Sin pudor alguno, mostrando su rastrero servilismo a las políticas y narrativas del imperio, Rodrigo Paz Pereira da lecciones de lo que se debe hacer por el pueblo cubano. Ha manifestado que allá, en la isla de la dignidad, se pasa hambre y que el Estado debe cambiar para servir a la gente y no a la inversa. Dice, con absoluto descaro, que aquí ocurría lo mismo y que ahora el Estado sirve al pueblo… ¡como que dan ganas de creerle!
Respecto a la primera afirmación, no duele su ignorancia, que no es supina ni limitación cognitiva. Es comedida y bien recomendada, pues de lo que se trata ahora es de denostar al gobierno revolucionario de Cuba porque así lo ordena su mandamás Donald Trump, quien afirma que, después de Venezuela, se viene Cuba. Para ello, hay que preparar bien el terreno y nada mejor que presidentes supuestamente democráticos y expresivos del sentir de los pueblos del sur, para dar una palabra de aliento innecesaria para la invasión que se planea desde el Pentágono para, de una buena vez, extirpar ese mal ejemplo que es aquella pequeña nación, de apenas diez millones de habitantes y que no significa amenaza alguna para el imperio. Claro, verdad a medias, porque, en rigor, Cuba es siempre la mayor amenaza para ese capitalismo salvaje que distribuye miseria, horror y muerte por el planeta entero. Es su ejemplo de valor y resistencia lo que inspira a palestinos y palestinas a resistir en Gaza al sionismo genocida; como es su resistencia heroica la que alimenta la decisión de enfrentar y derrotar al invasor en Irán y en todo el eje de la resistencia en Medio Oriente.
Pollo Paz Pereira no ignora todo aquello; por el contrario, es plenamente consciente de lo que Cuba significa para los desposeídos de la tierra. Y ello engloba su propio entorno. El pueblo boliviano pudo haber sido confundido por una avalancha de desinformación y manipulación mediática para ser convencido en sus estratos más pobres en lo ideológico y en aquellos que lo imaginaron como el mal menor, para llegar a la presidencia del Estado Plurinacional de Bolivia. Pero en menos de un año, los escándalos de corrupción, narcotráfico, delincuencia organizada y otras lacras con la Primera Dama de la Nación como protagonista, muestran de cuerpo entero a los gobiernos que el imperio necesita para domesticar a nuestros pueblos. Por ello, antes de viajar a la asamblea de Naciones Unidas, lanza la diatriba contra Cuba, deseoso de mostrarse como el perrito faldero y ladrador que atenúe las penas del jefazo.
Y es que en ese mismo foro, muy pocos son los ocasionales aliados del amo que se alinean en la narrativa de la que hoy Pollo Paz Pereira se muestra como paladín. Por el contrario, año tras año, las votaciones de los alrededor de 190 países representados, de forma por demás abrumadora, exigen el fin del bloqueo y no piden un cambio de gobierno en Cuba. Arma genocida, el bloqueo también se ha ejercido contra Irán, con idénticos y paupérrimos resultados, porque la consciencia de los pueblos es infinitamente mas fuerte que las desesperadas e inútiles andanadas del imperialismo afanado en conservar a sangre y fuego su hegemonía.
Nuestro aprendiz de gallo se va a la Asamblea de Naciones Unidas dejando un reguero de angustia y desolación en el país. Acaba de renovar un estado de excepción para evitar las protestas de la gente llana y sencilla que ve con desesperación cómo los precios suben sin control alguno, que el diésel se va por las nubes encareciendo en espiral el costo de vida, que el país acuerda con el Fondo Monetario Internacional los términos de entrega de nuestra soberanía, nuestros recursos naturales y nuestro Estado, para descargar sobre las espaldas del pueblo trabajador los efectos de una crisis hoy por hoy agravada por la soberbia de un Donald Trump, convencido de que las cosas se arreglan secuestrando a un presidente democrático e invadiendo países,bombardeando colegios de niñas inocentes y violando derechos humanos y normas de convivencia internacional.
No sabe nuestro inefable pollo que escupe hacia arriba: el cambio de gobierno no se dará en Cuba, sino en Bolivia, pues el pueblo ha perdido la paciencia y se apresta a ganar las calles, los caminos y las plazas, en franca resistencia inspirada, también, en el heroico pueblo cubano.

