Autor: Camilo Katari

En agosto del año 2020 miles de hombres y mujeres de pueblos originarios realizaron un bloqueo, el más grande de nuestra historia, bloqueo que recuperó el ordenamiento democrático y constitucional del país: quebrado así con el golpe de Estado de noviembre del año 2019.

La claridad de los planteamientos de recuperación de la democracia, por parte de los representantes de pueblos originarios, obliga a precisar el viejo concepto referido a la “democracia” y su sentido en el universo epistemológico de los pueblos originarios.

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Carlos Mesa, el candidato perdedor en las subnacionales, sin impacto mediático, vuelve con sus apuntes de seis puntos, parece que algo tiene con ese número que lo tiene traumado porque hace un mes también planteó seis bases para lo que ellos llaman ‘lograr la reconciliación y la paz”, nadie le dio bola y ahora presentó otra propuesta con seis puntos para garantizar el proceso de vacunación a escala nacional.

Como descartando que el gobierno no tendría una estrategia sólida que lleve adelante el plan de vacunación, Mesa presenta su propuesta solo para desgastar al gobierno y marear la perdiz porque lo que le tiene traumado es no saber qué hacer en su orfandad política y ya que no pudo mandar a más gente a los EE.UU. se distrae con anuncios que no pesan en absoluto.

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Recuerdo que de la mano de mi abuela era obligado a presenciar la procesión de viernes santo, los tremendos cuerpos de María, José y su hijo muerto echado en un sepulcro, se quedaron para siempre en mi depósito de imágenes, yo en mis ocho o diez años los veía enormes (mirada en contrapicado, diría un camarógrafo) y ese peso simbólico también estaba asociado a la toda la semana santa, narrada por mi abuela para evangelizarme.

Hoy a mucha distancia de esa vivencia, puedo ensayar otra lectura de la semana santa, que es una semana que resume la historia universal, porque en ella existen las pasiones y emociones que mueven a la humanidad desde todos los tiempos.

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En memoria de Luis Espinal

La religión católica luego de la muerte de Jesús, fue una religión clandestina, una religión del pueblo; es a partir del el Edicto de Tesalónica (27 de febrero del año 380) que el cristianismo convirtió en la religión oficial del Imperio romano. A partir de ese momento religión y poder fueron dos inseparables.

La religión católica invadió nuestros territorios, físicos y simbólicos, para imponer una manera de ver el mundo, donde el europeo se ubicaba en la cúspide del poder, no importaba sus cualidades, podía ser ladrón, analfabeto, mercenario o criminal, todo le era permitido y tenía la protección de esa iglesia que quemaba mujeres sabias y atormentaba los cuerpos en un delirio sádico de culto a la muerte, dejó de ser la religión de la vida.

Hoy esos mismos autonombrados “representantes de Dios” retoman el poder e imponen gobiernos, bendicen la muerte, esto ocurrió en Bolivia en los fatídicos días de noviembre del 2019. En su afán de autoprotegerse la élite de esta iglesia de la muerte pretende influir en la conciencia humana, para negar los hechos: Bastaría una lectura rápida de los evangelios para juzgar a estos fariseos que se han adueñado de una propuesta de vida (la religión) nacida de la subversión contra los poderosos.

Como toda obra humana la religión, como deformación del poder terrenal, tiene sus propios detractores, desde adentro, Camilo Torres en Colombia, Oscar Arnulfo Romero en El Salvador, Leónidas Proaño en Ecuador, Enrique Angelelli y los curas villeros en la Argentina, y cientos de religiosos y religiosas que dieron su vida, siguiendo el ejemplo de Jesús.

Pero están los otros, los que han hecho de la religión una empresa, un comercio, esos que desde sus púlpitos dominicales, protegen la muerte y destilan odio, defiende la muerte y protegen a los asesinos, esos “sepulcros blanqueados”, racistas como su maestro Vicente Valverde, que condenó a muerte al Inca Atahuallpa.

Somos pueblos con un alto sentido espiritual, San Francisco de Asís hubiera sentido gozo de conocer una civilización que conversaba con la madre naturaleza, con la Pachamama, pero los que hoy defienden a los ricos a los poderosos, ni se acuerdan de este nombre.

Cinco siglos de opresión, con la espada y la cruz, no han doblegado al pueblo de todos los dioses y diosas, no han podido romper la cultura de la vida, esa que ahora les condena por sus falsedades encubiertas en la fe.

Frente a esta iglesia de la muerte, debemos tener fresca la memoria del Oblato Gregorio Iriarte, y por supuesto de Luis Espinal, representantes de otra iglesia, de la iglesia de los pobres y de los pueblos originarios.

El opio de los pueblos ciertamente es la religión, esa religión de la muerte, esa religión del poder que bendice armas y dedica homilías para justificar los crímenes; de esa iglesia que no tuvo vergüenza de estar sentado a lado a Hitler, Mussolini, Francisco Franco, Videla, Banzer y Pinochet.

Renovar nuestra fe es, releer las Oraciones a Quemarropa, testimonio de vida de un verdadero cristiano, y dejar vacías los templos de la muerte, volver a las calles, construir comunidad, una verdadera iglesia de la vida.

*Camilo Katari, es escritor e historiador potosino

El ex dirigente del Comité Cívico de Santa Cruz, cuando se refiere al golpe de Estado del año 2019 señala que se trató de “una gesta heroica”, similar adjetivo se utilizó para justificar el asesinato de Gualberto Villarroel en 1946 para justificar estos asesinatos, se publicó un libro como se ha hecho también con el golpe de Estado del año 2019. Estos hechos no son coincidencias, son parte de la historia permanente de la lucha por la definitiva liberación del colonialismo que comenzó en 1532.

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El racismo colonial que tuvo su máxima expresión en aquel hecho humillante del 24 de mayo de 2008 en la capital del país, brotó con mayor fuerza en los últimos días cuando un candidato de la misma estirpe y con rasgos fascistoides, no quiere aceptar la realidad y trata de empañar la victoria popular en la alcaldía de Sucre.

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La dinámica política en Bolivia en los últimos 30 años, ha tenido transformaciones profundas, por ejemplo, los partidos con una estructura nacional, basada en una ideología, con estatutos que se respeten y una duración por lo menos 20 años de vida orgánica, con eventos centrales como Congresos o convenciones, prácticamente ha desaparecido.

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En 1971, jóvenes universitarios ofrendaron su vida resistiendo al Golpe de Estado encabezado por Hugo Banzer Suarez y apoyado por Víctor Paz Estenssoro (MNR) y Mario Gutierrez (FSB), dos eternos rivales políticos habían superado los “ríos de sangre” que los separaba (esta figura se repetirá más adelante) para unirse a un militar de orientación fascista.

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