree que puede pisotear derechos hoy, habiendo vivido de defenderlos ayer.
Aquí cabe mencionar, el rol totalmente distinto que conocíamos de un canciller que construyó una nueva diplomacia boliviana que, no se hizo en el vacío, sino que necesitó de un sistema diplomático flexible a las circunstancias reales emancipatorias.
Una diplomacia de los pueblos, que reemplazó a las diplomacias tradicionales, de base oligárquica, y que se fundamenta en los conocimientos de las culturas originarias con la participación de los pueblos en el diseño y gestión de las relaciones exteriores.
El impulsor más consecuente del pensamiento andino-amazónico, con el nuevo paradigma resistido por muchos sectores conservadores en el país como es el “Vivir Bien”.
El profundo conocimiento de la filosofía andina, especialmente la referida al equilibrio ha coincidido con un mundo multipolar, una propuesta diferente recorrió en las Naciones Unidas y en otros foros internacionales desde la Diplomacia de los Pueblos por la Vida.
Gran labor desarrollada por el ex canciller, David Choquehuanca, que asumió en el mundo diplomático mundial, un carácter simbólico de las transformaciones que se realizaron en el país hace años atrás.
¿Le dice algo al actual canciller Aramayo que, al pretender ser mediático, pone en ridículo a la Cancillería y se suma a la diplomacia de los que huelen a azufre, aquellos que irán a Miami?
*Luis Camilo Romero, es comunicador boliviano para América Latina y el Caribe





