Un discurso penoso de hora cívica
Con motivo de (auto)recibir una distinción de las Fuerzas Armadas en Sucre, Rodrigo Paz Pereira ha dado un discurso propio de aquellas horas cívicas en las que, en épocas colegiales pasadas, nos castigaban como suplicio que parece retoñar con el nuevo gobierno, lleno de palabras huecas y grandilocuentes, con ausencia total de pueblo, de patria profunda. Ha dicho, entre otras cosas, que ha sentido ausencia de presidentes de la región el pasado 6 de agosto, cuando se llevaron a cabo diferentes actos conmemorativos del Bicentenario. Expresó que tal hecho era algo así como la reprobación regional a veinte años de gobierno, manteniendo la narrativa de época desastrosa. Comparando con sus invitados a la posesión, calza como anillo al dedo aquel adagio popular que dice que más vale estar solo que mal acompañado.
Como contra parte ha resonado la rimbombante lisonja del militar de turno, encargado de dar el discurso oferente de la distinción que se hace a un presidente en su calidad de capitán general de las Fuerzas Armadas. El servilismo ha llevado al uniformado a dar homenaje a su papá (no de él, sino de Rodrigo Paz) quien era el invitado a título de ex presidente de la vieja república. Y luego, el auto ensalzamiento edulcorado con adjetivos de heroísmo, valor, lealtad y otras que no arrancaban entusiasmo alguno a los presentes. En contraste, la claque aplaudía a destiempo, con desgano, evidenciando un tedio por demás justificable.
No ha faltado, por parte del presidente Paz, la auto alabanza familiar, en la que ha mencionado que su papi le enseñó el amor a la patria y que su abuelito tenía una bala paraguaya en su cadera. Pero, en lo profundo, pocas frases merecen atención. Quizá, por su falacia, es destacable la afirmación de Paz Pereira, en sentido de que sus actos no obedecen a una ideología, sino al amor a la Patria. Absoluta inconsistencia con el sesgo abiertamente derechista de su anuncio de ingreso de carburantes al país, en el que ensalzó abiertamente a los “americanos” (por referencia a funcionarios y entidades estadounidenses), para a renglón seguido advertir que nada es gratis y que se vienen tiempos difíciles. Por supuesto, abrir el paraguas antes de que llueva es, en este caso, la severa advertencia de las próximas medidas que empiezan a cargar el cielo de negros nubarrones. En el mismo tono con el que los dinosaurios neoliberales nos pedían sacrificio y entereza para chuparnos las devaluaciones y los gasolinazos, ha dicho también que los acuerdos con los organismos internacionales son la forma de generar confianza, tanto interna como internacionalmente. Vieja cantaleta previa a pasarle la factura de la crisis al pueblo trabajador; mientras los empresarios se frotan las manos por haber “recuperado”, de entrada, el derecho a poner a uno de los suyos en el ministerio que ahora reemplazará al de desarrollo productivo y al de medio ambiente, fusionados para mejor servicio… a los socios grandes de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO).
De comedida yapa, para que lo escuchen bien sus planificadores made in USA, ha pedido a los militares ejercer la soberanía internamente, aludiendo al Chapare y a toda región que, en uso legítimo a la protesta, se manifiesta con marchas en defensa de los intereses populares. ¿Será la antesala de una operación militar para apresar al líder de los cocaleros? Nadie desde las filas de la recalcitrante derecha oculta su malestar por la imposibilidad de aprehender a Evo y no han faltado los imaginativos que sugieren un comando al estilo Rambo para secuestrarlo y enviarlo inmediatamente a Estados Unidos, acusado de narcotráfico y otras infamias. Le han puesto incluso nombre, “operación Noriega”, en recuerdo de una aventura yanqui en Panamá para apresar al ex presidente de ese país, bajo la acusación siempre lista de narcotráfico. Luego de esa bellacada, el negocio ilícito se incrementó en el país del canal famoso, en tanto que de la cabeza de turco pretextada en aquella época, no se supo nunca más.
No se le puede restar crédito al flamante presidente: tiene buena memora para repetir las lecciones recibidas en su corta pero luctuosa visita a Estados Unidos. Y, para darse valor como aprendiz de gallito, ha terminado con un viva Bolivia carajo. No cabe duda que civismo rima con fascismo.





