Autor: Antonio Abal O.

  • Hacia la revolución cultural

    Hacia la revolución cultural

    En Bolivia nos encontramos en puertas (que pueden cerrarse) de las elecciones generales y todas y todos nos encontramos atrapados en la ya desatada campaña electoral. El escenario no es muy auspicioso pues la derecha boliviana está intentando, por primera vez, tener un solo candidato “para no perder contra los masistas”, pero como van las cosas por lo menos existirán tres candidatos de filiación neoliberal. En la otra acera se encuentra lo que podemos denominar “la Izquierda” representada por el Frente Para la Victoria, que de ser un partido ligado a las iglesias evangélicas ha devenido en ser la organización que cobija a los seguidores de Evo Morales. ¿Es el FPV una organización de la izquierda boliviana? Es muy difícil realizar una categórica afirmación, pues bien sabemos que el entorno actual de Morales es muy variopinto, sin que exista una presencia determinante de hombres o mujeres ligadas a una tradición de izquierda.

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  • El síndrome UDP

    El síndrome UDP

    Un gran sector de la población joven, en Bolivia, no debe tener idea de lo que fue la UDP, bueno, entonces un brevísimo repaso a la historia política del país.

    La política boliviana sufre la primera gran sacudida en sus estructuras de Estado y sociedad en 1952. La rebelión popular impulsada por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) partido político surgido en las arenas del Chaco, y que se constituyó en el partido político más importante del siglo pasado (1952-2003). El MNR, por disputas internas, primero (V. Paz vs Walter Guevara) y luego por concepciones ideológicas (V. Paz vs J. Lechin) se divide y pierde su hegemonía política con el Golpe de René Barrientos (1964), para que ocurra este golpe tiene un papel decisivo Hernán Siles Suazo, que tenía una tendencia más bien conservadora.

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  • Las tunas de la ira

    Las tunas de la ira

    Un pequeño incidente, en la meseta de Achumani en la ciudad de La Paz, ha sido motivo para que el gobierno aplique la política pública contra el racismo y los medios de comunicación, como siempre no perdieron la oportunidad para desplegar su caridad pomposa.

    Lo que pasó en la demanda de las tunas es una muestra del racismo que circula por todas las venas internas de nuestra sociedad, de norte a sur y de este a oeste. Se ha escrito mucho acerca de este tema; los racistas de ayer cuestionando su pasado y el peso de su conciencia racional les obliga a los actos de contrición como la del papa Francisco.

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  • ¿Revolución democrática?

    ¿Revolución democrática?

    La historia es la historia de la lucha de clases, señalaba Marx, ciertamente, aún en países con una incipiente industria (generadora de proletarios) las vanguardias rebeldes y combativas pertenecían a sindicatos obreros. En Bolivia fue el proletariado minero que se constituyó como vanguardia de las reivindicaciones sociales, políticas e ideológicas.
    La lucha de clases se materializa en la contradicción entre el trabajo y el capital, que incluye un proceso de explotación por el trabajo no pagado (plus valía) y ese trabajo no pagado al obrero engrosa el capital del dueño de los medios de producción. Esta contradicción se resuelve anulando la propiedad privada de los medios de producción, es decir con una revolución. Este carácter revolucionario tiene en el marxismo su teoría, su ideología, entonces toda propuesta de romper la explotación capitalista tiene su propuesta revolucionaria el socialismo, como una transición hacia una sociedad comunista.
    En Bolivia las organizaciones marxistas han propuesto la revolución como el motor de la transformación de la sociedad, uno de ellos y el más radical en esta propuesta es el Partido Obrero Revolucionario (POR). Pero la propuesta revolucionaria tiene que cumplir ciertos prerrequisitos y por esto, en uno de los documentos más radicales del movimiento minero podemos encontrar ideas como las siguientes: “Los trabajadores del sub-suelo no insinuamos que deben pasarse por alto las tareas democrático-burguesas: lucha por elementales garantías democráticas y por la revolución agraria antí-imperialista. Tampoco negamos la existencia de la pequeña burguesía, sobre todo de los campesinos y de los artesanos. Señalamos que la revolución democrático-burguesa, si no se la quiere estrangular, debe convertirse sólo en una fase de la revolución proletaria.”
    La tarea democrático burguesa, no es otra cosa que aceptar las reglas de la democracia liberal y es en este punto, que nos hemos estancado, Chile ha sido la más dramática experiencia de tratar de superar la democracia liberal y convertirla en un proceso revolucionario.
    La revolución es justamente la ruptura de un orden, que se supone democrático, pero que en realidad es la forma en la que se mantiene y perpetúa el sistema de explotación capitalista; en consecuencia, cada momento de consolidación democrática es un alejamiento de la posibilidad de una revolución. Esta “democracia” permite lo que actualmente se conoce como law fare, es decir utilizar los mecanismos legales que la democracia permite, para frenar y erradicar toda posibilidad revolucionaria; alterando sus propios principios, pero respetados por tratarse de un principio de obediencia a la ley construida democráticamente.
    El largo proceso boliviano ha demostrado como el mismo cuerpo proletario asumió y defendió la democracia que luego se volcará contra él hasta destruirlo (1985). Con la reforma de la Constitución se logró incluir la forma “democracia comunitaria” como una posibilidad de transformar la democracia liberal occidental en una práctica comunitaria, es decir abandonar las burocracias, los recovecos jurídicos, las jerarquías y la concentración de poder. Hoy toda esa intención se ha convertido en una utopía.
    Es necesario repensar la democracia y su práctica, su imposición como modelo de organización social, en un contexto como el boliviano que durante siglos preservó otra forma de organización social, económica y política, ignorada por la mayoría de las corrientes marxistas y calificadas muy apresuradamente como “sectores de la pequeña burguesía”; estos “pequeño burgueses” fueron sistemáticamente masacrados por las oligarquías feudales, despojados de sus tierras y alejados de toda protección del Estado, siendo la población mayoritaria hasta nuestros días. Sobre estos temas, la izquierda jamás ha demostrado voluntad de autocrítica, lo que constituye una muralla para lograr esa unidad soñada entre “obreros y campesinos”.
    Este repensar la democracia, incluye la estructura social boliviana que no es, de lejos, la estructura social de Inglaterra o Alemania del 1800, que fue la que estudio Marx, y que recomendaba tomar en cuenta las particularidades de cada sociedad para iniciar su propia revolución y esa recomendación se aplicó en Bolivia en el año de 1952.
    A partir del 9 de abril de 1952 el debate político será: nacionalismo o socialismo, es bueno tomar apunte de la transformación paulatina del llamado nacionalismo revolucionario, en un liberalismo renovado (neoliberalismo). Por su lado ese sujeto excluido que desde el año 1952 tenía el derecho al voto, generó su propia teoría política: el Katarismo diferenciado del indianismo propuesto por F. Reinaga, el Katarismo se autoidentificó como “revolucionario” pero terminó aliado al MNR neoliberal.
    ¿Qué queda de una izquierda marxista revolucionaria en Bolivia? La Central Obrera Boliviana (COB) que era la usina ideológica de la izquierda boliviana ya no existe, esa guía política del movimiento popular no tiene reemplazo, eso explica la actual quietud del pueblo frente a la crisis económica. Por otra parte, las organizaciones de izquierda fueron subsumidas al interior del MAS, algunas de ellas actuando de manera corporativa mantienen su estructura orgánica, pero muy disminuidas en su acción pública. No existen liderazgos jóvenes en la izquierda boliviana, la crisis interna del MAS no tuvo un debate político ideológico, sino una disputa de buenas y malas conductas entre dos personas.
    Con todo este panorama es difícil creer en un proceso verdaderamente revolucionario en Bolivia, entonces la salida es ¿seguir consolidando una “democracia” que permite un manejo discrecional y patrimonial del poder político? Una democracia que ha posibilitado que todo el poder político se concentre en unos cuantos juristas, alterando todo precepto constitucional. Una democracia que permite que un retrato de una golpista este junto al rostro de Bolivar y Sucre, en resumidas cuentas, a lo largo de nuestra historia la democracia ha permitido el saqueo de nuestros recursos naturales, saqueo de las arcas del Estado y luego, estos mismos personajes (saqueadores, golpistas, racistas) pretendan ser candidatos para continuar con sus fechorías.
    No existe en Bolivia un “movimiento pendular” u “Olas” entre socialismo y liberalismo, lo que existe es una constante consolidación del sistema capitalista, cuyo caballo de Troya se llama: “Democracia”.
    ¿Abandonar la revolución? ¡Por supuesto que no! justamente el agotamiento de lo que denominamos sistema democrático, ha sido quebrado en Bolivia por la acción del pueblo organizado algunas veces, desorganizado otras tantas, pero dejando luego en manos de los “demócratas” la continuidad de la historia, eso pasó el año 1979, 1982, 2003, 2020. Las situaciones pre-revolucionarias evolucionaron a favor de la democracia liberal, favoreciendo, siempre a los sectores económicamente poderosos, las llamadas “vanguardias políticas revolucionarias” siempre sucumbieron ante las “tareas democrático burguesas” y ganando su reputación de “termidorianos”.
    Una estrategia revolucionaria, repensada con los nuevos actores políticos en Bolivia parece ser el camino, pero para esto será necesario dejar de pensar en la coyuntura electoral como el centro del debate político, en las circunstancias regresivas del momento, estamos obligados a recuperar la práctica política como el camino hacia la transformación económico-social, y dejando de lado el interés individual del fácil enriquecimiento que es el “modelo” tradicional de la política, por lo menos en Bolivia, para no incluir al continente. Dura batalla en este mundo de presión mediática cuyo objetivo es la anulación del pensamiento crítico y el incremento del consumo irresponsable.
    Antonio Abal O. enero 2025
    Año 200 de los “doctorcitos de Charcas”

  • Auto de Fe

    Auto de Fe

    En los varios artículos, que publiqué este año, he sostenido que en Bolivia existe una crisis política, que inexorablemente produciría una crisis de Estado; tal cosa no ocurrió y hoy es tiempo de rendir cuenta de este equívoco.

    Efectivamente, la realidad agendada por los medios de comunicación social (MCS) con sus actores y escenarios nos daban elementos para pensar que estábamos realmente en una crisis política, pero héteme aquí que el sistema político, pese a lo que agendaban los MCS se mantuvo sin ningún tipo de fisura, por supuesto con sus problemas de confrontación permanente debido a la división del MAS y la división de los partidos de oposición, que llegaron a generar una “bancada” afín a un Alcalde, definiendo la figura de “transfugio” que por supuesto no fue cuestionado, peor sancionado como señala la ley.

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  • David y el Goliat colonial

    David y el Goliat colonial

    ¡Estamos mal! En esa frase podemos condensar el discurso del Vicepresidente, realizado luego de recibir agravios en el parlamento. En un inesperado y franco discurso, muy elaborado, David Choquehuanca realizó uno de los mejores diagnósticos de situación del Estado plurinacional. Para poner en términos bíblicos, David descubre que el Goliat colonial sigue vivo.

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  • Guevarismo

    Guevarismo

    Hace un par de días, en una presentación de un texto referido al Guevarismo, una compañera del público asistente, en el mejor tono crítico manifestó que no estaba de acuerdo con el “endiosamiento” del Che, cosa que compartimos plenamente. El Che el de “los modestos esfuerzos” jamás hubiera permitido que su rostro y figura se convierta en mera mercadería.

    En Bolivia se puede ver el rostro del Che en banderas, carteles, sedes sindicales, incluso el cartel de la Central Obrera Boliviana tiene su rostro, entonces cabe la pregunta ¿El Che ha sido reducido a un símbolo vacío, o se tiene cabal cuenta de su pensamiento y práctica revolucionaria?

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  • La masa critica

    La masa critica

    La batalla comunicacional, para debilitar al enemigo se encuentra en pleno desarrollo en Bolivia. Cuando hablamos de “batalla comunicacional” nos referimos a la guerra librada para conquistar la mente de ciudadanos y ciudadanas, como sostiene José Pablo Feinmam : “Lo que hay que quitarle al hombre para someterlo es la conciencia” esta cita del filósofo argentino tiene correspondencia con la afirmación de Sun Tzu (año 500 a. C.) “El ataque no consiste (…) en el asalto a ciudades amuralladas o en disponer ordenadamente el avance de las tropas; debe incluir el arte de acometer contra el equilibrio mental del enemigo”. Debemos puntualizar, que consideramos como central, en el proceso de comunicación el discurso, ese elemento movilizador que precisa un auditorio o más propiamente una “masa crítica” que será la victima del “desequilibrio mental”.

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