Autor: Xavier Contreras

  • ¿Qué propone Carlos Mesa?

    ¿Qué propone Carlos Mesa?

    Fiel a su estilo, Carlos Mesa reaparece –video mediante– para dar su palabra ante la crisis que vive la dictadura. E inicia su speach afirmando que, si hubiera que elegir una palabra para este histórico 20 de mayo de 2020 en el que él nos habla, el vocablo elegido seria “decepción, gran decepción”. No es para menos, pues la dictadura presidida por la autoproclamada Jeaninne Añez debería ingresar, con méritos sobradamente propios, al libro de records de Guiness por la cantidad de delitos cometidos en ejercicio de gobierno, en un tiempo histórico extraordinariamente corto. Y don Carlos Mesa, junto a Luis Fernando Camacho, el otro padre putativo de la dama encumbrada, no puede menos que sentir decepción.

    Fiel a su estilo periodístico, se conforma con lanzar algunas preguntas sobre lo que está pasando. Y se cuestiona si la presidenta se enteró del escándalo de la compra de los famosos respiradores que ahora no la dejan ni respirar, por la vía de las redes sociales o por qué medio. Vaya preocupación de don Carlos Mesa; similar a la de cualquier padre que teme por los malos pasos que va dando la hija a la que cree haberle dado vida política, como si los verdaderos padres de este engendro fuesen ángeles asexuados y no demonios que hacen cumplir las órdenes que vienen desde Washington.

    Carlos Mesa, fiel a su estilo, está convencido de que es el tiempo de mostrarse como un papá bueno. Como tal, entiende que no todo es culpa de la pobre e inocente señora. Tiene ella nada más ni nada menos que enfrente a los verdaderos jinetes del Apocalipsis, encarnados en el MAS. Y arremete a renglón seguido contra la “violencia criminal” de los seguidores de Evo Morales.

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  • Echando mierda con ventilador

    Echando mierda con ventilador

    Literalmente, el escándalo por la compra de los respiradores o ventiladores hecha por la dictadura de Jeaninne Añez, Carlos Mesa y Fernando Camacho, tira excrementos por todo lado e intenta –por la vía de los grandes medios– involucrar hasta al defenestrado MAS, como culpable del delincuencial y doloso negociado que se hace con la salud del pueblo.

    El tema, políticamente manejado, encuentra a dos seudo contrincantes en posición de apronte, aunque repartiéndose sonrisas por si acaso esto termine por favorecer al candidato de los salvajes e indios. Carlos Mesa se frota las manos, cada vez que salen a luz los nombres de los ministros, viceministros, directores, cónsules y demás comedidos que, de seguro, algo mordieron con el sobreprecio desvergonzado. Finalmente, piensa, son hombres y mujeres de la otra candidata.

    El tema es serio. No han sido unos cuantos centavos, ni el famoso “10% de comisión” de las compras estatales: se trata de un sobreprecio que va más allá de la prudencia; entre tres y cuatro veces el valor real de mercado, por cada aparato, además de caro, inservible. ¿Dónde está ese dinero? ¿Se evaporó? Tal vez una respuesta audaz del muy inteligente ministro Murillo es que esa platita está en los bolsillos del Evo en Buenos Aires, ya que su aparato de inteligencia ha detectado que “Fernando Valenzuela, responsable de la Dirección Jurídica del Ministerio de Salud, fue relacionado con el MAS ya que llegó a esa cartera de Estado junto a Gabriela Montaño”; como reseña una comedida nota de prensa. En suma, todos salpicados, menos el ilustre e ilustrado candidato Carlos Mesa, pieza de recambio de la embajada norteamericana, seguramente preocupada porque su mujer de confianza le salió corneta.

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  • De malinches y felipillos

    De malinches y felipillos

    La Malinche en México y el Felipillo en el Perú, han pasado a la historia como los personajes originarios que se entregaron a la voluntad y órdenes de sus conquistadores. Ambos, en sus respectivos contextos, asumieron actitudes y acciones que fueron en contra de sus propios pueblos, favoreciendo al invasor español. Por eso, cada uno de estos nombres se usa hoy en día como sinónimo de traición.

    Nuestros pueblos originarios en Bolivia han dado ejemplo de heroísmo, consecuencia y lucha contra la dominación; desde los legendarios Tupac Katari y Bartolina Sisa, hasta el valiente Zárate Villka, pasando por los héroes del oriente como Apiaguaiki Tüpa, por citar sólo a emblemáticos orgullos nacionales, cuya presencia marcó siempre huella en la historia nacional. Sin embargo, durante décadas, desde la fundación de la vieja república, esa presencia y acción estuvo siempre “ninguneada” por los historiadores oficiales, afectos a rendir culto a los oropeles de “buena familia” antes que reconocer el papel fundamental de los muy nuestros. Eso explica también el actual odio clasista a Evo Morales y a todo lo que huele a indígena, a originario.

    Esos sentimientos malsanos dan pie a toda forma de desprecio para inculcar en nuestras mentes y corazones, la imagen de inferioridad del indio respecto a los que muy blanquitos se creen. Y no faltan, en ese empeño, personajes de origen aymara, quechua y/o de otros pueblos y etnias de nuestra pluricultural y multinacional Bolivia, que son serviles a estos propósitos neocoloniales.

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  • Crece la indignación de los bienaventurados

    Crece la indignación de los bienaventurados

    Pese a la censura impuesta a la prensa, no dejan de filtrarse a través de diferentes canales, las expresiones de protesta de la población humilde de Bolivia, en contra de los continuos desatinos de la dictadura de Jeaninne Añez, Carlos Mesa y Fernando Camacho. Esta vez, los medios masivos y los medios alternativos de comunicación no han podido ocultar, al menos, dos de las más recientes expresiones que son síntoma del cansancio nacional: los sendos bloqueos de pobladores de Quillacollo, Cochabamba y del norte de Potosí.

    El conjunto de medidas impuestas a punta de bayonetas y amenazas de castigo divino por la dictadura no ha dado remedio a ninguno de los graves problemas que cotidianamente debe enfrentar la población, en particular, aquella de condición humilde, que se caracteriza por llevar el pan al hogar con el trabajo diario en el mercado, en el taller, en la carpintería, en la movilidad de transporte público, en el pequeño solar campesino, en la tienda de barrio…

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  • El gran aplazo de la dictadura

    El gran aplazo de la dictadura

    El incremento de casos de contagio con corona virus y su virtual concentración en los departamentos de Beni y Santa Cruz, forman parte de las múltiples aristas que tiene el pésimo tratamiento de esta pandemia en el país. Cada día, la prensa amordazada y autocensurada da cuenta de nuevos casos, tanto de contagio como de desenlace fatal, desmintiendo los supuestos logros y avances con que quiere hacer campaña electoral la autoproclamada presidenta. La dictadura de Jeaninne Añez, Carlos Mesa y Fernando Camacho coadyuva al empeoramiento de la situación con una pésima gestión salpicada por negociados y chambonadas que dejan al descubierto la esencia misma de un gobierno hecho por el imperialismo yanqui sin más propósito que alinearlo a sus políticas de dominación en su “patio trasero”.

    Una primera pésima señal fue el cambio de ministro de salud, en medio de la crisis. No es que el anterior fuera una lumbrera ni mucho menos; es también parte de esa rosca de galenos que no vaciló en sabotear de manera permanente, salvaje e irresponsable, todo intento del gobierno popular y democrático de Evo Morales por reestructurar los servicios de salud en el país. Recordemos las huelgas por días, semanas y meses que dejaban a los pacientes a la intemperie del servicio, apoyadas por una muy bien financiada y orquestada campaña que se sintetizaba en la consigna “yo apoyo a mi médico”. En ese entonces, la “dictadura” de Evo, como todavía sostienen algunos despistados pititas, buscó de manera incesante el diálogo y la concertación, convencido de la buena fe de los galenos privilegiados que se escudaron y se escudan detrás de los colegios médicos.

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  • No me ayude, compadre

    No me ayude, compadre

    Con inusual rapidez y eficiencia, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha procedido a conceder préstamos a, hasta ahora, once países de América Latina. Los gobiernos que han solicitado tal asistencia financiera, lo hacen en nombre de la emergencia del corona virus y la necesidad de disponer de fondos que permitan rápidamente combatir la pandemia… dizque. Todo indicaría que dicho organismo, de triste fama en la región, habría finalmente adquirido un compromiso con los pobres países que han sido viralmente castigados.

    Uno de los primeros y solícitos gobiernos que ha estirado la mano ha sido la dictadura de Jeaninne Añez, Carlos Mesa y Fernando Camacho. Nuevamente, como en vergonzosas épocas que creíamos superadas, ha mostrado el muñón de país mendigo, que requiere de la urgente asistencia de la cooperación internacional. Y el FMI, benévolo como siempre con los gobiernos que le son sumisos, ha admitido sin mucho trámite la solicitud.

    No ha sido la misma respuesta con los gobiernos de Venezuela y Nicaragua. Ambos gobiernos, confiados en que la buena fe primaría esta vez ante la emergencia mundial que ha despertado solidaridades impensadas y ratificado tozudeces imperiales, pensaron que dichos recursos estaban al alcance de quienes verdaderamente los necesitan. Venezuela, por ejemplo, un país castigado de manera inmisericorde por la decisión de los halcones de Washington de defenestrar al presidente Nicolás Maduro a como dé lugar, se encuentra agobiada por un cerco muy parecido al bloqueo económico que mantiene Estados Unidos sobre Cuba, desde hace siete décadas. El verdadero rostro del FMI –es decir, aquel que refleja qué intereses representa, de dónde vienen esos recursos y para qué sirven– se puso de manifiesto ante la también inmediata y oportuna negativa a ceder un solo centavo a regímenes que no son del agrado de Washington.

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  • ¡Aleluya, Carlos Mesa habla!

    ¡Aleluya, Carlos Mesa habla!

    La homilía de fin de semana en la que la alta jerarquía de la Iglesia Católica, súbitamente iluminada por el hálito divino, hace duras críticas a la dictadura presidida por Jeaninne Añez, empieza a surtir efecto. Uno de sus más serviles feligreses –de esa curia tan alejada de los pobres a los que Jesús prefería- ha puesto en circulación un vídeo en el que se suma a los críticos oportunistas. Carlos Mesa Gisbert hace pública aparición luego de silencios non sanctos en estos tiempos de crisis, para decir que ¡menudo descubrimiento! el gobierno de la señora Añez tiene dos funciones que cumplir: llamar a elecciones y enfrentar la pandemia. Que todo lo demás está demás.

    Dice don Carlitos Mesa que el gobierno “nos sorprende” con una “cierta tentación de autoritarismo” (sic); es decir, que tal vez no es demasiado coartar la liberta de expresión con un decreto que amordaza aún más a la ciudadanía, que las gasificaciones últimas que muestran en Cochabamba toda la brutalidad de los “motines” enfrentados heroicamente a mujeres y niños que reclaman por comida, entre otras y últimas medidas represivas de los recientes días, son solo eso, una pequeña tentación.

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  • El cohetazo popular, ¡elecciones ya!

    El cohetazo popular, ¡elecciones ya!

    El domingo 10 de mayo, a minutos de las siete de la noche, el cielo ya oscuro de la invernal noche paceña se vio iluminado por una cohetería impresionante que emergía de todos los barrios de la sede de Gobierno. El pueblo, a pesar de las prohibiciones y las amenazas del ministro de gobierno, se ha dado modos para expresar el sentir nacional.

    Ese mismo fin de semana, la alta jerarquía de la Iglesia Católica, tan comedida a la hora de criticar las acciones del gobierno legítimo y democrático de Evo Morales, finalmente tuvo que rendirse a la evidencia y admitir que esta dictadura les ha resultado peor que la supuesta enfermedad. Latrocinios sin par, narcotráfico desde aeropuertos internacionales, vejación de mujeres, niños y ancianos que protestan por un poco de comida, detención arbitraria de opositores bajo el sambenito de “sedición”, negación del derecho a la vida, desastrosa gestión de prevención y enfrentamiento de la pandemia, fiestas de los familiares e íntimos en franca burla a la aflicción popular, y una larga lista de desatinos, ponen de manifiesto el verdadero carácter de un gobierno hecho por y a la medida de la administración Trump.

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