Distraídos con el inicio de las campañas electorales y los cotidianos actos de corrupción del gobierno de facto, poco o nada decimos respecto a una de las tragedias más impactantes que, año a año, se repiten en la vida del país. Una de ellas es la relativa a los incendios de vastísimas extensiones de bosque, particularmente en la región oriental. Es la lenta muerte de nuestra Madre Tierra.

Los autores intelectuales de este crimen anual son los defensores del libre mercado, los que afirman que la oferta y la demanda lo solucionan todo; que Bolivia debe hacer crecer su agricultura “como lo hace Paraguay”, con transgénicos y monocultivo para exportar soya aún a costa de la vida y el hambre de su propio pueblo. De esa forma, se implementan políticas públicas que promueven un modelo agrícola que poco o nada tiene que ver con la seguridad y la soberanía alimentarias. Ambos conceptos, en realidad, sirven de coartada para los empresarios agrícolas que solo buscan llenar sus bolsillos, sin importarles qué se deja para las próximas generaciones… total, las suyas ya están aseguradas.

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