Autor: Xavier Contreras

  • La última y pequeña víctima del odio

    La última y pequeña víctima del odio

    La noticia nos ha impactado, estremecido y angustiado. Circula a través de las redes solidarias de internet, porque, hasta el momento de escribir estas líneas, la prensa “libre” y los medios de comunicación guardan el acostumbrado silencio y miran para otro lado. Patricia Hermosa, ex jefe de gabinete de Evo Morales, ha perdido su bebé en la cárcel.

    Acusada –nada nuevo bajo el sol– de sedición y terrorismo por la dictadura de la autoproclamada Jeaninne Añez, fue encarcelada con una premura que, por supuesto, no se aplica para los delincuentes de cuello blanco que asesinan a la población diariamente, con sus asquerosos negociados. De nada ha valido su condición de mujer, de madre en estado de gravidez, para que los esbirros del amenazador y amenazante Arturo Murillo, cumplan las órdenes de máxima severidad con todo lo que huele a masismo, a evismo, a indio, a pueblo.

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  • Un SOS desesperado y a destiempo

    Un SOS desesperado y a destiempo

    La ministra de Salud ha dado este fin de semana el reporte último sobre la evolución e impacto de la pandemia que castiga al país. Se evidencia un claro incremento en casos de contagio y fallecimientos, particularmente en los departamentos de Santa Cruz y Beni.

    Cuán lejos parecieramos estar del día aquel en que la autoproclamada presidenta aseguraba -mintiendo, claro está- que todo estaba bajo control y que el país estaba preparado para enfrentar al coronavirus. Todavía recordamos la fabulosa cifra anunciada para financiar la épica batalla: más de mil millones de dólares, inicialmente, era el presupuesto que se manejaba. El anuncio, por supuesto, iba acompañado de las constantes denostaciones contra la «dictadura» de Evo Morales, cuyo gobierno sólo se habría dedicado a malgastar la plata en canchitas con césped sintético, dejando abandonados los servicios de salud.

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  • A río revuelto…

    A río revuelto…

    Los sucesivos escándalos mayúsculos que adornan la gestión dictatorial presidida por Jeaninne Añez no se limitan a descarados negociados de sobreprecios y otros actos delincuenciales. Hay también acciones canallescas que lentamente terminan con la vida de pueblos y regiones, para favorecer el bolsillo de unos cuantos.

    El monocultivo -es decir, el cultivo de un único producto agrícola con fines estrictamente empresariales- es una de las formas elegantes y silenciosas del capitalismo para condenar a lenta muerte las actividades de miles de pobladores rurales. Un claro y lamentable ejemplo en el continente es el sur de Chile, con sus grandes extensiones de bosques artificiales de pino, materia prima de su industria de papel. Orgullo de la clase empresarial indiferente a las necesidades de los habitantes del campo, este cultivo ha arrasado con todos los demás, en nombre del progreso y la rentabilidad.

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  • Más sobre el retorno del terror

    Más sobre el retorno del terror

    Diversas fuentes de información han dado cuenta de un hecho por demás preocupante: militares de Bolivia se dedican al ciberespionaje de sus propios conciudadanos, so pretexto de controlar la «sedición» y desarrollar un trabajo permanente de inteligencia. Este lamentable rol al que rebajan a las Fuerzas Armadas de Bolivia es, apenas, la punta del iceberg.

    Qué se esconde debajo de esa actividad violatoria del derecho a la privacidad consagrado por nuestra Constitución Política del Estado? Nada más ni nada menos que la entrega de la seguridad nacional a intereses extranjeros. ¿A dónde va a parar toda la información recopilada por los diligentes uniformados? Sin duda alguna, a las agencias de espionaje de Estados Unidos y del Mossad israelí, inicialmente.

    En la misma línea de entrega de la soberanía nacional por parte de la dictadura de Jeaninne Añez, no hace mucho que ha sido publicada la denuncia del entrenamiento militar de soldados ecuatorianos en territorios palestinos ocupados ilegalmente por el estado sionista de Israel, bajo bendición del imperialismo yanqui. Es parte del pago que hace el presidente ecuatoriano Lenin Moreno a sus amos del Norte, por el inestimable servicio de haberlo ungido como primer mandatario de ese país.

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  • La libertad de reprimir

    La libertad de reprimir

    Arturo Murillo hace grandes esfuerzos por hacernos recordar a su antecesor, Luis Arce Gómez, aquel ministro militar que, en la narcodictadura de Luis García Meza, aconsejaba a los opositores andar con el testamento bajo el brazo. Casi lo logra -aclaramos, el ministro Murillo y no el otro-, por sus constantes amenazas y escarmientos a todo lo que huela a oposición. Hay que reconocerle también el mérito de ser bastante consecuente entre lo que amenaza y lo que hace, compitiendo de igual a igual con el otro personaje ya fallecido.

    «El bolas», como se lo conoce al ministro Murillo, ha estallado en cólera e indignación ante una investigación periodística realizada por el canal Gigavisión, que pone en evidencia sus grandes dotes y olfato para hacer dinero fácil. El trabajo informativo del periodista Junior Arias se basa en documentos que resultan pruebas irrefutables para el iracundo ministro, que no desentona con el resto del gabinete de Doña Jeaninne Añez a la hora de inventar sobreprecios y coimas.

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  • Donde pones el dedo, salta el pus

    Donde pones el dedo, salta el pus

    Manuel Gonzáles Prada fue un peruano que acuñó la frase que sirve de título a esta nota. La usó para denunciar los terribles niveles de corrupción de la sociedad de su época; ahora la rescatamos para graficar la dramática situación por la que vive Bolivia, a manos de una banda delincuencial que se hizo del poder mediante un golpe de Estado.

    Al ya denunciado escándalo por la compra de inservibles respiradores de España, realizada nada más ni nada menos que por el yerno de la presidenta autonombrada, y que salpica no sólo a los ministros y funcionarios encargados de las adquisiciones estatales, sino que enloda también a Jeaninne Añez, se suman nuevos y más hechos de corrupción. Bolivia es, hoy en día, un país saqueado por miserables asaltantes de cuello blanco, que se han distribuido el botín de guerra para robar lo más que se pueda, en el menor tiempo posible, habida cuenta de la corta de vida que tiene y que le resta a esta dictadura. Lo último filtrado por la prensa al respecto es la denuncia de la esposa del defenestrado ministro de Salud –sin duda, involucrado hasta el cuello en el negocio de marras– que afirma, con toda razón y sin que ello sea un atenuante para el delito cometido por su cónyuge ministro, que la señora Jeaninne Añez estaba completamente al tanto de todas las compras que se hacen en la materia. Más claro, agua.

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  • Genocidio en la Amazonía

    Genocidio en la Amazonía

    La región amazónica, cuya superficie abarca los departamentos de Beni y Pando, además del norte de La Paz, ha sido secularmente ignorada por las élites gobernantes de Bolivia. Si alguna vez fue motivo de interesada preocupación, fue durante el auge de la goma, cuya explotación permitió a Nicolás Suárez amasar una inmensa fortuna.

    Recién a partir del Proceso de Cambio, inaugurado en enero de 2006, pudo iniciarse un serio intento por afirmar la presencia del Estado, promover la integración y avanzar en el desarrollo de esas feraces regiones. Hubo, por cierto, que enfrentar grandes resistencias de los «dueños del pueblo» . Baste recordar la masacre de Porvenir, que cobró la vida de decenas de campesinos que se manifestaban pacíficamente reclamando derechos. Hoy, el principal responsable de esa masacre, Leopoldo Fernández, ha quedado en libertad por obra y gracia de la dictadura de Jeanine Añez y sus compinches Carlos Mesa y Fernando Camacho.

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  • El retorno del terrorismo de Estado

    El retorno del terrorismo de Estado

    En la década del 70, las dictaduras militares que asolaron América Latina con la bendición de los Estados Unidos, implantaron el terrorismo de Estado para anular a los movimientos populares e impedir a la ciudadanía, el ejercicio de sus derechos elementales. Se denomina terrorismo porque, provocando terror en la gente, la inducen a mantenerse callada, a no reclamar por las injusticias, a no expresar sus ideas ni a organizarse por mejores condiciones de vida.

    Esta estrategia de dominación y exterminio fue ideada por los gobiernos de Estados Unidos en su lucha contra el comunismo. Entonces acusaban a toda oposición de ser parte de la conjura soviética contra lo que graciosamente llamaban «el mundo libre».

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