Edgar Ramírez, el mítico dirigente minero apodado “Huracán”, fue de aquellos que se elevó por encima de sus pares con una estatura moral difícil de encontrar: firme de convicciones, hombre que no tenía embargada su voz con nada ni con nadie, transitó la vida con humildad, huyendo de la fama, de los halagos y los elogios como de la peste. Leal a la certeza de que el poder de transformación de la sociedad es un hecho colectivo y no de individualidades, huía de la notoriedad para refugiarse en el crisol de la lucha anónima, pero efectiva. Lo pinta de cuerpo entero aquella anécdota de la inauguración de su obra, las modernísimas instalaciones del Archivo Histórico de la COMIBOL; entonces, el ministro de turno envió una placa en la que, para no salirse del libreto de los figurones, hizo colocar su nombre. Vísperas de la inauguración, manos de un ex perforista de interior mina la hicieron retirar y fundir de nuevo, para escribir en ella que esa obra se debía sólo al sacrificio y a la entrega de todos los anónimos trabajadores mineros de su patria.
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De: una hija para: un héroe
Querer decir en un par de líneas quién fue Osvaldo “Chato” Peredo, es insoluble, imposible.
Solo para quienes conocen la historia, para quienes le entienden medianamente a la política, para quienes saben de valores y principios, para los que aman a su país, para los que creen en un mundo mejor, para los que vieron crecer Santa Cruz con obras como los módulos escolares, el oftalmológico y los parques Los Mangales, todo para que el ciudadano disfrute y goce de salud y educación gratuita…
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BREVE SEMBLANZA BIOGRÁFICA DE OSVALDO «CHATO» PEREDO
Chato Peredo nació un 4 de febrero de 1941 y creció en Trinidad, Beni. Relata él mismo que “En ese ambiente montaraz me crie los primeros años, en compañía de mis hermanos mayores Antonio, Gatty, Inti y Coco. Fui el menor de los Peredo (me llamaban «Zurrapa», denominativo común en la región para el hijo último de las numerosas familias); y para no parecerlo, intentaba imitar en todo a los mayores. Fueron precisamente Antonio, Inti y Coco quienes me inculcaron los ideales de justicia, solidaridad y socialismo desde la infancia; no sé cómo ni cuándo, pero ya era conocido que los hermanos Peredo del Beni fuesen identificados como guerrilleros”.
Recuerda Chato que sus primeras enseñanzas revolucionarias las tuvo de niño. Tenía apenas diez años de edad cuando se fundó el Partido Comunista de Bolivia. “En Trinidad, mi hermano Antonio fue fundador del Partido Comunista de Bolivia (PCB); siendo dirigente a ¡los 14 años! Inmediatamente a la fundación, el Partido se formaba por dos vertientes; una liderada por Hernán Melgar, a quien apodábamos «Bigote», y la otra por mi hermano, un adolescente que apenas salía de su etapa de mocoso. Obviamente, los tres Peredo –Antonio, Inti y Coco– formaban parte de la aguerrida militancia; yo era la cola y entonces me oponía a los trajines de mis hermanos por las preocupaciones que originaban en mi madre”.
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