Autor: Luis Camilo Romero

No tiene nada que ver con la película de Corin Hardy, (The Hallow) que la produjo en 2015, acerca de una monja que se suicida en una abadía rumana y que el Vaticano envía a un sacerdote y una novicia a investigar lo sucedido. Es una película del género del terror y sin tratar de incidir en los componentes del film, lo que decimos más adelante probablemente revele lo más terrorífico por alusión a otro personaje parecido en nuestro país.

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Se han cumplido 35 años de aquella Marcha histórica de más de 5 mil mineros que marcharon desde Oruro a la ciudad de La Paz interpelando al gobierno del MNR por la aplicación de la dura medida como fue la relocalización de más de 30 mil mineros de las minas, hoy una gran masa de pobladores del campo y de la ciudad continúa marchando, reclamando e interpelando al mundo “Por la Vida y la Paz”, como fue en 1986.

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La semana pasada recordamos los 50 años del golpe de Estado que llevó al entonces coronel Hugo Banzer al poder e inauguró la más larga dictadura en la historia boliviana contemporánea. Fue el tiempo donde los derechos humanos centraron la atención por parte de instituciones y la sociedad civil.

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Ese 21 de agosto de 1971, en el golpe de estado de Hugo Banzer, que cumple 50 años y lo traemos hoy a la memoria, se asemeja al noviembre de 2019 porque nos retrata los 21 días que el pueblo resistió a esa embestida cruel de los que asaltaron al poder en complicidad de militares, civiles, policías y la misma Iglesia Católica.

Pero a diferencia de ese episodio trágico de 1971, hubo una mujer como Domitila Barrios de Chungara que desafío no a la metralla, sino al miedo, una mujer de inmenso coraje que superando el miedo de sus compañeros mineros, supo asumir una conducta que derrotó a la dictadura banzerista.

La ruptura del miedo ha servido para que plebeyos destronen a las noblezas europeas, la ruptura del miedo ha servido para que en Bolivia se recupere la democracia, arrebatada por las dictaduras. Estamos claros que una actitud individual no es la que mueve la historia, pero es la “chispa que enciende la pradera”, decía alguien por ahí.

Las investigaciones realizadas por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, que trabajó para la CIDH, nos reveló que el ex ministro de Defensa, Luis Fernando López, había dicho “En noviembre de 2019, en la peor época de la democracia, las Fuerzas Armadas no dispararon ni un cartucho; ningún fallecido fue a causa de la Policía o las Fuerzas Armadas”.

Lo mismo había dicho el exministro de Gobierno, Arturo Murillo, quien incluso culpó de las muertes a los propios manifestantes, que, en su criterio, se dispararon entre sí. Todas esas falsas narrativas cayeron en saco roto.

Las investigaciones del Grupo de Expertos, concluyó que en esa ocasión hubo graves violaciones a los DD.HH. con el saldo lamentable, que el gobierno de facto se negó en ese tiempo. Hubo intervención policial-militar que hubiera tenido un triste desenlace, ¿por qué la presidenta de facto firmó el decreto que liberaba de acciones penales a los militares?

En esos conflictos, con dura resistencia, se terminó con una ley sancionada en la Asamblea Legislativa y luego promulgada por Áñez. Sin embargo, la exmandataria, que nunca se había reunido con los movimientos en conflicto, se atribuyó la solución de la crisis y para colmo dijo ser ella quien trabajó por una “segunda pacificación”!!

Y para poner el sarcasmo a lo que relatamos es lo que pone a afirmar el exministro Murillo cuando afirma que esa resolución de la crisis tampoco fue con un solo tiro. ¿Vamos a creernos los relatos?

La lucha del pueblo ya no es simplemente por recuperar la democracia, sino por recuperar el Estado que fue vaciado y desmantelado como protector de la población. Todos los derechos han sido anulados y el derecho a la vida ha sido reemplazado por la obligación de la muerte.

Bolivia, tras las revelaciones del Informe del GIEI, entra en una dura tarea de construir un futuro frente al temor, la incertidumbre y un futuro hipotecado por un clan cleptocrático que se adueñó del gobierno durante 11 meses tras un golpe sangriento y masacres.

¿Será que como Domitila podamos derrotar el miedo que no solo nos mató a bala sino que nos atemoriza cuando los portavoces de la derecha boliviana (dirigentes cívicos, aliados políticos, militares, Iglesia Católica y medios de comunicación afines a esos) nos anuncian la muerte todos los días a nuestra patria?

La cultura de la vida es paciente, pero tiene un límite, el momento que vivimos requiere mucha serenidad para vislumbrar un futuro que despeje la niebla que no permite ver con claridad el peligro que se cierne sobre las conquistas democráticas, y la supervivencia del mismo Estado. Vencimos al miedo, un desafío que lo asumimos y eso ya es mucho.

*Luis Camilo Romero, es comunicador boliviano para América Latina y el Caribe

Tal como vaticinó Salvador Allende. Él y otros héroes de la democracia chilena han sido reivindicados de manera masiva y popular, como lo fue en 1970 en el triunfo de la Unidad Popular y su llegada al poder, y posteriormente en este siglo, con casi el 80% de los votantes chilenos optando por descartar la Constitución impuesta sobre su país por la dictadura de Augusto Pinochet y sus padrinos en el Departamento de Estado y la CIA estadounidenses.

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Para nadie es desconocido el rol que la OEA ha jugado en los últimos años en países como Venezuela, Nicaragua y Bolivia, imponiendo las directrices que el gobierno de turno de los EE.UU. aplicó a esos países violando su soberanía y sus principios democráticos.

En crueles episodios de esa imposición imperial llega su Secretario General, Luis Almagro, que no es ciertamente un apellido de grata memoria para los pueblos originarios del Abya Yala, por el contrario, junto al de Pizarro son los apellidos emblemáticos de la invasión y el genocidio.

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Una de las tramas más perversas con lo que se asestó contra la democracia fue el inventar que en Bolivia hubo fraude y ello sirvió a los sectores radicales como justificativo para llevar adelante el golpe de estado, anulando así la posibilidad que el ex presidente Morales acceda de nuevo al poder.

El argumento del fraude es una maniobra discursiva fácil y discurso que fue amplificado por la derecha boliviana, que no logró probar esa argucia y que lanzara después de los resultados del 20 de octubre, con un autor confeso quien encendió la chispa de la violencia, Carlos Mesa, el candidato de CC, quien afirmaría que en el país se montó un fraude monumental, lo que permitió a las fuerzas golpistas llevar adelante su cometido con el respaldo de la OEA e imponer un gobierno de facto.

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