Etiqueta: Rodrigo Paz

  • BOLIVIA no está en Venta: Crisis Económica, la sombra de la Injerencia y Soberanía.

    BOLIVIA no está en Venta: Crisis Económica, la sombra de la Injerencia y Soberanía.

    Cerimedo fue asesor de comunicación de Paz, aunque el Gobierno sostiene que no era funcionario público. Actualmente enfrenta investigaciones en Bolivia por violencia doméstica, manejo discrecional de fondos del Estado y una tercera investigación por presuntos vínculos con el narcotráfico. Al mismo tiempo, la administración atraviesa graves dificultades económicas; el Congreso censuró al ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, quien fue posteriormente removido.

    Bolivia vive una de las etapas más delicadas de su historia reciente. La crisis económica golpea el bolsillo de las familias, aumenta la incertidumbre, escasean combustibles y divisas, crece la pobreza y, peor aún, se extiende la preocupación por el futuro. Sin embargo, desde el Gobierno se desvaloriza a quienes osan cuestionar las declaraciones oficiales.

    En este contexto, el Gobierno de Rodrigo Paz tiene la obligación de ofrecer respuestas claras, transparentes y soberanas. Pero, en lugar de certezas, aparecen cada vez más preguntas: ¿Quiénes toman realmente las decisiones del Estado? ¿Quiénes tienen acceso al poder? ¿Qué intereses económicos están detrás de determinadas políticas? ¿Qué papel desempeñan operadores extranjeros vinculados a la política regional? Y, sobre todo, ¿estamos ante decisiones soberanas del Gobierno boliviano o ante una creciente influencia de intereses externos?

    Existen dudas sobre Cerimedo. Actuó con una política de injerencia externa. Sería necesario exigir una investigación para determinar de dónde proviene esa injerencia y si forma parte de un nuevo Plan Cóndor mediático para dominar y decidir en nuestro país.

    La presencia de Fernando Cerimedo en el entorno presidencial merece una investigación seria y transparente. Este caso no puede reducirse a un problema personal. El propio Gobierno confirmó que asesoró a Rodrigo Paz en comunicación, aunque negó que tuviera un cargo formal en la administración pública. No obstante, diversos reportes periodísticos han señalado una influencia considerable de Cerimedo en el entorno presidencial.

    Actualmente, Cerimedo está detenido preventivamente y enfrenta investigaciones en Bolivia por violencia doméstica y otros delitos más graves, como el enriquecimiento ilícito. La Fiscalía anunció una tercera investigación por presuntos vínculos con el narcotráfico.

    Pero existe una cuestión política que no puede ignorarse: ¿cómo pudo una persona extranjera, vinculada anteriormente a la política argentina y a sectores de la derecha regional, adquirir tanta cercanía con el entorno del poder boliviano?

    Esta pregunta no es xenófoba ni partidista. Es una pregunta democrática. Cualquier gobierno tiene derecho a recibir asesoramiento extranjero, pero cuando esos asesores tienen acceso privilegiado al poder, participan en estrategias políticas y mantienen vínculos con actores de otros países, la sociedad tiene derecho a saber quién los financia, qué intereses representan, cuál es su verdadera influencia y cuáles son sus ganancias. En cualquier caso, la injerencia extranjera debe investigarse.

    Por ello, el debate debe plantearse en términos de soberanía, transparencia e independencia nacional: ¿Existen gobiernos extranjeros interviniendo en decisiones bolivianas? ¿Existen empresas extranjeras que financian operadores políticos? ¿Existen consultores foráneos con influencia sobre decisiones económicas? ¿Existen contratos o negocios vinculados a esos operadores? ¿Qué relación existe entre las decisiones gubernamentales y determinados intereses empresariales? ¿Quiénes se benefician de las políticas sobre combustibles, minería, oro, litio, hidrocarburos y empresas públicas? ¿Qué compromisos está adquiriendo Bolivia con organismos financieros internacionales?

    Estas preguntas deben responderse públicamente.

    La soberanía nacional no significa únicamente defender las fronteras territoriales. También significa tener capacidad para decidir qué hacemos con nuestros recursos naturales, qué modelo económico queremos construir, cómo administramos nuestras empresas públicas, cómo protegemos el patrimonio nacional, qué condiciones ponemos a los capitales extranjeros y, fundamentalmente, cómo protegemos a nuestra gente.

    La salida de la crisis no puede consistir simplemente en reducir el Estado, disminuir la inversión pública, eliminar políticas sociales, entregar empresas estratégicas o recurrir al endeudamiento externo sin una estrategia productiva nacional.

    Bolivia necesita estabilizar su economía, pero también necesita producir, industrializar, generar empleo y proteger a las familias. Bolivia no puede salir de una crisis económica entregando su capacidad de decisión.

    La experiencia histórica de América Latina demuestra que las crisis económicas pueden convertirse en oportunidades para imponer agendas que, bajo el discurso de la modernización, terminan debilitando al Estado, privatizando bienes públicos, reduciendo derechos sociales y entregando sectores estratégicos a intereses privados.

    Por eso debemos mirar con especial atención las políticas económicas que impulsa el gobierno de Rodrigo Paz.

    No se trata de culpar de la gravedad de la crisis a los gobiernos anteriores. Se trata de preguntarnos ahora quién paga el costo de la crisis y quién obtiene beneficios de las soluciones, si es que las hay. La pregunta fundamental no es únicamente cuánto dinero puede conseguir Bolivia, sino: ¿para qué se va a endeudar, quién administrará esos recursos y quién pagará la deuda?

    No queremos dependencia de ningún imperio: ni del norte, ni del capital transnacional, ni de organismos financieros, ni de gobiernos extranjeros.

    Queremos una Bolivia soberana. La defensa del Estado Plurinacional también es económica.

    La Constitución Política del Estado no concibe a Bolivia únicamente como un mercado. Reconoce un Estado Plurinacional, con recursos naturales estratégicos y con responsabilidades sociales y económicas. Por eso, defender el Estado Plurinacional significa defender: el litio, el gas, los minerales, el agua, los bosques, la biodiversidad, las empresas estratégicas, la seguridad alimentaria y el patrimonio público.

    Pero también significa defender la democracia, la transparencia y el derecho de la ciudadanía a saber quién toma las decisiones.

    Cochabamba, agosto de 2026

    Por María Isabel Caero

  • El Fetichismo del Poder

    El Fetichismo del Poder

    ¿Cómo caracterizar al gobierno, en este momento de crisis? Aplicando el instrumental teórico de Enrique Dussel, podemos calificar al gobierno como un gobierno corrupto, esta calificación tiene que ver con las características que señala Dussel, partiendo de la definición del fetichismo del poder que es denominada como la corrupción originaria y que consiste en la creencia que la fuente del poder político es el actor que se autorreferencia, por ejemplo cuando escuchamos a un ministro decir que toma una decisión, “ porque es el ministro”; esta autorreferencia es la señal que su poder esta corrompido. Siguiendo con Dussel, nos dirá que el representante del poder corrompido “puede usar un poder fetichizado, por el placer de ejercer su voluntad, como vanagloria ostentosa, como prepotencia despótica, como sadismo ante sus enemigos, como apropiación indebida de bienes y riquezas”. Estas características no son exclusivas del actual gobierno, sino del conjunto de la llamada “clase política” en toda la historia boliviana, el paradigma de este ejercicio del poder fetichizado ha sido, sin lugar a dudas Mariano Melgarejo.

    Los últimos días, en Bolivia han sido testigos de un “sismo político” definido así por el vocero presidencial; el origen de este sismo ha sido la declaración de un intento de asesinato de una operadora política de larga trayectoria, por parte de su compañero sentimental, conocido en el mundo de los “asesores” electorales y denunciado en la Argentina por actos fraudulentos.

    El gobierno y todos sus dispositivos han realizado grandes esfuerzos por minimizar la influencia de este asesor personal del presidente, esfuerzo que le ha tocado al vocero presidencial, que en este empeño ha perdido la poca credibilidad que tenía, ya que sus declaraciones afirmativas de negar el rol del asesor, fueron desmentidas, a través de las redes sociales, con innumerables registros audiovisuales y fotografías, y testigos presenciales que han dado su testimonio del poder que ostentaba el asesor; tal parece que el vocero no ha tomado en cuenta los registros que permite la actual tecnología de la comunicación como criterio de verdad.

    Los gobiernos de la derecha boliviana, han tenido siempre la “colaboración” de personal de inteligencia de los gobiernos norteamericanos, especialmente para el nombramiento de Ministros y otras autoridades; en este caso queda la duda del tipo de opiniones que tenía la “Embajada” acerca del asesor, abriendo la especulación de afirmar que el asesor es personal de una de las instituciones de inteligencia norteamericana.

    La figura y actos de este asesor importante e imprescindible para el gobierno es el reflejo de lo señalado por Dussel en lo referido al uso del poder fetichizado como apropiación indebida de bienes y riquezas, debilitando aun más la maltrecha práctica política boliviana, retornando a las épocas donde el ejercicio de la política era sinónimo de enriquecimiento personal.

    Ahora bien en este escenario dramático de la historia boliviana, es pertinente volver a Dussel cuando señala que “la corrupción es doble cuando el gobernante se cree sede soberana del poder, y la comunidad política se lo permite”, aquí debemos entender a la “comunidad política” como pueblo, como sociedad y en esa medida debemos asumir nuestra cuota parte en esta doble corrupción del poder político, por permitir ese uso arbitrario, fetichizado del poder, que repetimos no es exclusivo del actual mandatario sino una constante en nuestra historia.

    El fetichismo del poder, en nuestro país es una herencia del hecho colonial, la figura del conquistador, poseedor de todo el poder se ha establecido como el modelo de los gobernantes bolivianos, pese a los esfuerzos de Russeau, J. Locke, y el propio Marx para relativizar el poder concentrado. El fetichismo del poder es contrario a todo concepto de democracia en el sentido del gobierno del pueblo, para el pueblo y con el pueblo, la evidencia empírica nos demuestra que no existe democracia allá donde el poder se ha fetichizado y este es uno de esos momentos de su materialización a los ojos de quienes incluso se niegan a ver.

    Año de la crisis de gobierno – Antonio Abal O.

  • Estado de situación

    Estado de situación

    En estos días aciagos de una lucha a muerte entre la ambición el poder y su inseparable sombra que es la muerte, los bolivianos y bolivianas nos encontramos envueltos en una trama que desnuda los recovecos del poder político y la acumulación de riqueza.

    Bolivia tiene una historia plagada de tragedias, grandes fortunas amasadas con el sufrimiento de hombres y mujeres que desde tiempos coloniales son el sujeto del desprecio. Los arrebatos racistas que caracterizan los discursos “civilizados” de una modernidad inconclusa, son la antesala de las tragedias que afectan duramente a ese pueblo que sostiene sobre sus espaldas a las elites que les enajenaron no solamente sus territorios sino parte de su dignidad.

    El culebrón Beller-Cerimedo ha desnudado esa querella por el poder, aquí no importa el montaje del escenario, tampoco importan los actores, sino los efectos de la obra sobre los indefensos observadores que angustiados estamos naturalizando estos acontecimientos cuidadosamente acumulados, para que por repetición sean aceptados como característica del poder. Indefensos como estamos, somos prisioneros de la angustia y el temor, materia prima para aceptar cualquier posibilidad que nos devuelva la tranquilidad en su versión de “salvadores de la patria”, nuevamente la perversa separación entre “clase política” y pueblo nos ha convertido en una especie de comarca feudal donde los nobles disfrutan de sus privilegios y al resto sólo nos queda festejar sus ocurrencias y sus confrontaciones.

    Las elites, en esta su confrontación por el poder saben que el pueblo en su veredicto electoral no volverá a repetir el “mal menor”, saben que su ciclo tiene su fatal fecha de expiración, por eso asumen medidas desesperadas para definir su hegemonía, para definir su derecho de propiedad sobre el Estado, sobre las vidas y haciendas.

    Por el otro lado existe un pueblo que no encuentra el cauce que redima sus angustias, sus temores, la llamada izquierda fue el peor ejemplo durante el gobierno de Luis Arce, y sirvió para que se pierda la legitimidad ganada en las bocaminas, en las fábricas, en las aulas universitarias y las jornadas de lucha callejera ¿cómo rearticular ese cuerpo fracturado?

    Hace pocos días atrás en Cochabamba se realizó un conversatorio justamente para encontrar respuestas a esta pregunta. Los matices de las respuestas tenían un punto en común: defender lo avanzado, que nos es otra cosa que la defensa de la Constitución, que tiene una sentencia de muerte dictada por el poder concentrado de las oligarquías agro-mineras-empresariales.

    Los escenarios violentos de ajusticiamientos, secuestros, robos asaltos, están acompañados de medidas económicas sorpresivas en forma de decretos, amparados en un Estado de excepción que no logra domesticar la furia popular. Las primeras rupturas de esta medida ya se han manifestado y es que tarde o temprano una gota hace que el agua se desborde, y esa gota se encuentra en el entramado de un triángulo amoroso (o tal vez un cuarteto) que arrastró a todo el país; las diferentes interpretaciones de este acontecimiento confunden mucho más al atribulado pueblo que deambula buscando alimento y carburantes, el gobierno ya no puede dar certeza de nada, su vocero en pocos segundos es desmentido en sus aseveraciones y sus palabras hilvanadas para explicar lo sucedido tratan de opacar la inteligencia que todavía nos permite discernir entre tanta caótica información que destila un color amarillento.

    La descomunal batalla entre un aparato mediático y los ciudadanos indefensos está logrando éxitos, ya que los temores se transforman en conductas decididas para aceptar “lo que venga” con la esperanza de ver, por fin, acabada esta desequilibrada realidad, que por otra parte fue culpa también de la decisión popular. No dejarse intimidar por el miedo y seguir caminando pese a las adversidades y tener claro que toda conquista se defiende o se la pierde, según la intensidad de la batalla, es pues la tarea cotidiana de nuestra existencia.

    Antonio Abal O.

  • Del gabinete de agosto al nuevo de octubre

    Del gabinete de agosto al nuevo de octubre

    El solo pensar que un nuevo gabinete —anunciado para agosto— pueda resolver la crisis, el desprestigio y la ingobernabilidad sería caer en la ingenuidad. Desde que Paz Pereira se montó en la silla para gobernar, no sabía lo que hacía. Improvisó todo. Y ahí tenemos los resultados.

    (más…)
  • De narcoterroristas, narcomaderas y otros narcos

    De narcoterroristas, narcomaderas y otros narcos

    Se va haciendo común en los discursos de Rodrigo Paz Pereira calificar a los movilizados de «narcoterroristas», aludiendo al mismo tiempo al propio Evo Morales. Paz repite esa frase: «Lo que sí no voy a dejar pasar es el narcoterrorismo. Sepan ustedes, lo he dicho en su momento, que sus días están contados».

    A todo ello se sumaron las declaraciones de Marco Rubio, quien de forma atrevida dijo: «No permitiremos que criminales y traficantes de drogas derroquen a líderes elegidos democráticamente en nuestro hemisferio». Los medios de comunicación corporativos, como es su lógica, replicaron esta declaración sin contraste, cuestionamiento ni contexto alguno, lo que constituye una falta de ética y una deshonestidad periodística flagrante.

    Este discurso no es casual. Coincide con el reingreso de la DEA que, junto a otras siete organizaciones, ya opera en Bolivia y sobrevuela distintos territorios en tareas de vigilancia y recolección de datos para la elaboración de un nuevo plan de «lucha contra las drogas».

    Cualquiera que observe de cerca el conflicto podría dar fe de que ni la dirigencia de la COB ni la de la Túpac Katari en La Paz muestran prueba alguna de estar vinculadas al narcotráfico o de recibir apoyo para sus movilizaciones. La acusación de Paz y de sus ministros sobrepasa los niveles de la especulación y la mentira.

    Conociendo la trayectoria de ambos dirigentes —Mario Argollo y Vicente Salazar—, el primero es minero proveniente de Huanuni, nunca tuvo relación con la dirigencia del Trópico ni mucho menos con Evo Morales, a quien recientemente calificó de ambicioso del poder. De igual manera, el dirigente de la Túpac, fiel a las decisiones de las bases, jamás ha tenido vinculaciones con el narcotráfico. De ahí que en las movilizaciones con bloqueos en El Alto y las provincias del departamento de La Paz no se haya comprobado que sus bases recibieran estipendios provenientes de esa actividad.

    Paz Pereira no conoce la verdadera historia de su padre en los años setenta, probablemente porque era muy niño. Sin embargo, nos imaginamos que sus parientes le habrán refrescado la memoria sobre finales de los ochenta, cuando Paz Zamora ya era presidente, y sobre sus serias implicaciones con el narcotráfico.

    La memoria histórica debe ser siempre el espejo donde veamos el retrato del pasado inmediato, que nos devela los hechos, visibiliza a sus actores y desdobla las implicaciones que tuvieron a lo largo de la historia.

    Paz Pereira debería conocer a fondo que su padre, Jaime Paz Zamora —más conocido como «El Gallo»— llegó a la política gracias a esa democracia pactada del siglo anterior y al dictador Banzer de los años setenta. Paz Zamora cruzó ríos de sangre al pactar con quien masacró a muchos dirigentes del MIR en los ochenta.

    Pero lo más llamativo de este gobierno —que tenemos que relacionar con las expresiones recientes de su hijo Rodrigo Paz Pereira— es ver otra vez a Jaime Paz haciéndonos volver a la historia del siglo anterior, cuando su partido se vio envuelto en uno de los escándalos más grandes del narcotráfico y su principal ideólogo purgó la pena que le impuso la ley.

    Al MIR de Paz Zamora no le gustó la acusación sobre «narco vínculos». La Cámara de Diputados encontró indicios de culpabilidad por encubrimiento y, en una resolución, dispuso el juicio de Óscar Eid y la investigación de las hermanas de Paz Zamora, de su exministro Samuel Doria Medina, y de Hugo Muñoz Leaño, Jorge Méndez, Edgar Fernández Lazcano, entre otros.

    Fue también en ese periodo que conocimos a grandes personajes como Isaac «Oso» Chavarría y Carmelo «Meco» Domínguez, quienes involucraron a Jaime Paz Zamora y a otros dirigentes miristas, entre ellos Óscar Eid Franco.

    «Jodidos, jodidos estamos todos», fue una de las frases de Eid Franco durante una conversación grabada que sostuvo con el testigo «clave» en los narco vínculos, Edgar Fernández Lazcano, a fines de 1994. Esa cinta llegó, de manera misteriosa, a manos del entonces comandante de la FELCN, general Renato López Leytón.

    Como producto de ese escándalo, Eid fue apresado y condenado a cuatro años de cárcel por encubrimiento a un narcotraficante. En enero de 1996, el gobierno de Estados Unidos retiró la visa de ingreso a Jaime Paz Zamora y a su más estrecho colaborador, Carlos Saavedra, exministro del Interior de su gobierno.

    En 1995 estalló el caso más grande de nuestra historia: el «narcoavión». Un viejo carguero DC6-B boliviano fue interceptado en Lima llevando 4,1 toneladas de cocaína, cuyo destino final era México. La droga estaba valuada en más de 100 millones de dólares en el mercado estadounidense. Luis Amado Pacheco Abraham, alias «Barbaschocas», estuvo involucrado en ese hecho y fue condenado a 13 años de cárcel.

    Inexplicablemente, el avión no fue detenido en La Paz. La ineficiencia —y algo más— de la FELCN y de la DEA norteamericana provocaron una crisis, la destitución de autoridades de la FELCN y una mancha de supuesta protección desde el ministerio de Gobierno a cargo de Carlos Sánchez Berzaín.

    En el contexto actual que compromete al gobierno de Paz Pereira, se decomisaron 108 toneladas de droga impregnada en cargamentos de madera procedentes de Bolivia, en un operativo realizado por autoridades chilenas en el puerto de Arica, Chile. El decomiso, considerado el más grande registrado en la historia de Chile, asestó un golpe estimado en 8.300 millones de dólares a las estructuras criminales dedicadas al tráfico de sustancias controladas.

    La operación se ejecutó entre la Fiscalía Regional, la Policía Marítima y el Servicio Nacional de Aduanas en los puertos de Arica, San Antonio y Valparaíso, después de seis meses de investigación. La droga estaba en 45 contenedores que iban a ser enviados a más de 14 puertos alrededor del mundo, principalmente en Europa, Estados Unidos y Oceanía.

    En estos días, Jorge «Tuto» Quiroga, en conferencia de prensa y en sus redes sociales, calificó el caso como una «enorme vergüenza nacional» y aseguró que el hallazgo refleja la capacidad de operación de redes vinculadas al narcotráfico dentro del país.

    Quiroga señaló que, mientras varias regiones enfrentan dificultades por los bloqueos y problemas de abastecimiento, grandes volúmenes de mercancía vinculada a actividades ilícitas logran atravesar rutas nacionales y llegar a mercados internacionales.

    Este es ya otro bullado caso, bautizado como «narcomaderas», que comprometerá el futuro político de Rodrigo Paz. Porque ni él ni sus ministros han dado respuesta satisfactoria a quienes exigen esclarecer cómo se enviaron esas cargas hasta Chile.

    Los analistas han agotado sus análisis por su relación con el caso «narcomaletas». La clase media urbana, seguidora del gobierno, se queda perpleja. Algunos periodistas prefieren callarse y otros se inventan relatos sin justificación, regodeándose en la incompetencia de Paz y su gobierno. La pregunta sigue flotando en el aire: ¿Cuándo saldrá la verdad de los hechos?

    Luis Camilo Romero, comunicador boliviano para América Latina y el Caribe

  • Chau diálogo, la consigna se mantiene

    Chau diálogo, la consigna se mantiene

    La COB y los movilizados ya tienen trazado su único camino. No aceptan ir al diálogo. Su consigna se mantiene: el panorama es más claro que nunca. No retrocederán en su propósito de exigir la renuncia de Paz Pereira.

    Cuando se hablaba de diálogo, sus promotores desplazaron a los verdaderos actores del conflicto. Hace más de una semana, a esos actores los calificaron directamente de «vándalos», «delincuentes» y otros adjetivos semejantes. Al no ver una actitud diferente por parte del Ejecutivo, los movilizados —en su ampliado— rechazaron cualquier convocatoria al diálogo. Los tiempos para el gobierno se acabaron. Sus interlocutores ya no son válidos.

    (más…)
  • El Menos Peor: Ascenso, Traición y Levantamiento en la Bolivia de Rodrigo Paz Pereira

    El Menos Peor: Ascenso, Traición y Levantamiento en la Bolivia de Rodrigo Paz Pereira

    En menos de siete meses de gestión, el gobierno de Rodrigo Paz Pereira ha logrado lo que pocos hubieran imaginado posible: reunificar en la indignación a comunidades indígenas, campesinas y al pueblo trabajador boliviano. El binomio Paz–Lara llegó al poder tras unas elecciones marcadas por la desconfianza: en primera vuelta, los votos blancos y nulos alcanzaron el 21,92%. En segunda vuelta, Paz obtuvo el 66% no por convicción popular, sino como «el menos peor» frente al retorno de Tuto Quiroga, figura ligada a la privatización y a los peores índices de desigualdad de las últimas décadas.

    (más…)
  • Seis meses bastan

    Seis meses bastan

    Hay gobiernos que mienten ocasionalmente. Y hay gobiernos que han convertido la mentira en el único método que saben aplicar. El de Rodrigo Paz pertenece a la segunda categoría, y seis meses son tiempo suficiente para saberlo.

    (más…)