Reporte del intento fallido de desbloqueo

El presidente del Estado, popularmente conocido como el Pollo Paz Pereira (PPP), luego de calificar de “vándalos” a miles de compatriotas que han salido a las calles y a los caminos para exigir su renuncia, ha pedido a la población acompañar a policías y militares en la tarea de desbloquear a un país en pie de guerra. Este peligroso llamamiento al enfrentamiento fratricida ha sido la orden de movilización para grupos paramilitares en Santa Cruz, organizados en la tristemente célebre Unión Juvenil Cruceñista (UJC). Vociferantes y dados a matoncitos, organizaron una caravana para trasladarse a la población de San Julián, donde se cumple un bloqueo como los más de cien que se registran a lo largo y ancho de nuestro territorio nacional. Hacia allá se fueron, pensando que era una fiesta carnavalera y, de seguro, con la certeza de que la faena sería tan fácil como cuando su presidente (no el PPP, sino el de la UJC) golpeó cobardemente, amparado por sus grupos de choque, a un conocido dirigente masista del oriente, no hace muchos días atrás.

Llegaron a San Julián armados de palos y machetes, ingresaron al pueblo golpeando a diestra y siniestra. Ni la prensa se salvó, pese a tener distintivos en sus movilidades. Como siempre, pensaron sentar un precedente que escarmentaría a un pueblo decidido a hacer escuchar su voz y su protesta. Lo grave de los hechos radica en la postura de una Policía Nacional que, se supone, debe ser la institución llamada a evitar el ejercicio de la violencia y asumir la responsabilidad de la mantención del orden público; pero no, esta vez (y no es la primera), los uniformados optaron por ponerse del lado de los invasores del pueblo, protegiéndolos e, incluso, pertrechándolos con gases lacrimógenos, permitiendo no sólo la usurpación de funciones, sino fomentándola.

Los considerados “vándalos” por PPP no eran unos cuantos que bloquean frente a una inmensa mayoría que los rechaza, tal como sostiene la narrativa oficial. Desde las casas más humildes, desde las brechas, desde otras comunidades, vecinos y vecinas se movilizaron para defender lo suyo, impidiendo que mozalbetes pagados y entrenados como fuerza de choque, irrespetaran a una población harta de promesas incumplidas. Y ocurrió lo impensable, como cuando las noticias de la conflagración en Irán dan cuenta de que la resistencia popular y su ejército no fueron destruidos por Estados Unidos y que continúan resistiendo e imponiendo otra vergonzosa derrota a la primera potencia militar del mundo. Los de aquí, armados de coraje y dignidad, se enfrentaron resueltamente a los unionistas que, asustados, cayeron en cuenta que una cosa es patear en patota a indefensos collas en la ciudad y otra enfrentar la ira popular. A despecho del silencio de los grandes medios de comunicación, funcionales a esa derecha racista que piensa en borrar civilizaciones como fórmula de solución a la injusticia, la explotación y la opresión, imágenes filtradas de medios alternativos y de comunicadores populares que asumieron la noble tarea de informar, han mostrado a los valientes y valerosos unionistas huir como ratas, a pesar de la fuerte protección policial con la que contaban.

El PPP debe estar, de seguro, más que decepcionado. Su llamado cayó en saco roto: no ha sido el pueblo cruceño, aquel verdadero en cuyo nombre hablan los dirigentes cívicos y otros de la variopinta fauna de la derecha reaccionaria; han sido los reclutados por el imperio de la necesidad, quienes han pretendido dar lecciones de hombría a hombres y mujeres del campo que hacen carne y realidad el estribillo nacional: morir antes que esclavos vivir.

Esta lección debería ser rápidamente asimilada por un gobierno que se cae a pedazos, para evitar más días de sacrificio, para unos y para otros. Para decirlo con la picardía de la sabiduría popular, dentro de poco, no habrá Pollo en Bolivia…

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