De la calle Harrington al Picacho

La historia otra vez nos convoca a fijar episodios que dejan profunda huella, pero sobretodo, lecciones de aprendizaje junto al pueblo que en las páginas dolorosas de su historia en el Siglo XX, golpearon duramente a los bolivianos.

Con este 15 de enero se cumplen 45 años de la masacre de la Calle Harrington, suceso ocurrido en 1981, cuando ocho dirigentes del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) fueron secuestrados, torturados y ejecutados por fuerzas de la dictadura de Luis García Meza, deja varias lecciones profundas y todavía vigentes, que en primer plano debe poner en relieve el carácter de la militancia llevada hasta el final de una causa.

Después de aquella masacre, no solo pervive el recuerdo de los ausentes, sino sobre todo el ideario que los motivó a arriesgar su vida: paz, justicia, democracia, igualdad, principios innegociables para quienes por sus convicciones creyeron y apostaron por un mejor país y un futuro que incluya a todas y todos.

Difícilmente hoy podríamos encontrar una figura en las raíces del MIR actual o en quienes tratan de emular su trayectoria de militancia comprometida acompañando al pueblo en sus demandas históricas. Para este tiempo no encajan personajes como el viejo líder mirista Jaime Paz Zamora, padre del actual presidente improvisado, Rodrigo Paz Pereira, históricamente afín al exdictador Hugo Banzer, muy aliado a la rancia oligarquía de los separatistas y la nueva camada de “miristas” en el gobierno, Samuel Doria Medina, Marco Antonio Oviedo y José Luis Lupo.

De Paz Zamora y de su hijo todo se puede esperar, como fue el fin de año, mientras el pueblo estaba en las calles por la abrogación del DS 5503, el “pollito” Paz Pereira junto a su padre, celebraba el inicio de año en el Picacho, con los mismos ritos de noches somnolientas que le ayudaron, seguramente, a inspirarse otros decretos con sus amigos de antaño.

Ahí lo vemos otra vez a Jaime Paz, después que recobra la sigla del viejo MIR, quiere que volvamos a la historia del siglo anterior, cuando su partido se vio envuelto en uno de los escándalos más grandes del narcotráfico y su principal ideólogo –Oscar Eid Franco- purgó la pena que le impuso la ley.

El MIR, quizás como lo que hoy es su agrupación política del improvisado presidente, fue la mayor estafa del siglo XX, pues con el discurso de izquierda logro conformar una organización joven, comprometida y con ideales, para luego ser un implementador de las políticas neoliberales, de ese pasado salen los rostros que no debemos olvidar, los llamados “cardenales” del MIR y los que colaboraron al gobierno de Carlos Mesa.

La improvisada política de los Paz Zamora, Paz Pereira y sus aliados que siguen siendo los mismos del pasado, Doria Medina, Oviedo y otros, nos demuestra que al ser inconsecuentes con la política de cara al pueblo, sin ninguna alianza con organizaciones sociales, pierde la posibilidad de responder a las aspiraciones populares.

El gobierno de Paz ha puesto en ridículo su propia imagen con el Decreto 5503. La reciente pulseta con la COB mostró los grandes errores de un gobierno incompetente. Esto cobra más peso porque Paz Pereira y compañía presumían de ser un gobierno meritocrático y, por lo visto, no pudieron ni redactar un decreto, ni poder negociar con obreros y campesinos que en el pasado, eran sus principales aliados.

Su inconsecuencia ideológica se hizo pública al manifestar su posición con respecto a la agresión que sufrió Venezuela. En lugar de condenar la violación de la soberanía venezolana, Rodrigo Paz emitió un comunicado respaldando implícitamente la intervención.

En el poco tiempo que lleva en el gobierno, ha pasado de ser considerado “semi nuevo en política” a ser identificado como un hablador, mentiroso, ejemplo de ello es lo que expresaba antes de la llegada del presidente del BID, que el gobierno contaría con 7.000 millones de dólares de crédito, cuando su ministro José Luis Lupo oficializa que únicamente fueron 4.500 millones de dólares.

El salir a descalificar y lanzar acusaciones contra los movilizados solo lo ha posicionado como un irresponsable. Tras las movilizaciones contra el Decreto 5503 el gobierno de Paz no salió con un “empate”, salió debilitado, con la legitimidad erosionada. Desde luego, Paz nunca apostó por consolidar algún tipo de relación política con los sectores que lo pusieron donde está.

Finalmente, volviendo a los masacrados en la calle Harrington, las víctimas eran militantes políticos, pero eso no justifica su asesinato. La lección ética central que nos deja es que esos 8 dirigentes que ofrendaron con su vida, distan mucho de los que en vida, no muestran ningún compromiso con una causa porque su ética, sus ideales y su ideología la rifaron en los últimos años.

Hoy, al recordarlos por ser promotores de la defensa de la democracia y la vida, nos une a los que dejaron su semilla en Senkata y Sacaba en 2019, también regado de sangre como las dictaduras de antes. Las lecciones de la historia nos deben llevar a que nunca más se repitan hechos similares y aberrantes como aquella imagen de personas arrodilladas en las puertas de un cuartel, en Santa Cruz pidiendo que la democracia sea rota una vez más.

¡Honor y gloria a los caídos en la calle Harrington! Nuestra máxima adhesión y respeto por ellos como lo son los miles de caídos en defensa de la democracia, el estado de derecho y la justicia social para el pueblo.

*Luis Camilo Romero, es comunicador boliviano para América Latina y el Caribe

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