“El cemento no se come” fue la sentencia que el presidente R. Paz hizo, en referencia a las obras construidas durante el gobierno de E. Morales. Ante la innegable evidencia de las obras, del gobierno de Morales, el presidente recurrió al cuestionamiento de esa gestión con una frase muy desafortunada.
El presidente, que fue Alcalde de Tarija y que en esa condición realizó obras “de cemento”, que le costó una denuncia, sabe que detrás del cemento existe trabajo vivo, que existe empleo y familias que “comen gracias al cemento”, entonces la despectiva argumentación del presidente lo que hace es demostrar el desmedido intento por denostar una gestión de gobierno, que, en el imaginario social, de una gran parte de la población mantiene un grato recuerdo.
La frase del presidente tiene varias connotaciones, una de ellas tiene relación con la eterna muletilla de los presidentes de “comenzar una nueva Bolivia”, es muy pretencioso asumir que la historia de un país comienza con una gestión de gobierno, que en 5 años se pueda cambiar una historia de más de 500 años, el ejemplo más claro lo tenemos en las experiencias de los cambios en 1952 y en 2005, en ambos procesos, uno producto de una rebelión social y el otro producto de elecciones democráticas, pese a todos los esfuerzos realizados no pudieron cambiar la estructura del Estado, un Estado nacido en la cuna del sistema colonial de saqueo y cuyas elites criollas continuaron fortaleciendo y reproduciendo esta forma de Estado, pese a la “independencia” lograda en 1825.
La idea de “el cemento no se come” contradice todos los esfuerzos de alcaldes, ministros y presidentes de Bolivia que a lo largo de su historia fueron construyendo “bloques de cemento”(edificios)como símbolo de progreso, y es bien sabido que una generadora masiva de empleo es la construcción (carreteras, escuelas, caminos, hospitales, vivienda social, etcétera) Así pues el presidente en su obsesiva actitud de no asumir responsabilidad, sino endilgar a los “otros” el fracaso de su gestión, desafía a la inteligencia humana y claro es una ridícula figura que se asemeja a otro mandatario de igual catadura que está hundiendo al pueblo argentino.
Claro que el cemento no se come, pero da de comer, esa es una verdad inobjetable, cuando el país necesita activar su fuerza de trabajo, que es una de las fuentes principales para superar el desempleo. No conocemos al equipo asesor del presidente, quizá no lo tiene ya que son reiteradas las “metidas de pata” que disgustan a la población, que como en el caso del diminutivo “platita” señala un tratamiento de minoridad para la población y por otra parte demuestra que solamente “la platita” es el valor preponderante para el presidente que trata de imponer este su valor al resto de la sociedad.
La frase: “el cemento no se come” en su obviedad, nos aclara acerca de los límites de razonamiento, de la pobreza del argumento, esta frase seguramente sigue el dictado de manual del asesor personal, quién no solamente nos menosprecia, sino que, en su manifiesto racismo, nos dice que lo que queremos y buscamos son cloacas y fieles a ese manual el gobierno nos ofrece: ¡un millón de baños!, esa es la idea que se tiene de la sociedad boliviana y sus demandas en los pasillos del poder.
“Los pueblos se merecen los gobiernos que tienen” dice una sentencia popular, y como el pueblo siempre tiene razón nos toca asumir el sufrimiento por cuatro largos años. La arrogancia de algunos personajes que ocuparon cargos en la función pública, acunaron al futuro Leviatan, que hoy se va alimentando de las angustias de bolivianas y bolivianos, que solamente piensan en como responder a sus hijos cuando se nota la carencia.
El “cemento no se come” por supuesto, tampoco se comen los discursos vacíos y las frases inventadas para solaz de los medios de comunicación y la burla de la población expresada en sendos memes que festejan las ocurrencias sinuosas de una más de las tragedias bolivianas, estas vez en pleno siglo XXI.

