Categoría: Opinión

  • Donde pones el dedo, salta el pus

    Donde pones el dedo, salta el pus

    Manuel Gonzáles Prada fue un peruano que acuñó la frase que sirve de título a esta nota. La usó para denunciar los terribles niveles de corrupción de la sociedad de su época; ahora la rescatamos para graficar la dramática situación por la que vive Bolivia, a manos de una banda delincuencial que se hizo del poder mediante un golpe de Estado.

    Al ya denunciado escándalo por la compra de inservibles respiradores de España, realizada nada más ni nada menos que por el yerno de la presidenta autonombrada, y que salpica no sólo a los ministros y funcionarios encargados de las adquisiciones estatales, sino que enloda también a Jeaninne Añez, se suman nuevos y más hechos de corrupción. Bolivia es, hoy en día, un país saqueado por miserables asaltantes de cuello blanco, que se han distribuido el botín de guerra para robar lo más que se pueda, en el menor tiempo posible, habida cuenta de la corta de vida que tiene y que le resta a esta dictadura. Lo último filtrado por la prensa al respecto es la denuncia de la esposa del defenestrado ministro de Salud –sin duda, involucrado hasta el cuello en el negocio de marras– que afirma, con toda razón y sin que ello sea un atenuante para el delito cometido por su cónyuge ministro, que la señora Jeaninne Añez estaba completamente al tanto de todas las compras que se hacen en la materia. Más claro, agua.

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  • Los encomenderos del siglo XXI

    Los encomenderos del siglo XXI

    La cleptocracia tiene muchas formas en su práctica. En lo que hoy es Bolivia se implantó en tiempos coloniales bajo la forma de la mita y la encomienda. Los encomenderos se hicieron de territorios y de sus habitantes, desde entonces existen las ideas que unas personas tienen derechos sobre otras, esa es la mentalidad colonial, que desde noviembre de 2019 se han manifestado abiertamente.

    Nunca este pensamiento racista desapareció en Bolivia y el resto de América, sino que logró camuflarse con diversos discursos, el “hermano campesino” del nacionalismo revolucionario o el discurso del “compañero” desde la izquierda.

    Los académicos trataron de camuflarlo bajo el discurso “Pluri-multi”, pero ni los intentos más piadosos o intelectualizados frenaron la crudeza del discurso de “salvajes” proveniente de un gobierno de facto, que con la misma mentalidad está imponiendo la política de los nuevos repartimientos y encomiendas, el ejemplo más evidente es la Cancillería, esa encomienda manejada por el clan Longaric.

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  • Genocidio en la Amazonía

    Genocidio en la Amazonía

    La región amazónica, cuya superficie abarca los departamentos de Beni y Pando, además del norte de La Paz, ha sido secularmente ignorada por las élites gobernantes de Bolivia. Si alguna vez fue motivo de interesada preocupación, fue durante el auge de la goma, cuya explotación permitió a Nicolás Suárez amasar una inmensa fortuna.

    Recién a partir del Proceso de Cambio, inaugurado en enero de 2006, pudo iniciarse un serio intento por afirmar la presencia del Estado, promover la integración y avanzar en el desarrollo de esas feraces regiones. Hubo, por cierto, que enfrentar grandes resistencias de los «dueños del pueblo» . Baste recordar la masacre de Porvenir, que cobró la vida de decenas de campesinos que se manifestaban pacíficamente reclamando derechos. Hoy, el principal responsable de esa masacre, Leopoldo Fernández, ha quedado en libertad por obra y gracia de la dictadura de Jeanine Añez y sus compinches Carlos Mesa y Fernando Camacho.

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  • El retorno del terrorismo de Estado

    El retorno del terrorismo de Estado

    En la década del 70, las dictaduras militares que asolaron América Latina con la bendición de los Estados Unidos, implantaron el terrorismo de Estado para anular a los movimientos populares e impedir a la ciudadanía, el ejercicio de sus derechos elementales. Se denomina terrorismo porque, provocando terror en la gente, la inducen a mantenerse callada, a no reclamar por las injusticias, a no expresar sus ideas ni a organizarse por mejores condiciones de vida.

    Esta estrategia de dominación y exterminio fue ideada por los gobiernos de Estados Unidos en su lucha contra el comunismo. Entonces acusaban a toda oposición de ser parte de la conjura soviética contra lo que graciosamente llamaban «el mundo libre».

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  • IMILLA P’ASPOSA”

    IMILLA P’ASPOSA”

    “Esta imilla p’asposa quiere ser presidente”, reza uno de los miles mensajes racistas, que circulan en las redes sociales. La destinataria de esta frase es, nada menos, que la presidenta del Congreso nacional, que al parecer queda disminuida con el nombre de Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP). Estamos hablando del único poder legítimo y legal de nuestro Estado y por supuesto el más democrático.

    La frase “imilla p’asposa” es la expresión de los genes racistas, que un estrato de la población boliviana conserva como un atributo de su complejo de superioridad.

    Hoy la práctica del racismo se ha naturalizado, el gobierno de facto se olvidó de la ley que castiga las prácticas racistas – seguramente por su propia naturaleza- que impulsaron la quema de la wiphala en los días de su violenta investidura.

    Estamos desprotegidos si no se cumple con la Constitución Política del Estado. ¿Cómo podemos esperar que se cumpla la Ley 045? Hemos vuelto en términos de sociedad al tiempo de Francisco de Ávila, primer cura que se encargó de la “extirpación de idolatrías” en 1608.

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  • Soluciones en la mano del Pueblo

    Soluciones en la mano del Pueblo

    El panorama nacional es tan o más desolador que el que nos muestran los medios de comunicación y las agencias de noticias con relación a la propagación del coronavirus por el mundo, con su secuela de muertes y paralización de las actividades humanas.

    Pandemia que se agrava día a día, negociados infames con la salud y la vida de la gente, parálisis económica, hambre y miseria en los hogares bolivianos, insubordinación de cúpulas de milicos, impunidad para los parientes de la presidenta y para sus grupos de paramilitares, cárcel y persecución al pueblo masista.

    Lo anterior es sólo una muestra del caos total al que nos estamos acercando vertiginosamente y que requiere, como los grandes males, grandes soluciones. ¿Dónde se encuentran ellas? En la iniciativa, la creatividad, la organización y la movilización de la gente. Multitudes que quieren ser escuchadas y no mandoneadas, pueblos que piden atención y no represión, jóvenes que demandan ser tomados en cuenta y no encarcelados.

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  • No queremos otros “salvadores de la Patria”

    No queremos otros “salvadores de la Patria”

    Zavaleta, al referirse a la identidad señalaba: “… se sabe a la vez que la historia es la única que nos define…” y es nuestra propia historia la que nos define como un país inestable, con cuartelazos violentos y paréntesis democráticos, incapaces de superar la condición colonial del Estado.

    La incursión de las Fuerzas Armadas a la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) nuevamente nos retorna a la cruda realidad: la Constitución y las leyes se subordinan a los intereses particulares de grupos de poder o de corporaciones.

    A la crisis política y de salud pública que nos ha sumido en la incertidumbre, debemos añadir la emergencia militar que de la manera más brutal nos muestra que no vivimos en un sistema democrático y menos en un Estado de derecho.

    El silencio cómplice del gobierno respecto a la incursión militar demuestra la absoluta falta de respeto a línea de mando señalada en la CPE art. 224 sobre los asensos. Además, la CPE señala: art. 243, “Las Fuerzas Armadas del Estado están orgánicamente constituidas por el Comando en Jefe, Ejercito, la Fuerza Aérea y la Armada boliviana, cuyos efectivos serán fijados por la Asamblea Legislativa Plurinacional, a propuesta del Órgano Ejecutivo”.

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  • ¡Muera la bota militar!

    ¡Muera la bota militar!

    Un tal Orellana, con rango de general, ha irrumpido en las instalaciones de la Asamblea Plurinacional de Bolivia, en traje de campaña, para exigir a este poder del Estado su conformidad con la orden de ascensos; más aún, ha dado públicamente un plazo de una semana para que esa decisión se tome de acuerdo a los gustos y preferencias de los milicos envalentonados en dictadura.

    Tal afrenta a la formalidad democrática –que no otra cosa se vive actualmente en Bolivia– es, hasta ahora, corolario de un irracional y atávico complejo de los generales golpistas de su supuesto rol de “institución tutelar de la patria”, que dio pie a los innumerables golpes militares que asolaron la vida republicana y que, desde la caída de Gonzalo Sánchez de Losada, se pensaban erradicados de nuestra práctica política.

    Carlos Sánchez Berzaín fue uno de los últimos políticos de la era neoliberal en sacar las tropas a las calles para reprimir al pueblo. Suya es la frase de que, con quinientos muertos más, la crisis política y económica que vivía el país podría ser manejable desde el punto de vista de quienes entregaron las riquezas nacionales a la voracidad extranjera. El pueblo puso el pecho y los afanes prorroguistas que contemplaban incluso trasladar la sede de gobierno a Santa Cruz, con la aquiescencia de militares cavernarios, fueron derrotados en las calles y en las carreteras.

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