Autor: Xavier Contreras

  • A río revuelto…

    A río revuelto…

    Los sucesivos escándalos mayúsculos que adornan la gestión dictatorial presidida por Jeaninne Añez no se limitan a descarados negociados de sobreprecios y otros actos delincuenciales. Hay también acciones canallescas que lentamente terminan con la vida de pueblos y regiones, para favorecer el bolsillo de unos cuantos.

    El monocultivo -es decir, el cultivo de un único producto agrícola con fines estrictamente empresariales- es una de las formas elegantes y silenciosas del capitalismo para condenar a lenta muerte las actividades de miles de pobladores rurales. Un claro y lamentable ejemplo en el continente es el sur de Chile, con sus grandes extensiones de bosques artificiales de pino, materia prima de su industria de papel. Orgullo de la clase empresarial indiferente a las necesidades de los habitantes del campo, este cultivo ha arrasado con todos los demás, en nombre del progreso y la rentabilidad.

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  • Más sobre el retorno del terror

    Más sobre el retorno del terror

    Diversas fuentes de información han dado cuenta de un hecho por demás preocupante: militares de Bolivia se dedican al ciberespionaje de sus propios conciudadanos, so pretexto de controlar la «sedición» y desarrollar un trabajo permanente de inteligencia. Este lamentable rol al que rebajan a las Fuerzas Armadas de Bolivia es, apenas, la punta del iceberg.

    Qué se esconde debajo de esa actividad violatoria del derecho a la privacidad consagrado por nuestra Constitución Política del Estado? Nada más ni nada menos que la entrega de la seguridad nacional a intereses extranjeros. ¿A dónde va a parar toda la información recopilada por los diligentes uniformados? Sin duda alguna, a las agencias de espionaje de Estados Unidos y del Mossad israelí, inicialmente.

    En la misma línea de entrega de la soberanía nacional por parte de la dictadura de Jeaninne Añez, no hace mucho que ha sido publicada la denuncia del entrenamiento militar de soldados ecuatorianos en territorios palestinos ocupados ilegalmente por el estado sionista de Israel, bajo bendición del imperialismo yanqui. Es parte del pago que hace el presidente ecuatoriano Lenin Moreno a sus amos del Norte, por el inestimable servicio de haberlo ungido como primer mandatario de ese país.

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  • La libertad de reprimir

    La libertad de reprimir

    Arturo Murillo hace grandes esfuerzos por hacernos recordar a su antecesor, Luis Arce Gómez, aquel ministro militar que, en la narcodictadura de Luis García Meza, aconsejaba a los opositores andar con el testamento bajo el brazo. Casi lo logra -aclaramos, el ministro Murillo y no el otro-, por sus constantes amenazas y escarmientos a todo lo que huela a oposición. Hay que reconocerle también el mérito de ser bastante consecuente entre lo que amenaza y lo que hace, compitiendo de igual a igual con el otro personaje ya fallecido.

    «El bolas», como se lo conoce al ministro Murillo, ha estallado en cólera e indignación ante una investigación periodística realizada por el canal Gigavisión, que pone en evidencia sus grandes dotes y olfato para hacer dinero fácil. El trabajo informativo del periodista Junior Arias se basa en documentos que resultan pruebas irrefutables para el iracundo ministro, que no desentona con el resto del gabinete de Doña Jeaninne Añez a la hora de inventar sobreprecios y coimas.

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  • Donde pones el dedo, salta el pus

    Donde pones el dedo, salta el pus

    Manuel Gonzáles Prada fue un peruano que acuñó la frase que sirve de título a esta nota. La usó para denunciar los terribles niveles de corrupción de la sociedad de su época; ahora la rescatamos para graficar la dramática situación por la que vive Bolivia, a manos de una banda delincuencial que se hizo del poder mediante un golpe de Estado.

    Al ya denunciado escándalo por la compra de inservibles respiradores de España, realizada nada más ni nada menos que por el yerno de la presidenta autonombrada, y que salpica no sólo a los ministros y funcionarios encargados de las adquisiciones estatales, sino que enloda también a Jeaninne Añez, se suman nuevos y más hechos de corrupción. Bolivia es, hoy en día, un país saqueado por miserables asaltantes de cuello blanco, que se han distribuido el botín de guerra para robar lo más que se pueda, en el menor tiempo posible, habida cuenta de la corta de vida que tiene y que le resta a esta dictadura. Lo último filtrado por la prensa al respecto es la denuncia de la esposa del defenestrado ministro de Salud –sin duda, involucrado hasta el cuello en el negocio de marras– que afirma, con toda razón y sin que ello sea un atenuante para el delito cometido por su cónyuge ministro, que la señora Jeaninne Añez estaba completamente al tanto de todas las compras que se hacen en la materia. Más claro, agua.

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  • Genocidio en la Amazonía

    Genocidio en la Amazonía

    La región amazónica, cuya superficie abarca los departamentos de Beni y Pando, además del norte de La Paz, ha sido secularmente ignorada por las élites gobernantes de Bolivia. Si alguna vez fue motivo de interesada preocupación, fue durante el auge de la goma, cuya explotación permitió a Nicolás Suárez amasar una inmensa fortuna.

    Recién a partir del Proceso de Cambio, inaugurado en enero de 2006, pudo iniciarse un serio intento por afirmar la presencia del Estado, promover la integración y avanzar en el desarrollo de esas feraces regiones. Hubo, por cierto, que enfrentar grandes resistencias de los «dueños del pueblo» . Baste recordar la masacre de Porvenir, que cobró la vida de decenas de campesinos que se manifestaban pacíficamente reclamando derechos. Hoy, el principal responsable de esa masacre, Leopoldo Fernández, ha quedado en libertad por obra y gracia de la dictadura de Jeanine Añez y sus compinches Carlos Mesa y Fernando Camacho.

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  • El retorno del terrorismo de Estado

    El retorno del terrorismo de Estado

    En la década del 70, las dictaduras militares que asolaron América Latina con la bendición de los Estados Unidos, implantaron el terrorismo de Estado para anular a los movimientos populares e impedir a la ciudadanía, el ejercicio de sus derechos elementales. Se denomina terrorismo porque, provocando terror en la gente, la inducen a mantenerse callada, a no reclamar por las injusticias, a no expresar sus ideas ni a organizarse por mejores condiciones de vida.

    Esta estrategia de dominación y exterminio fue ideada por los gobiernos de Estados Unidos en su lucha contra el comunismo. Entonces acusaban a toda oposición de ser parte de la conjura soviética contra lo que graciosamente llamaban «el mundo libre».

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  • Soluciones en la mano del Pueblo

    Soluciones en la mano del Pueblo

    El panorama nacional es tan o más desolador que el que nos muestran los medios de comunicación y las agencias de noticias con relación a la propagación del coronavirus por el mundo, con su secuela de muertes y paralización de las actividades humanas.

    Pandemia que se agrava día a día, negociados infames con la salud y la vida de la gente, parálisis económica, hambre y miseria en los hogares bolivianos, insubordinación de cúpulas de milicos, impunidad para los parientes de la presidenta y para sus grupos de paramilitares, cárcel y persecución al pueblo masista.

    Lo anterior es sólo una muestra del caos total al que nos estamos acercando vertiginosamente y que requiere, como los grandes males, grandes soluciones. ¿Dónde se encuentran ellas? En la iniciativa, la creatividad, la organización y la movilización de la gente. Multitudes que quieren ser escuchadas y no mandoneadas, pueblos que piden atención y no represión, jóvenes que demandan ser tomados en cuenta y no encarcelados.

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  • ¡Muera la bota militar!

    ¡Muera la bota militar!

    Un tal Orellana, con rango de general, ha irrumpido en las instalaciones de la Asamblea Plurinacional de Bolivia, en traje de campaña, para exigir a este poder del Estado su conformidad con la orden de ascensos; más aún, ha dado públicamente un plazo de una semana para que esa decisión se tome de acuerdo a los gustos y preferencias de los milicos envalentonados en dictadura.

    Tal afrenta a la formalidad democrática –que no otra cosa se vive actualmente en Bolivia– es, hasta ahora, corolario de un irracional y atávico complejo de los generales golpistas de su supuesto rol de “institución tutelar de la patria”, que dio pie a los innumerables golpes militares que asolaron la vida republicana y que, desde la caída de Gonzalo Sánchez de Losada, se pensaban erradicados de nuestra práctica política.

    Carlos Sánchez Berzaín fue uno de los últimos políticos de la era neoliberal en sacar las tropas a las calles para reprimir al pueblo. Suya es la frase de que, con quinientos muertos más, la crisis política y económica que vivía el país podría ser manejable desde el punto de vista de quienes entregaron las riquezas nacionales a la voracidad extranjera. El pueblo puso el pecho y los afanes prorroguistas que contemplaban incluso trasladar la sede de gobierno a Santa Cruz, con la aquiescencia de militares cavernarios, fueron derrotados en las calles y en las carreteras.

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