La certeza es la deriva, contradictoria afirmación de una realidad que fueron construyendo sus actores en el devenir de este tiempo. Se consideran la totalidad hegemónica como síntesis del departamento y el faro nacional, más allá de ellos lo que existe como opción es solo sumarse a la lumbrera del establishment de la cruceñidad. Tal es esta realidad que el país está condicionado a girar en el engranaje cívico.
Cuando hablan lo hacen a nombre del departamento, cuando determinan una medida de presión lo hacen a nombre de Bolivia y cuando convocan a los políticos de las derechas, lo hacen a nombre de la democracia; millones de bolivianas y bolivianos estamos condicionados a la táctica y estrategia diseñada en el comiteísmo por el bien de nuestras familias, de nuestra fe, de la propiedad privada y de nuestro futuro.
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